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Asaf Avidan es experto en crear momentos mágicos. Anoche, en la sala Barts de Barcelona volvió a demostrarlo con su concierto, dentro de su gira en solitario por Europa con su último trabajo: 'The Study on Falling'. Uno de los artistas más inclasificables de la escena musical hebrea e internacional. Avidan armoniza con las emociones del público que llenó la sala y tocó casi una veintena de canciones sin apenas un descanso.

“Hacer un concierto es un milagro y siempre es una experiencia diferente”, así “como cada vez que se va un amor. También es una experiencia”, explicaba Avidan entre la cuarta y quinta canción, recordando lo ‘empalagoso’ que es el primer amor con un gran sentido del humor. ‘The Labyrinth Song’  fue la canción con la que marcó los uno de los grandes altibajos de la noche y sin apenas cesar el aplauso entusiasmado del público, disparó ‘Bang-bang’. Sentado y de pie, los ‘I love you’ desgarradores de su timbre inconfundible excitaban a un público sediento por más ritmo sugerente como el que desborda esta canción.

Sweet Babylon’ acompañada de su guitarra eléctrica fue un llanto y un alivio emocional que dio paso al intermedio. Un descanso merecido después de al menos, nueve canciones. “Los hombres de verdad beben whisky”, dijo Avidan mientras se refrescaba sin whisky. Tomó la harmónica, el escenario se vistió de rojo, ‘…show me, baby…” y se quedó solo, sólo con su guitarra al compás de las palmadas de sus fans, que llenaron absolutamente la sala (las dos galerías y platea). Sensualidad musical máxima que desencadenó una melodía electrónica con toques tribales indescriptibles.

Poco descanso y a por otro éxito, ’Her lies’ que no necesitó ninguna presentación y que interpretó libremente sin la exactitud del disco. Seguidamente, psicodelia y beats como sacados de un videojuego. Un experimento de Avidan que se mezclaba con aires hebreros por momentos. A continuación, retomó el estilo más íntimo del Guitar BCN y no podía sonar otra que ‘One day’, el hit que le hizo saltar a la palestra de la música comercial, sin serlo.

Para concluir, pasó el turno a su público al que le dedicó un par de canciones a petición del primer valiente que le pidiese una canción y un niño de seis años le rogó ‘Devil and me’. Asaf, extrañado por la propuesta, no se lo pensó dos veces y tocó la canción para los oídos de todos con un estilo más particular que nunca. Fiel a su música intensa, sensible y delicada, tan bellamente construida; cerró la noche con otra petición que se echaba a faltar: ‘Love it or leave it’.


Último trabajo de Asaf Avidan anoche en la sala Barts de Barcelona / ASAF AVIDAN

Agradecido por la hospitalidad del público barcelonés, el israelí aseguró haber conectado con las emociones de la gente. Lanzó besos a las gradas y a platea mientras los espectadores se despedían del artista satisfechos de haber disfrutado de una mezcla de folk, blues y jazz excepcional, como es Avidan.

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