Construida para la celebración de la Exposición Universal del año 1929, la estación de Francia se ha convertido en uno de los espacios que han caracterizado, desde hace muchas décadas, a la ciudad de Barcelona. Fue en 1926 cuando Andreu Muntaner, importante ingeniero ferroviario, comenzó su construcción. Tres años más tarde se inauguró la que iba a ser la primera estación que iba a unir por vía ferroviaria España y de Francia. Y fue el propio Alfonso XIII quien llevó a cabo tal evento, el 2 de junio de ese mismo año.

A nivel arquitectónico, uno de los principales atractivos con los que cuenta es su vestíbulo, de estilo novecentista. Con una extensión de 17 x 73 metros, fue diseñado por dos arquitectos muy conocidos: Raimon Duran Reinals y Pelagi Martínez Aparicio. No obstante, tanto el vestíbulo como el resto de la estación han tenido que ser rehabilitados en diferentes ocasiones con motivos de los daños que este espacio sufrió durante la Guerra Civil.

LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE 1992

Con motivo de los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad de Barcelona en el año 1992, RENFE decidió cerrar la estación en 1988, con el objetivo de rehabilitarla y recuperar la belleza que había perdido como consecuencia de la guerra. De esta manera, se trató de convertir a este lugar en un espacio mucho más amigable para los propios vecinos y para sus visitantes, gracias a las diferentes cafeterías que se instalaron en su interior.

No obstante, su condición de estación terminal ha terminado provocando que, desde hace varias décadas, gran parte de su tráfico ferroviario haya quedado derivado a la estación de Sants. Hoy, la estación de Francia tiene un papel secundario, dando cabida a los trenes de media distancia que se dirigen a otros puntos de Cataluña, además del Trenhotel con destino a París. 

LOS BÚHOS, SU GRAN ATRACCIÓN

A nivel arquitectónico, llama especialmente la atención a la gran cantidad de búhos que se pueden encontrar tanto en su espacio interior como en el exterior, en diferentes puntos de su fachada. Inicialmente, su utilidad es la de asustar a las palomas que entran en la estación. No obstante, en la actualidad se han convertido en uno de los elementos más fotografiados de su interior.