Metrópoli pregunta a los barceloneses sobre el hábito de fumar y las alternativas sin humo / METRÓPOLI

¿Qué saben los barceloneses sobre el hábito de fumar y las alternativas sin humo?

Salimos a la calle para comprobarlo de primera mano y lo contrastamos con la evidencia científica

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Periodista
Actualizado: 29/11/2022 14:24 h.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en la actualidad hay unos mil millones de fumadores en todo el mundo y que esta cifra permanecerá estable durante los próximos años, a pesar del daño que causa este hábito en la salud.

A la vista del creciente debate sobre el papel que pueden jugar estas alternativas en las políticas de salud pública y la desinformación que los datos demoscópicos demuestran que existe al respecto, Metrópoli ha salido a la calle para preguntar a los barceloneses qué saben del hábito de fumar y de las alternativas sin humo

LO QUE DICE LA CIENCIA: EL HUMO ES EL PRINCIPAL PROBLEMA

Cuando se enciende un cigarrillo, este alcanza altas temperaturas y se genera humo, que contiene alrededor de 6.000 sustancias químicas. Unas 100 de estas sustancias se han identificado como dañinas o potencialmente dañinas por reconocidas entidades de la salud pública. La evidencia científica demuestra que los altos niveles de estas sustancias químicas en el humo del cigarrillo son la principal causa de las enfermedades relacionadas con el hábito de fumar.

Al eliminar la combustión, las alternativas sin humo pueden liberar nicotina sin generar humo ni ceniza. Estos productos, aunque son adictivos y no están exentos de riesgo, tienen el potencial de reducir significativamente la media de los niveles de las sustancias químicas dañinas comparado con los cigarrillos.

LAS POLÍTICAS DE REDUCCIÓN DEL DAÑO

Con esta premisa, cada vez hay más países que complementan sus tradicionales políticas de cesación y prevención con una tercera vía: las políticas de reducción del daño. Este enfoque se basa en una regulación que diferencie las categorías de producto en base a su perfil de riesgo orientada a que estos fumadores adultos que van a seguir fumando tengan la oportunidad de cambiar a alternativas potencialmente menos nocivas que fumar.

La evidencia internacional confirma que esto puede acelerar el descenso del hábito de fumar y contribuir al inicio del fin del cigarrillo, que es la forma de consumo de tabaco y nicotina más extendida y la más nociva que existe.

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