El proceso de industrialización que se vivió en España durante la segunda mitad del siglo XIX no avanzó al mismo ritmo en las diferentes comunidades que componen el panorama nacional. Cataluña fue uno de los territorios en los que este movimiento avanzó con una mayor rapidez, gracias a la infraestructura de la que ya disponían algunas ciudades de la comunidad, como es el caso de Barcelona.  

Todavía hoy en día, los vecinos y visitantes de la capital catalana pueden disfrutar de la presencia de diferentes chimeneas y fábricas en las que se aprecian algunos de los detalles típicos de la época. No obstante, la mayoría de estas construcciones han cesado su actividad y actualmente se han convertido en algunos de los espacios culturales más conocidos de Barcelona. Estos son algunos de los más importantes.

FABRA I COATS

El barrio de Sant Andreu da cobijo a una de las fábricas más conocidas de la época de la industrialización, la perteneciente a Fabra i Coats. Desde sus inicios, esta construcción acogió una de las actividades textiles más importantes de Cataluña, dando servicio a la mayoría de fabricantes del sector de la región. No obstante, y a consecuencia de la caída que experimentó esta rama del mercado, dio por finalizada su actividad en el año 2005.

Actualmente, después de que el Ayuntamiento de Barcelona se encargue de su gestión, este centro actúa como espacio de exhibición, creación y experimentación artística, por medio de la actividad del Centro de Arte y la Fábrica de Creación. A modo de anécdota, este era el lugar en el que Rosalía ensayaba antes de convertirse en la figura mediática que es ahora. 

CAIXAFORUM

Desde su inauguración en el año 2002, CaixaForum se ha convertido en uno de los espacios de referencia a nivel cultural en la ciudad de Barcelona, gracias a sus salas de exposiciones temporales y a la multitud de atractivos que centran su atención.

El espacio en el que se asienta fue construido en el año 1913 y ejercía las funciones de una de las fábricas de hilos y tejidos más importantes de la zona, bautizada como Casaramona, que se mantuvo en funcionamiento hasta los años 20.

CaixaForum / Kippelboy - CREATIVE COMMONS 3.0CaixaForum / Kippelboy - CREATIVE COMMONS 3.0

CENTRAL CORNELLÀ

En la localidad de Cornellà, provincia de Barcelona, se encuentra el Museo Agbar de les Aigües. Un centro cultural que pretende dar visibilidad a los habitantes del pueblo acerca de la importancia que tiene el agua en la sociedad actual, a través de diferentes espectáculos relacionados con el cine, la música o diversas representaciones artísticas.

Antiguamente, en el mismo lugar en el que se encuentra Central Cornellà existía una antigua fábrica cuya construcción, siguiendo la corriente modernista, tuvo un papel esencial en la provincia. Desde el año 2004 se ha reconvertido en este espacio cultural.

CAN MARFÀ

Can Marfà se encuentra en la localidad de Mataró, durante el siglo XIX acogió una intensa actividad a nivel textil. No obstante, la bajada del comercio en esta zona de Cataluña provocó que en el año 1996 el espacio asumiera las funciones de sede del Museo de Mataró, con el objetivo de dar a conocer la actividad a nivel comercial que había celebrado la ciudad a nivel histórico.

La planta baja está dedicada a la celebración de una gran cantidad de exposiciones temporales que se van sucediendo conforme va avanzando la temporada, además de servir como espacio para dar cobijo a diferentes talleres y actividades relacionadas con el ámbito de la moda, el diseño y la industria. 

CA L'ARANYÓ

El barrio de Poblenou es conocido por la cantidad de fábricas que ha acogido a lo largo de su historia. Ca l'Aranyó fue una antigua fábrica que estaba dedicada a la producción y tratamiento del algodón, pero que en el año 2004 y como consecuencia del programa 22@ que se llevó a cabo en esta zona, quedó transformada en un campus universitario.

El edificio cobra un especial protagonismo a nivel arquitectónico, gracias a los muros empedrados y las ventanas de vídrio tan características de toda la corriente industrial de la época. No obstante, el aspecto que más destaca es su chimenea, de ocho metros de altura, convertida en su principal seña de identidad. Hasta los años 80 estaba en pleno funcionamiento, momento en el que comenzó a bajar su producción y su dueño, Claudi Aranyó, se vio en la obligación de cerrar sus puertas.

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