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Mediterrània. Así se llama la hermosa dama desnuda tallada en mármol por Eulàlia Fàbregas de Sentmenat en 1962) que da la bienvenida al visitante desde el señorial estanque, en la entrada de los Jardines de Pedralbes. Ahí arranca un pequeño oasis de vegetación, oculto tras un muro de 250 metros de perímetro, que combina el estilo afrancesado e inglés con las gotitas justas de romanticismo.

En este vergel de más de siete hectáreas, las estatuas de diferentes épocas y estilos son una constante. Destaca Nu femení agenollat, de Joan Borrell i Nicolau (1916). La escultura de Isabel II, levantando en brazos a su hijo Alfonso XII, de Agapit Vallmitjana i Barbany (1861), hace años que ha desaparecido de los jardines. Y por supuesto, dos tesoros que llevan la firma del genio modernista Antonio Gaudí: una pérgola parabólica cubierta de varias enredaderas, que se mimetiza con el entorno, y la fuente de Hércules (1884), de piedra y hierro forjado, que preside el bosque de bambú. Un tesoro que permaneció oculto durante muchos años entre la vegetación hasta que, en 1984, unos trabajos de limpieza lo dejaron al descubierto.

NACIMIENTO A RAÍZ DE UN INCENDIO

El origen de este parque se remonta a un incendio que, el 25 de diciembre de 1875, arrasó la residencia de los reyes, un palacete del siglo XVII que ocupaban cuando estaban de visita en la ciudad, situado en el Pla de Palau.

El azar es caprichoso: si aquel día las llamas no hubieran devorado el palacio real, quizá hoy no podríamos disfrutar de los jardines del Palacio de Pedralbes. Fue una iniciativa de Joan Antoni Güell, entonces alcalde de Barcelona, en 1921, encontrar una nueva residencia para los reyes en la ciudad. Su idea cuajó: la familia Güell cedió con gusto una finca de su propiedad con un viejo palacete en la parte alta de la ciudad. Y así fue como, en 1926, tras la reforma del edificio original de la finca y la rehabilitación del terreno, el mismo alcalde le hizo entrega a Alfonso XIII de lo que hoy conocemos como el palacio y los jardines de Pedralbes.

CAMBIO DE DUEÑOS

En 1931, proclamada la II República, el Ministerio de Hacienda hizo donación del palacio y los jardines al Ayuntamiento, que los abrió a la ciudad, y las dependencias reales se convirtieron en el Museo de Artes Decorativas. En la segunda planta del edificio se instaló la Residencia Internacional de Señoritas Estudiantes. Y en el 2004, el Ayuntamiento cedió los jardines y el edificio a la Generalitat de Catalunya. 

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