Un colega sube a un escenario para abalanzarse sobre Damon Albarn en pleno concierto de Blur. Un vendedor intenta timar a una festivalera que quiere comprar unas 100 cervezas fuera del recinto. Música, sexo, drogas y amistad se entrelazan en el primer libro de Guillermo Sáez, Festival (Algaida, 2019), con un denominador común: el Primavera Sound.

A caballo entre la realidad y la ficción, el ganador del IV Premio Logroño de Narrativa para Jóvenes Escritores relata el transcurso del festival –al que ha asistido en más de cinco ocasiones– desde la llegada hasta el (inesperado) fin. Podría haberse ambientado en cualquier otro escenario, pero eligió el evento de Barcelona que durante varios años se ha convertido en el punto de encuentro de los amigos de Erasmus de Sáez. “El sol radiante nos pone a todos contentos”, escribe el riojano.

PRECIOS POR LAS NUBES

Sin embargo, la broma no sale barata. Entre el precio de la entrada, el alojamiento, la bebida y la comida dentro y el transporte, el precio se dispara. “Ir al Primavera Sound significa gastarse mínimo 700 euros”, calcula Guillermo Sáez en una charla con Metrópoli Abierta.“El contraste entre lo que pagas y el servicio es flipante”, comenta sobre los trabajadores jóvenes de Portugal que “no saben servir copas”. Aunque dentro se crea un clima de “todo vale” y felicidad. Y cedes. Una y otra vez. Y pagas. Una y otra vez.

“Me parecía el festival más paradigmático del indie y el rock, el más bestia, el más ecléctico, el que ha intentado ser el más rompedor, aunque en ocasiones lo consiga y otras veces haga cosas ridículas como traer a Miley Cyrus”, explica. Como en cualquier otro festival, la preparación es clave, crearse expectativas, imaginar los momentos que llegarán. Aunque luego no todo sea glorioso.

LAS PEQUEÑAS 'PUTADITAS'

“Quería reflejar la parte buena, pero también la mala”, destaca. Por ejemplo, lo que él denomina “las pequeñas putaditas”. Véase el precio de bebida, “astronómicamente cara”, las “colas para todo” o “que en las zonas VIP te hagan sentir de segunda aunque hayas pagado un pastizal”.

Aunque ahora prefiera festivales de formato más pequeño, no cambiaría los momentos únicos en el Primavera Sound, yendo de arriba para abajo y discutiendo con los amigos a qué concierto merece más la pena ir. Y viendo cómo ligan algunos. “Es más fácil encontrar el amor en el Primavera Sound que en el día a día. El roce…”, suelta entre carcajadas.

LAS DROGAS EN EL FESTIVAL

Como festival de referencia, tampoco faltan las drogas y las pequeñas ilegalidades que se cometen. “Me da la sensación de que los festivaleros van surtidos de casa, aunque ves a gente que mueve droga por todos lados”, confiesa tras sus experiencias en varias ediciones.

Seguidor de bandas como Los Planetas, LCD Soundsystem y PJ Harvey, Sáez combina su faceta como periodista deportivo con su pasión por la música. Con un lenguaje cercano y de forma distendida, Festival propone una foto de “treintañeros en fase crepuscular” que viven el momento al máximo conscientes de que algún día terminará. Tempus fugit. Como si siguiera la estela de Resacón en Las Vegas pero en versión musical y literaria. Necesario y rompedor.