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Mientras una turista intenta hacerse entender por el audífono de auxilio de la estación de metro de Drassanes, un hombre alienado aprovecha su incapacidad de desparpajo idiomático y la acecha como blanco perfecto. Simula que la ayuda a cambio de dinero. Una cantidad monetaria mínima exigida y de inmediato. A lo que la turista, desorientada y asustada, vuelve a solicitar la ayuda a través de audífono y, al fin, le responde alguien con quien consigue entenderse.

Metros adentro, en el andén, el único guardia de seguridad que camina en esa estación se encuentra facilitando algunas explicaciones a una pareja de asiáticos que han perdido el norte.

Situaciones paralelas, esperpénticas y de auxilio se repiten en el metro de Barcelona todos los días. A ello, se suman los robos, que “no importa el día ni la hora, siempre hay alguien robando”, asegura un guardia de seguridad en el transbordo de la parada de Urquinaona, cuya presencia ha acobardado a dos mujeres y tres menores que custodiaban el paso de los pasajeros entre la L1 a la L4 de esta estación. Urquinaona es una de las estaciones céntricas con más límites en la accesibilidad al servicio para las personas que viven con movilidad reducida, ya que no hay ascensor en más de una salida. 

“Hay que ser precavida e ir con prudencia para evitar que te roben”, explica Carmen Cuesta, usuaria sentada en la estación de Drassanes. A Montse Grau, que espera en el andén de la L3 de Passeig de Gràcia, tampoco le convence la seguridad, y a Francisco, a punto de ponerse a leer mientras espera su tren, también le parece insuficiente: “a mi no me ha pasado, pero siguen robando”. “A mí, me han robado dos veces, cuando me he dormido en el vagón”, asegura David, latinoamericano que también se ha visto obligado a enseñar su documentación en repetidas ocasiones. “Siempre he tenido mis papeles en orden y por, suerte, no he tenido más problemas que eso”. El joven remarca la falta de puntualidad en el tramo de Sagrera a Can Zam, en comparación al centro de la ciudad.

Otro de los puntos más criticados del servicio de metro por los barceloneses es el de la accesibilidad de algunas estaciones: Zona Universitària, Urquinaona, Sants Estació -que pese a ser concurrida por viajeros cargados con maletas, no tiene escaleras mecánicas en su interior-, Drassanes, los enlaces de Espanya y otros puntos de la red “son ineficientes y faltan más escaleras eléctricas”, lamentan Irene Hernández y Ángel Taso. Ella, hondureña, nunca ha tenido que identificarse a ningún guardia pero ambos critican la falta de climatización en las estaciones durante el verano: “es demasiado el calor que se acumula en las estaciones y en los convoyes”, protestan desde el andén de Universitat.

A David le han robado en el metro cuando se ha dormido / H.F.
A David le han robado en el metro cuando se ha dormido / H.F. 

Los barceloneses se quejan de la falta de higiene en el servicio del metro. “Sobre todo, los fines de semana. Siempre ves vomitados tapados con serrín y se te enganchan los zapatos en el suelo de los vagones”, reprocha Nerea Moreno, joven usuaria que tampoco ve bien el despliegue de manteros en la estación de Catalunya.
 

Usuarios del metro de Barcelona / HUGO FERNÁNDEZ

 

Otra usuaria del metro, Monse Grau, cree que “los manteros deberían estar en otro sitio: fuera perjudican al comercio, pero dentro del metro también hay comercios”, señala al negocio que se encuentra en el andén de Catalunya. En la misma línea se posiciona otra ciudadana, Carme Català, que considera que los manteros bloquean el paso de la gente. Francisco, otro beneficiario de este transporte, no lo tiene claro: “no tienen ningún sitio asignado”. “Se tienen que ganar la vida pero a veces, generan un colapso de gente que no se puede caminar. Es un tema complicado de abordar”, explica Salva García. “Si algún día sucede algún accidente en plaza Catalunya, el subterráneo de plaza Catalunya, si añadimos a los manteros, se producirá un problema grande”, comenta Toni, un artista preocupado que sube al vagón con destino a Trinitat Nova.

Vendedor ambulante en el suburbano de la capital catalana / H.F.
Vendedor ambulante en el suburbano de la capital catalana / H.F. 

Por contra, para David, los vendedores ambulantes en el metro no suponen ningún inconveniente. Francisco lo normaliza porque “no tienen un lugar asignado”. “Hay que ubicarles en un sitio fijo”, cree Mario Vallès, otro viajero del meto que coincide con Carme Cuesta: “estos vendedores y algunos músicos del metro tendrían que tener un espacio ordenado y un tiempo pactado para trabajar en el metro”.

Usuario del metro de Barcelona en la estación de Catalunya / H.F.
Mario Vallès, benefciario del metro de Barcelona en la estación de Catalunya / H.F

A inicios de verano, los usuarios del metro de Barcelona coinciden con que se podría mejorar el servicio de limpieza del suburbano y controlar a los carteristas. Todos denuncian que continúan con sus hazañas.