La Rambla del Raval es uno de los lugares más transitados del conocido barrio catalán. Entre la amplia oferta de ocio y restauración que alberga en sus calles, es la presencia de un animal la que centra todas las miradas. Se trata del gato más famoso de Barcelona, obra del conocido escultor Fernando Botero. Y es también uno de los puntos más fotografiados de toda la ciudad. Fue el Ayuntamiento de Barcelona el que decidió comprar esta famosa escultura en el año 1987. Y pese a que en un principio estaba destinada a hacer compañía a los animales del Zoo de Barcelona, en los últimos años se ha ido moviendo por toda la capital catalana hasta asentarse definitivamente en el espacio que ocupa actualmente.

Durante los Juegos Olímpicos de 1992 fue trasladado del Zoo de Barcelona al Estadio Olímpico Lluís Companys, en el barrio de Montjuïc. Una vez concluidos, fue la Plaza de Blanquerna la que decidió adoptar al mínimo por tiempo indefinido. Sin embargo, tampoco duró demasiado allí, ya que en el año 2003 se asentó en el lugar en el que se encuentra en la actualidad, la Rambla del Raval, una declaración de intenciones por parte de los organismos públicos de Barcelona para posicionar a este barrio como uno de los más activos a nivel social y cultural.

OBJETO DE DESEO PARA TODOS LOS TURISTAS

Pese a que los habitantes de Barcelona ya se han acostumbrado a la presencia de esta característica escultura, sus medidas hacen que se convierta en el centro de atención de todos los turistas que no están acostumbrados a ver a un gato de semejantes dimensiones. Cuenta la leyenda que su cascabel es capaz de hacer cumplir todos los deseos que se piden, convirtiéndose en la parte del felino que más miradas acapara.

Su tamaño es su principal seña de identidad, con unas medidas de siete metros de longitud, dos metros de ancho y otros dos de alto, fiel al característico estilo de Fernando Botero. Además, está construido completamente en bronce.