La cascada de la Ciutadella se construyó entre 1875 y 1888. El diseño general fue de Josep Fontserè, pero el proyecto hidráulico se atribuye a Antoni Gaudí, que en aquella época era un joven estudiante trabajando a las órdenes de su maestro. El genio modernista construyó un anexo singular de la cascada, una gruta artificial situada bajo el acuario, creado con motivo de la Exposición Universal de 1888. De la misteriosa ruta, repleta de estalactitas y estalagmitas artificiales, no queda más que un difuminado recuerdo oculto tras una puerta metálica cerrada a cal y canto.

¿Y del acuario? Pues de aquel espacio misterioso que hizo las delicias de los visitantes de tan señalado evento en la ciudad, aún se conserva la palabra Aquarium sobre la que fuera la puerta de acceso a esta estancia, situada en lo alto de la cascada, tras la estatua de Venus que emerge sobre el salto de agua. Justo allí, flanqueando la entrada se esconde un pequeño tesoro que pasa casi desapercibido: dos medallones idénticos, esculpidos en piedra caliza, con una salamandra, que certifican la participación activa de Gaudí en el proyecto.

El diseño de los dos animales que se retuercen presos en sus respectivos medallones es bastante naturalista, y recuerda las figuras del ábside de la Sagrada Família que el arquitecto modernista realizaría años después. Dos pequeños sellos con denominación de origen del gran genio modernista.

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