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Todas las ciudades del mundo tiene sus bares de copas especiales. Algunas son recordadas gracias a los famosos que los visitaron, los gozaron y hablaron sobre ellos -y de lo que bebieron en ellos.

Ernest Hemingway ha pasado a la historia de  La Habana por una frase: My mojito in La Bodeguita, my daiquiri in El Floridita .... La frase se exhibe manuscrita y enmarcada detrás de la barra de La Bodeguita del Medio (C/Empedrado, 207, Habana Vieja, por si algún día se pasan por allí).

¿Y Barcelona? También tuvo sus lugares, en este caso de puro ocio nocturno. De ahí la idea de este artículo. Como la cosa daría para más de uno, contentémonos con intentar citar los bares de copas-boîtes-clubs-discos (como quieran llamarlos) que fueron claves en la segunda parte del siglo XX.

Empecemos en la posguerra, en pleno franquismo, en el que era complicado encontrar 'sitios' para refugio de almas pecaminosas. Cuentan quienes lo vivieron que los tres más concurridos eran 'El Papagayo', el 'María Dolores' y 'El Patio Andaluz'. Los nombres lo dicen todo. Hablamos de los años 50s y principios de los 60s, y allí podían solazarse quienes no querían verse sujetos a la férrea disciplina religioso-costumbrista que imponía la dictadura.

Digamos que aquellos lugares recibían el rutilante apelativo de 'boîtes', sala de fiestas/espectáculos, palabra afrancesada que habían importado quienes vivían influenciados por las modas parisinas.

Pasaron los años, llegaron los acordes del rock, y los nuevos templos se abrieron a nuevos ritmos de vida y a locales donde se bailaban los 'hits' de la música que se paría en la beatlemaniaca Inglaterra. Brillaron el 'Kikirikí' o el 'San Carlos Club' (el de la canción de Los Sirex).

LA DIVINA IZQUIERDA

Pero el salto cualitativo, el que da el gran golpe, es la aparición de la llamada 'gauche divine', la divina izquierda barcelonesa, cuajada de escritores, músicos, musas, artistas de todo signo y condición que adoptaron 'Bocaccio' como templo de reunión y solaz nocturnos. Mientras la vida oficial seguía apegada al tardofranquismo y las calles empezaban a agitarse, un grupo selecto de bohemios internacionales (muchos, hijos pudientes de padres que habían ganado la guerra), crearon su isla fantasía en la que todo (o casi todo) estaba permitido.

 

Bocaccio puerta
La famosa puerta de entrada a 'Bocaccio' fotografiada por Xavier Miserachs / Archivo

Durante muchas noches, 'Bocaccio' fue el templo en el que se refugiaban quienes veraneaban en Cadaqués y luchaban intelectualmente contra la dictadura; no les hacía falta correr delante de los 'grises': su revolución era mental, entre copas. (Muchos de ellos pasaron por el PSUC... y luego embarrancaron en el PSC).

'Bocaccio' marcó a fuego la noche barcelonesa de aquellos locos años 70s, en su mayoria situada Diagonal arriba -frontera artificial que aún sigue funcionando. 'Bocaccio' era el más esperpéntico, pero no el único donde la gente iba a divertirse. Hay que citar 'Baccarrá' (más frívola, para jóvenes estrictamente pijos, sin veleidades intelectuales) o el 'Key Club'. Los adolescentes tenían 'sesión de tarde' en éste y, luego, muchos acababan empalmando (en el sentido que quiera darle el lector) nocturnamente en el 'Ribelino's'.

En el apartado de lo que también se denominaban genéricamente como 'clubs nocturnos', anotemos 'Trocadero', 'Doble Cero', 'Pierrot' (en la Meridiana) o el 'Coconut' (en Verdún).

Con todo, los grandes reyes de la juventud bailonga y ya plenamente discotequera de los años 80s fueron dos locales ubicados en plaza Beethoven: 'Don Chufo' y, sobre todo, 'Metamorfosis' ('Meta' para los amigos); este último fue el primero que contó con lo que se llamó 'dos ambientes': uno era la pista de baile, y el otro, alejado y entre tinieblas, para 'conocerse' en la intimidad... Dicen quienes saben, que este conjunto de 'discos' se ganaron por entonces la fama de ser los locales con los 'privados más oscuros' de toda Europa.

De aquellos trasnochados 80s que en Madrid vivían de manera aún más alocada con su famosa 'movida', tampoco hay que olvidarse de 'Balalaika' (plaza Adriano), 'Runners' (Tuset), o 'Bikini'. También coexistían locales menos enfáticos, más eclécticos, como 'Sausalito' (donde también se comía y había actuaciones: allí 'nació' el humorista Eugenio), 'Tramontti', 'Le Clochard' … y, para los más canallas, acabando la noche en el incalificable 'Les Enfants Terribles'.

ARRIBA Y ABAJO

De la misma manera que 'Bocaccio' y 'Metamorfosis' hicieron época en cada década previa, podría decirse que los años 90s estuvieron marcados por 'Up&Down', macroestructura en el 'upper' Diagonal tocando con Numancia. Como en el caso de 'Bocaccio', fue una creación de Oriol Regàs, al que cabría calificar como 'padre putativo' de aquella Barcelona/Babilonia finisecular. 

'Up&Down' marcó una época del ocio barcelonés / Archivo
'Up&Down' marcó una época del ocio nocturno barcelonés / Archivo

En el Up se podía cenar y conocerse; en el Down, bailar 'a full'. Estaba siempre a petar y hasta había cola en la entrada. Marcó toda una época entre una grey fiel, de gente tan peculiar que hasta los miércoles se creó un 'especial sevillanas' que rompió moldes...

Mientras tanto, había también quien se refugiaba en cosas menos selectas (o directamente cutrillas), ya por debajo de la Diagonal. Recordemos 'Trauma' (de los pocos que aún existen) y su prima 'Psicosis'; y en los bajos del ExpoHotel, 'The Embassy' y 'Le Consulat'.

Cuando cambiaron los tiempos, a punto de entrar en el nuevo milenio, se cerraba 'Fibra Óptica' y se recauchutaba 'Otto Zutz', dos nuevos conceptos revolucionarios en el ámbito del ocio nocturno, que mantuvieron a Barcelona en lo alto del podio durante años. Pero eso ya es tema para otro capítulo.