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Viajar a Japón no sólo supone trasladarse por el espacio recorriendo calles, parques, templos y museos, sino también transportarse en el tiempo. Su arquitectura, costumbres y gastronomía permiten recorrer varios siglos de historia y avanzar hasta el futuro. Desde los samuráis y geishas hasta el recientemente inaugurado MORI Building Digital Art Museum, todo expresa y resume el carácter de este cautivante país.

“El mayor atractivo de Japón son sus contrastes: modernidad y tradición conviven en perfecta armonía”, señala uno de los Personal Travellers de Bestours, agencia de viaje especializada en el diseño de itinerarios a medida con una amplia experiencia en este destino.

El hanamachi  (barrio de Geishas) Gion que se encuentra en Kyoto es un buen punto de partida para comenzar este recorrido en el tiempo y el espacio. Esta ciudad cuenta con cinco distritos de Geishas y Gion es el más popular. En sus callejuelas adornadas con los farolitos de papel típicos de los hanamachi se encuentran las famosas ochaya (casa de té) y las okiya (casa de las geishas). Una caminata por el barrio ayudará a adentrarnos en este fascinante mundo. Sus tiendas permiten conocer algunos secretos de las Geishas: los maquillajes tradicionales, los textiles para kimonos, los adornos para el pelo y hasta el arte de sus característicos peinados. Incluso, podemos degustar sus dulces preferidos: los mizu-yokan que se venden en el barrio.

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Tres geishas paseando por Gion /PEXELS

El pueblo de Tsumago es otro enclave que nos lleva al Japón más tradicional. Esta aldea era una de las estaciones de descanso en la ruta Nakasendo que unía Tokio y Kyoto, muy transitada hasta el siglo XIX conserva hoy el encanto de esa época. No hay cables visibles en la ciudad, se han restaurado los edificios históricos y las casas típicas. El viajero puede visitar desde los talleres donde trabajaban los artesanos hasta un antiguo hostal de samuráis. A esta atmosfera del Japón de antaño se suma un maravilloso entorno natural con caminos de piedras, cursos de agua y cascadas.

Al llegar a Tokio el contraste entre pasado y modernidad se hace aún más evidente. Un ejemplo de esto es el barrio Shinjuku. Junto a rascacielos, neones y a una de las estaciones de metro más concurridas del país se encuentra un callejón que conserva la apariencia y el ambiente de la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial. Omoide Yokocho es una estrecha calle repleta de pequeños bares con barras para no más de diez personas. En estos restaurants se puede comer como un local y ¡junto a ellos! La especialidad son las brochetas yakitori que van siempre bien acompañadas por cerveza o sake. Las hay de pollo o verduras, pero también se ofrecen algunas para gustos más audaces: rana, caballo y anguila.

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Kiyomizu-dera en la ciudad de Kioto/PEXELS

La capital de Japón también nos permite echar un vistazo al futuro y el MORI Building Digital Art Museum es la ventana para observarlo. En él la tecnología más avanzada se ha convertido en arte. Ubicado en la isla de Odaiba, el espacio cuenta con una propuesta digital única en el mundo. Sus obras: visiones de flores, peces, cascadas y más elementos de la naturaleza son generadas por computadoras y proyectores. Las imágenes van cambiando con cada paso del visitante y nunca se repiten, creando una experiencia única para cada uno de ellos. Los insectos se mueven influenciados por el desplazamiento de las personas que también cambian el flujo de aire que mueve los campos de arroz.

VIVIR LA CULTURA JAPONESA

“Una de las cosas que más fascina a los visitantes cuando recibimos el feedback después del viaje es la cultura japonesa”, afirma el Personal Traveler de Bestours. Es por esto que desde la agencia recomiendan siempre experiencias que acercan al viajero a las costumbres e idiosincrasia japonesas.

Entre las experiencias que destaca el Personal Traveler se encuentra una sesión privada de Iaido, un elegante arte marcial practicado por los samuráis que data del siglo XVI. Esta disciplina abarca cientos de estilos de esgrima y permite comprender el refinamiento y la moral de los conocidos guerreros japoneses. También el viajero puede descubrir la espiritualidad nipona y ser testigo de las oraciones y bailes rituales matinales a las deidades que se llevan cabo en sus bellos templos.

EXQUISITAS FUSIONES

El contraste en total armonía que ofrece Japón también se refleja en sus opciones más exclusivas de alojamiento, la cadena Aman es un excelente ejemplo. Actualmente el país cuenta con dos emplazamientos --Tokyo y Shima—y en noviembre de este año inaugurará un tercero en Kyoto.  

En el Aman Tokio tradición y modernidad se fusionan a la perfección. Los materiales clásicos japoneses como el papel washi, la madera de alcanfor y la piedra se conjugan con la última tecnología. Situado en la moderna Torre Otemachi, el Aman ofrece un equilibrio perfecto entre el dinamismo urbano y la sensibilidad cultural sumado a las impresionantes vistas de los jardines del Palacio Imperial y del emblemático monte Fuji.

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Vistas del monte Fuji / PEXELS

Por su parte, el Aman Amanemu ofrece una combinación única de naturaleza, cultura y confort. Su arquitectura inspirada en las casas típicas de la zona se encuentra en perfecta comunión con el entorno natural del Parque Nacional Ise-Shima y con la relajante experiencia de un baño onsen privado o una inmersión en un manantial termal al aire libre.

Escoger un alojamiento en Japón no es sólo encontrar un lugar donde dormir, sino un espacio en el que experimentar la hospitalidad de su gente y su capacidad para cuidar el más mínimo detalle. Según el Personal Traveler de Bestours es la amabilidad, el respeto y la tranquilidad de los japoneses lo que más atrae a los viajeros y lo que los invita a regresar al país del sol naciente.