Hay quien dice, y estamos de acuerdo, que se puede juzgar un restaurante por sus croquetas. Son un plato laborioso y 100% casero, que requiere trabajo y dedicación, y si el equipo del local decide cuidarlas en lugar de eliminarlas de la carta o encargarlas fuera, es que las cosas van bien. Y si encima están tan buenas como las de los restaurantes que nos ocupan, no hay que dudarlo ni un segundo más: tenemos vía libre para seguir pidiendo platos. No nos fallarán.

1- Las de rustido de Extra Bar

Este pequeño bar de Gràcia, con apenas tres mesas y una minúscula barra, es una de las gratas sorpresas que nos ha brindado el panorama gastronómico barcelonés en los últimos meses. Al frente, Alexis Peñalver, un viejo amigo de los amantes de la buena mesa en la ciudad gracias a su restaurante La Pubilla, que ahora tiene en este Extra Bar un hermano menor algo más gamberro, mucho más cosmopolita e igual de solvente. Aquí encontramos una carta corta y cambiante, que depende de lo que depara en mercado y de cómo ande Marieta, la cocinera, que elabora unas croquetas que hacen llorar y unas tortillas del día que no podemos dejar de pedir. Todo ello, aliñado con platos de influencia vietnamita, otros latinos y lo que se tercie, siempre que tenga sentido y esté bueno. ¿Se puede pedir más? La respuesta es no, y más teniendo en cuenta que Marieta cocina una de las mejores croquetas que hemos probado últimamente. El día de nuestra visita eran de rustido, redonditas, sabrosas, consistentes, con escasa presencia láctica (por suerte) e ingredientes de primera. Una croqueta típicamente “de la abuela” en un establecimiento 100% Gràcia que destila cosmopolitismo y mestizaje. Imprescindibles. 

Croquetas del Extra Bar
Extra Bar. Torrent de l'Olla, 79. 

 

2- Las de choco de El Señorito

Entre smoothies y platos de fusión, macrohamburguesas y bowls multicolores, en pleno apogeo del siempre hipster Sant Antoni, encontramos este restaurante que contrasta con su entorno con una oferta clásica de tapas andaluzas que quita el hipo. No vamos a entrar en detalles sobre los múltiples encantos de este restaurante decorado como una taberna andaluza, con un grande de la gastronomía local a la cabeza: Ever Cubilla, cocinero de Rías de Galicia y Espai Kru, que comparte aquí proyecto con Olesya Kuznetsova,joven cocinera formada en el Basque Culinary Center. Podríamos detenernos a comentar unas ortiguillas que quitan el sentido, o un ajoblanco sensacional, o el mollete de pringá... Pero en esta ocasión la que merece toda nuestra veneración es una croqueta de choco que se mantiene en la carta desde los inicios: crujiente por fuera, melosa por dentro, con un sabor potentísimo y sus correspondientes tropezones en el interior. Ay, que se nos hace la boca agua...

Croquestas de El señorito
El Señorito. Manso, 54. 

 

3- Las de ibérico de Lomobajo

Ya sabemos que en el mundo de la croqueta hay dos bandos claros: los que las prefieren más cárnicas y los que quieren que se note la bechamel. Dos bandos irreconciliables, que podrían dar lugar a dos subgrupos a su vez enfrentados: quienes creen que las croquetas tienen que ser de lo de siempre (cocido, pollo, jamón…) y los que opinan que hay que innovar siempre y que por qué no va a funcionar una croqueta de tiramisú. Todos aquellos que amen las croquetas muy muy crujientes, nada aceitosas, con un perfecto rebozado en panko (un pan rallado japonés algo más grueso y ligero) y una buena presencia láctica, no pueden dejar de acercarse al restaurante comandado por Carles Tejedor y ordenar la de ibérico. Y ya que están, acompañarla con su pepito de ternera, o con un bocata de steak tartar que se ha convertido ya en un emblema gastronómico de la ciudad.

Croquetas de Lomobajo
Lomobajo. Aragó, 283-285. 

 

4- Las de ibérico de El Zorrito

Este bar de estética cosmopolita y un halo contemporáneo que nos invita a pasar la tarde en su agradable interior de diseño es un portento en materia de croquetas. Y de cocina casera de toda la vida, que podremos degustar en su bonito interior revestido en madera, junto a platos de toda la vida como unas albóndigas con sepia o una brocheta de entrecot ecológico de Cal Tomàs. Una de las grandes ventajas de las croquetas de ibérico de El Zorrito es, aunque suene a perogrullada, que saben a jamón. A jamón ibérico de bellota, porque aquí se cuida el producto escrupulosamente en todos los platos. Son crujientes y consistentes y el jamón, además de notarse en el paladar, se puede ver, algo poco frecuente también muchas veces en las croquetas que nos encontramos por ahí. Su rebozado en panko es exquisito y su consistencia ideal. 

Croqueta del bar El Zorrito
El Zorrito. Avda. Josep Tarradellas, 133.

 

5- Las de carrillera de El Cinco

Este recién llegado a la ciudad, la nueva criatura del chef Josep Armenteros ubicada en lo que un día fue la sala BeCool, ha venido con un pan debajo del brazo. Mejor dicho, con una croqueta de carrillera sensacional, que ha conseguido colocarse de un plumazo en todos los rankings consagrados a este gran producto, tan exquisito como popular, que podemos encontrar tanto en el bar de la esquina como en cualquier tres estrellas Michelin. Una cocción perfecta, una carne muy sabrosa, que llega a la mesa acompañada de su jugo, en un local 100% diagonalero para tomar unas copas tras la cena y, si se tercia, incluso echarnos unos bailes. 

Croqueta de El Cinco
El Cinco. Plaça Joan Llongueras, 5. 

 

6- La de pollo asado de El Mercader de L'Eixample

Pollo ecológico de la mejor calidad, guisado durante horas, sabroso, equilibrado y con una consistencia perfecta. Esta es la carta de presentación de la croqueta que ofrece desde hace tiempo este coqueto restaurante de L'Eixample, que ocupa una carismática casita siempre agradable y ambientada. El Mercader de L'Eixample ha hecho bandera desde sus inicios de una cocina honesta y sencilla: producto de temporada, de proximidad y en gran parte ecológico, cocinado con un buen dominio de la técnica y sin necesidad de ornamentos innecesarios. Y de esta filosofía nace una croqueta muy crujiente, ligera incluso, en el que el pollo aparece en todo su esplendor. Una croqueta ganadora que demuestra que a estas alturas no es necesario inventar nada, sino simplemente hacer muy bien lo que se ha hecho siempre. Y aquí las croquetas las bordan. 

Croquetas de El Mercader de L'Eixample
El Mercader de L'Eixample. Mallorca, 239. 

 

7- La de lo que sea de Lolita Tapería

Antes de que los bares de tapas informales y a su vez sofisticados se apoderasen de la ciudad para sorpresa de muchos, antes de que los azulejos imitación de mosaico y la omnipresente tipografía contemporánea tomasen la ciudad ya existía Lolita Tapería. Y ya bordaba esas tapas que ahora todos hacen, cuando Sant Antoni no era aún Sant Antoni y una noche cualquiera te podías encontrar a Nicole Kidman o Javier Bardem cenando distraídamente en su comedor abierto a la calle. Y ya entonces la gente de Lolita Tapería tenía unas croquetas maravillosas, siempre haciendo bandera de la mejor gastronomía popular, que cambiaban de ingredientes en función del día. Las últimas que comimos nosotros, en la foto, eran de ibérico y eran un escándalo, con una bechamel ligera y una buena presencia de jamón, pero nos han chivado que se traen entre manos unas de ceps que magníficas. Habrá que ir a probarlas.

Croquetas de ​Lolita Tapería
Lolita Tapería. Tamarit, 104. 

 

8- La de pollo de La Panxolina

Las croquetas de este establecimiento, hermano pequeño de La Panxa del Bisbe, son un valor seguro en cualquier ocasión. Son contundentes y grandes, de un pollo tiernísimo guisado durante largas horas, muy muy cremosas y de un crujiente magistral. Se pueden combinar con algunas de sus tapas clásicas y con un buen gin-tonic. ¿Quién dijo que las croquetas solo pegan con unas cañas?

​La Panxolina
La Panxolina. Rabassa, 37.

 

9- Las de temporada de Bodega Montferry

Aquí reinan la tapa y el bocata de toda la vida y ese ambiente de bodega de barrio que sigue inamovible pese a la gentrificación que está arrasando Sants. La Montferry apuesta por esa cocina de producto, de excelente producto, que sigue el mandato del mercado y, por tanto, va cambiando en función de la estacionalidad. Por ello, sus croquetas pueden ser de cualquier cosa, y, como ocurre con toda su carta, tienen ese charm casero inconfundible, ese aspecto adorablemente imperfecto, alejado de la estética de aquéllas hechas en serie, que constituye precisamente su principal encanto. En otoño no hay que dejar escapar las de setas, que tienen una legión de fans. Acompañadlas con uno de sus bocatas XL de cualquier cosa (desde sardinas en escabeche a butifarra) y después nos contáis.

Croquetas de Bodega Montferry
Bodega Montferry. Violant d’Hongria, 105.

 

10- La V.I.P. de La Pepita

Mientras el mundo de la croqueta cambia y donde antes las había de bogavante ahora las tienen de pollo y donde un día hicieron una de rabo de toro que te enamoró ahora se marcan una de setas, hay una que sigue inamovible desde hace años. Hablamos de la V.I.P, o Very Important Croquette, de La Pepita, un croquetón de jamón ibérico recubierto a su vez por jamón que funciona prácticamente como plato principal, dado su tamaño y consistencia. Este bar de tapas de Gràcia, siempre concurrido y de ambiente moderno e informal, hizo desde sus inicios bandera de esta maxicroqueta que enamora y que sigue saliendo como el primer día, tanto a mediodía como para cena. Hay que probarla.

La Pepita
La Pepita. Còrsega, 343.