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Alrededor de la plaza de Eivissa, con sus aires de pueblo, la más concurrida y animada de Horta, es donde se encuentra el principal hervidero foodie local. Aquí conviven en armonía establecimientos de toda la vida con aperturas más recientes que mantienen el espíritu de barrio, trabajan con productos de calidad, brindan ambiente familiar y ofrecen precios ajustados. Estos son nuestros establecimientos favoritos de Horta.

 Para una comida informal: 

Louise Se Va. Desde la tarde hasta altas horas de la noche, hace cerca de 20 años que este rock bar es toda una referencia para los vecinos de la zona, y eso tanto si quieren disfrutar de un café como de una copa o de una comida informal. Bocadillos flauta fríos o calientes, hamburguesas -copiosas y 'requetellenas' de toppings-, ensaladas varias o tapeo a base, sobre todo, de frituras ochenteras son los ‘must’ de la casa. Aquí todo es bueno, barato y, encima, los platos llevan nombres de figuras del rock&roll para repasar la cultura musical. Oh yeah!

Bocadillos del Louise se va
Louise Se Va. 
Plaza de Eivissa, 11

 

 Para un helado, un batido, una horchata o, lo más de lo más, un granizado: 

Heladería Horchatería L'EivissencaSolo por esta dirección vale la pena el viaje a Horta. Los helados tradicionales y artesanales de L’Eivissenca se han ganado justificadamente el puesto entre los rankings de las mejores heladerías de la ciudad (¡ojo!, hacen sándwiches de helados). Además, hay muchos sabores, desde los más comunes como vainilla, chocolate, fresa, nata y turrón, a otros más tropicales, de temporada o modernos (los hay de donuts, manzana verde, mango…). Tenemos dos recomendaciones, sin embargo: el helado de leche merengada y el tutti frutti, ya no tan común en las heladerías modernitas pero que nos lleva directamente a nuestra infancia setentera. Otras -buenísimas- especialidades de la casa, ante la que se suelen armar unas colas descomunales, son su horchata y su receta especial de granizado pomada (con gin Xoriguer y limonada, por favor). Refrescante y adictiva. También hay opciones sin gluten y sin azúcar, para que cada cual se pueda permitir un caprichito.

Heladería l'Eivissenca, en Horta
Cola para comprar un helado en l'Eivissenca. Plaza de Eivissa, 3.

 

Para hincar el diente a un exquisito bocadillo:

Quimet d’Horta. Quizás el ‘hotspot’ más famoso del barrio, que se erige en esta esquina desde el año 1927. Aquí nos flipan sus croquetas caseras,  de las que ofrecen muchas variedades, y sus bocadillos con pan de chapata (hay más de 85), que muchos califican de los mejorcitos de Barcelona. Pero el ‘hit’ son las más de 30 recetas de tortillas que tienen en la carta y que elaboran al momento. Las hay clásicas y atemporales, y otras que varían según la época del año y los productos del mercado. Otro motivo por el que amamos profundamente Quimet d’Horta es, sin duda, por su amplia terraza, que permite observar el movimiento a todas horas de la plaza de Eivissa, siendo testigos de la animada vida de barrio. Una localización llena de encanto. 

quimet horta
El Quimet d'Horta. Plaza de Eivissa, 10.

 

Para comidas tradicionales familiares:

La Bacardina. Una institución clásica (en todos los sentidos del término) del corazón de Horta. Aquí encontramos cocina de mercado con sabor muy auténtico (piquillo relleno de brandada y gratinado con alioli, empedrado, fideuá y lomo con patatas al caliu son solo algunos ejemplos). Un restaurante que tiene esta magia de hacerte sentir o bien en una masía sin salir de la ciudad, o bien en el comedor de tu tía abuela. En este sitio acogedor cuentan con una carta con diferentes opciones de menús que le convierten en ideal para comidas en grupos de familias y amigos. ¡Larga vida a la 'cuina casolana'! 

la bacardina
La Bacardina. Calle de Santa Amàlia, 3.

 

Para darse un capricho dulce:

Pastelería Rovira. Una de estas cafeterías-pastelerías de toda la vida en la que igual se viene a comprar una barra de pan de cuarto que el pastel dominical o a tomar la merienda cómodamente sentado en su comedor con mesas de esta madera maciza y barnizada. Una especialidad por la que se ha ganado renombre esta pastelería es por su tarta sacher, muy recomendable. 

La rovira
La Rovira. Paseo de Maragall, 413.

 

Para un buen pan: 

Galette & Pastim. En esta época de posmodernidad ya no vale cualquier pan. Todos nos hemos acostumbrado a términos como harinas integrales, masas madres, cereales, superalimentos y blablablá. Pero lo cierto es que la calidad marca la diferencia, y eso es lo que ocurre cuando probamos un pan de esta panadería en cuyo obrador (que se aprecia desde el mismo mostrador) se hornean recetas clásicas e innovadoras. Seguro que una vez allí también os dejaréis tentar por algunas de sus bollerías artesanales porque es misión imposible no rendirse a este olor que flota en el ambiente y hace salivar. 

Pan conrad de galette et pastim
Galette & Pastim. Calle del Tajo, 21.

 

Para un vermut:

Bodegueta d'HortaUn establecimiento pequeñito de estética vintage que se inspira en la estética y la carta de las bodegas de toda la vida. Debe su fama a su vermut rojo y las olivas rellenas con anchoas con las que acompañar este aperitivo. Pero no solo eso. En general, tienen una buena selección de vinos, licores y vermut (disponibles también a granel), conservas y tapas frías (queso, jamón, patatas chips…).

bodeguita horta
La Bodegueta d'Horta. Calle de Pere Pau, 4.

 

Para ir de copas:

Terapia de bar. Ok, el nombre es un tanto extraño y no cuadra mucho con esta tesis social que afirma que es malo beber para olvidar… Pero, aun así, hay que ir a este local. Con un decorado tan cosy como curioso, aquí disfrutaréis de unos buenos combinados mientras podréis practicar terapia de bar leyendo las citas filosóficas que cuelgan de las paredes (visto allí: “Tu mejor maestro, tu último error”; “Que solo los besos nos tapen la boca”; “Donde no puedas amar, no te demores”…).

terapia
Terapia de bar. Calle de Horta, 4