La Casa Josep Creus Aymerich, en el Poblenou / INMA SANTOS HERRERA
La Casa Josep Creus Aymerich, en el Poblenou / INMA SANTOS HERRERA

Un jardín modernista en la rambla del Poblenou

La Casa Josep Creus Aymerich, construida por el maestro de obra Josep Masdeu Puigdemasa, destaca por los colores vivos de su fachada y sus magníficos esgrafiados florales

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Periodista

¿Qué le voy a hacer si me gustan las flores? Sí, casi tanto como los dragones, por eso no puedo evitar darles visibilidad a la primera de cambio. Aquí va un ramillete cogido en el número 51 de la rambla del Poblenou, directamente de la fachada “jardín” de la Casa Josep Creus Aymerich. Seguro que la vista se os ha ido a su fachada, una de las más espectaculares de la rambla gracias a una moderna restauración.

El maestro de obra Josep Masdeu Puigdemasa levantó entre 1912 y 1914 este edificio residencial de planta baja y cuatro alturas. Sus colores vivos, un rosa oscuro muy subido combinado con el ocre de la última planta, son un reclamo inevitable que invita a detenerse y mirar con atención. Un segundo vistazo llama la atención sobre uno de sus elementos más característicos: los magníficos esgrafiados florales que salpican la fachada creando cenefas en la parte superior y en la inferior de cada fila de balcones, todos ellos individuales y con elegantes barandillas de forja.  

Nacido en Barcelona, en la calle de Petritxol, el 1852, Masdeu i Puigdemasa obtuvo el título el año 1872. La Casa Josep Creus Aymerich no fue la única ni tampoco la más destacada de sus obras. Entre los más populares, destacan edificios como el mirador de las cocheras de Can Girona (1901), la torre unifamiliar de la avenida Tibidabo (1906), la Casa Anita Rodés (1908), la Villa Consuelo (1911), la Casa Ramis (1912), Can Sala (1919) o la Xasa Julià (1920). 

Masdeu Puigdemasa, maestro de obras adscrito al modernismo, llevó su obra más allá de Barcelona, en especial a Terrassa e Igualada. En la capital de la Anoia precisamente dejó su huella con la construcción de la Casa Josep Albereda. Edificada en el número 39 de la rambla del General Vives, entre 1908 y 1910, destaca por la imitación de un almohadillado en su fachada y sus vierteaguas rematados con ménsulas esculpidas, además de una pequeña capilla entre los dos portales. Ahí queda eso, por si algún día visitáis Igualada.

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