La lepra afecta a la humanidad desde hace al menos 4.000 años. Hubo una época en la que en todo el mundo había leproserías, y Cataluña no fue una excepción. El primer hospital para leprosos en Barcelona se construyó a principios del siglo XII, en la plaza del Pedró, en el Raval, y tres siglos después, se unió al Hospital de la Santa Creu. Ese viejo edificio de la calle del Carme continuó acogiendo a los leprosos hasta que fueron trasladados a una masía situada a las afueras de Horta (entonces municipio independiente de Sant Joan d’Horta): Can Masdéu.

El camino de Sant Llàtzer, una pista forestal que conecta el barrio de Canyelles con el parque de Collserola, es actualmente un sendero muy transitado por excursionistas locales habituales y otros ocasionales de fin de semana, que conduce a Can Masdéu. Pero, a principios del siglo XX, era un lugar muy apartado, ideal para mantener la enfermedad a raya y al mismo tiempo dar cobijo a quienes la padecían.

HOSPITAL DE LEPROSOS

39 hectáreas. Esa era más o menos la superficie la propiedad adjudicada por subasta al Hospital de la Santa Creu en 1901: un terreno de regadío y otro dedicado básicamente al cultivo de la viña, además de una casa de planta baja, dos pisos, desván... y corral, que fue construida sobre unas antiguas ruinas romanas, en el siglo XVII, y reformada en el siglo XIX. El caso es que, en 1904, tres años después de su adjudicación, la casa fue habilitada como Hospital de Leprosos. Más que un centro médico fue un lugar de acogida para enfermos de todo el territorio catalán y valenciano, ya que los tratamientos eran prácticamente inexistentes.

Aunque parezca increíble, la leprosería siguió funcionando hasta 1960, cuando la Junta Provincial de Sanitat solicitó el cierre de Can Masdéu y el traslado de los enfermos a otros centros del Estado donde poder ofrecerles terapias modernas. Lo cierto es que la salubridad de este centro ya hacía más de 40 años que se había puesto en duda. De hecho, en 1929, ya se solicitó la creación de un nuevo hospital de Sant Llàtzer con unas instalaciones adecuadas a las necesidades de los enfermos porque era imposible llevar a cabo una desinfección total. Pero el nuevo edificio no estuvo preparado hasta los años 50 y acabó destinándose al tratamiento de otra enfermedad mucho más alarmante que la lepra en aquellos años: la tuberculosis.

CASA OKUPA

El cierre definitivo de la antigua leprosería de Can Masdéu se produjo en 1961. Desde entonces, el edificio permaneció vacio durante 40 años. Hasta que, en 2001, un grupo de jóvenes activistas okuparon la casa y la convirtieron en un equipamiento social y de autogestión de referencia donde se llevan a cabo distintos proyectos de educación ambiental: apicultura, talleres, charlas gratuitas... Pero también visitas guiadas y conciertos.

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