Unión de sabores, culturas, productos, de ideas. A finales de agosto abrió uno de esos restaurantes que refuerzan la marca Barcelona. Fruto de una pareja joven pero con bagaje, viene a completar una oferta gastronómica de ciudad ejemplar. Clarius es su nombre, construcción nominal cuyo sentido descubrirá el lector sin demasiado trabajo. Presenta una propuesta afrancesada, mediterránea, también oriental e italiana, por orígenes y querencias de propietarios. La ubicación (cerca de pl. Universitat), la estética (también gala, con maderas, y beiges) y el servicio de sala (comandado por la jefa) cierran un círculo ganador, como el nombre. La Francia más universal, en petit comité en el centro de Barcelona.

Clara Haro –catalana- y Darius Brunettini –francés- son los artífices de Clarius (¿atáis cabos nominales?), ambos cocineros y ambos con experiencia en importantes y estrellados restaurantes españoles, franceses o italianos (Brunettini trabajó cinco años en Lyon, cuna de la gastronomía gala, y mundial por ende. Haro trabajó también con Santi Santamaría). Se complementan, se nota.

Su fruto, una carta de cocina de mercado, de temporada, sencilla, buena, con las mejores técnicas e ideas de la revolución gastronómica europea del s. XX que cambia por franja horaria. A mediodía, ha empezado a ofertar esta semana un menú cambiante, bajo sus premisas culinarias, eso sí, que se mueve entre los 14 y los 17€. Por la noche, y bajo la misma filosofía si cabe potenciada, Clarius presenta sólo una carta pensada para compartir (somos mediterráneos) eso sí únicamente jueves, viernes y sábado. Para tomar nota. Como de sus vinos, eminentemente locales y de referencias poco conocidas, también francesas, obviamente.

PLATOS EXQUISITOS

Para empezar a salivar, seis platos: "Pate en croute" con mermelada de cebolla y ensalada -un clásico francés que Brunettini aprendió de la mano de los mejores maestros franceses aquí a base de foie gras, trompetes de la mort y ternera-; tartar de dorada, mango, lima, tomate, cebolla roja, cilantro, wasabi y fruta de la pasión; atún rojo rebozado de pistacho, naranja, chips de alcachofa y caramelo de remolacha –creación del chef de reminiscencia asiática-; berenjena confitada con ajo y menta, queso de cabra y almendras; ensalada thai con ternera marinada, cacahuete y emulsión de coco, o caponata, mozzarella de Búfala y chips de panceta. Ahí queda.

Sabor y color se dan la mano en Clarius
Pate en croute

El estómago está listo; la cabeza preparada. Fluyamos y completemos con vista y tacto. Clarius se aloja en un coqueto local de la calle Sepúlveda, cerca del pg. Sant Antoni. Recibe con una barra y cuatro taburetes para divertidos, que invita a mirar hacia dentro. Allí, plantas, azules y beiges, cajas de fruta, y un conjunto que sin las franjas azules, blancas y rojas paralelas recuerda igualmente a Francia en su conjunto. (Pen)último guiño galo: el agua, tanto frío, natural como con gas, tratada sale gratis de tiradores y se ofrece gratis al cliente, como se hace en muchos y buenos restaurants del país vecino.

Vive la France, con matices, gastronómica, ampliada, adaptada, pero ¡Vive la France!

Sepúlveda, 159

Salón del restaurante Clarius
1/3

Salón del restaurante Clarius

Delicatessen de Clarius
2/3

Delicatessen de Clarius

Clarius, en la calle Sepúlveda
3/3

Clarius, en la calle Sepúlveda