Entre las calles de Taxdirt, Marina, Lepant y Travessera de Gràcia, se encuentran los jardines del Príncep de Girona, en honor a Felipe VI, que ostentó el título hasta convertirse en rey. El centro de los jardines lo ocupa una explanada que cuenta con un área de juegos infantiles, una zona para perros, mesas de pimpón y un bar con mesas bajo los pinos. Aunque el foco de atracción de este jardín es la lámina de agua de 1.900 m2 situada en uno de los laterales, un regalo ideal para los aficionados al modelismo que aprovechan para llevar a navegar sus pequeñas embarcaciones. Esta área verde en el corazón del Baix Guinardó, construida en 1995, es obra del arquitecto Jordi Farrando y sus casi dos hectáreas se levantan sobre lo que hasta los años 80 fue el patio central del cuartel de Girona.

El cuartel de Lepanto fue uno de los más grandes construidos en el interior de la ciudad. Ocupaba una superficie de 54.714 metros cuadrados -16.618, edificados-, y tenía “capacidad para 550 hombres, 580 caballerías y 12 vehículos a motor”, según explica Jesús Fraiz Ordóñez en su blog La Barcelona de antes. Su edificación se inició en 1891, pero por diversas complicaciones legales, las obras sufrieron diversas paralizaciones y, según consta en algunos documentos, contra todos los pronósticos, en 1931 aún no estaba totalmente acabado. De estas instalaciones, que pertenecían originariamente a la Caballería de Girona, se ha conservado parte de la antigua caserna militar, actualmente reconvertida en sede de diferentes servicios del distrito.

ENTRADA MONUMENTAL

La enorme entrada monumental del cuartel, situada en la calle Lepant, es una muestra de la enorme superficie que ocupaba. Vale la pena acceder a los jardines, no solo por el pequeño pulmón que supone con su variada vegetación y la cantidad de actividad que se genera en el espacio, apto para todas las edades, sino por la singularidad del paisaje resultante de la integración de los restos de la caserna en el entorno ajardinado. El enorme lago artificial se extiende frente a la parte trasera del edificio, presidido por una elegante tribuna coronada por un reloj y una campana. El aspecto gris y militar de la entrada principal se transforma en el interior, como por arte de magia, hasta adquirir la apariencia de un pequeño palacio.

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