La pandemia está dejando un panorama desolador en Barcelona. Decenas de establecimientos bajan la persiana y ya no volverán a abrir. En Ciutat Vella, la situación es especialmente preocupante. El cierre de negocios, entre ellos de emblemáticos, no cesa. Metrópoli Abierta ha explicado, por ejemplo, el traspaso del Viena de la Rambla y la clausura de la conocida Granja 1872. Y otros locales, si bien todavía no han cerrado de forma definitiva, se plantean hacerlo. Éste es el caso del histórico restaurante Agut, en el Gòtic.

"Estamos valorando las posibilidades, si será viable económicamente reabrir. Todavía no hemos tomado una decisión definitiva sobre el cierre", explica Jordi Castellví, hijo de Maria Agut, la propietaria. "El restaurante fue fundado en 1924 por mi abuelo, Agustí Agut", explica Jordi en conversación con Metrópoli Abierta. Sin embargo, algunos comerciantes de la zona dan por hecho que el negocio ya no volverá a abrir.

El Agut, situado en la calle d'en Gignàs, es un clásico de Barcelona, una parte de la esencia de la ciudad. Bajo un techo abovedado y con numerosos cuadros de pintura en sus paredes, el Agut destaca por su cocina tradicional catalana con toques de mercado. Antaño una fonda, el restaurante fue remodelado en 2001 sin perder su esencia clásica.

Interior del restaurante Agut del Gòtic / FACEBOOK RESTAURANTE AGUT
Interior del restaurante Agut del Gòtic / FACEBOOK RESTAURANTE AGUT

CIERRE EN VERANO POR FALTA DE COMENSALES

El establecimiento bajó la persiana en marzo, con la entrada en vigor del estado de alarma, y reabrió en junio, cuando estaba permitido atender a un 50% de la clientela. "El Agut es totalmente interior". El negocio aguantó abierto hasta finales de julio. "Cerramos de nuevo por la falta de comensales", dice Jordi. Desde entonces, el Agut ha mantenido las puertas cerradas.

El Agut no es un restaurante de turistas. "Nuestra clientela es principalmente local". El espacio, añade Jordi, se ha resentido especialmente de que numerosos empleados del Ayuntamiento y de la Generalitat hayan trabajado desde casa estos meses, y del cierre de la Universitat Pompeu Fabra, situada en el mismo barrio. "También nos han perjudicado las restricciones de movilidad. Tenemos muchos clientes de fuera de Barcelona, también de las Baleares", cuenta Jordi, que también tiene otro restaurante en el Gòtic, El Cafè de l'Acadèmia.

SOLEDAD EN EL GÒTIC

Si algo ha quedado claro estos meses de pandemia es que el Gòtic es ahora un barrio sin vida, con calles vacías y comercios cerrados. "La situación en el Gòtic es de soledad", sostiene Jordi. Con pocos vecinos y con numerosos pisos turísticos, ahora sin nadie, en muchas horas del día, y en según que calles, el silencio es total.

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