Tres Tetas irrumpe en escena. Se mueve con sensualidad y altivez: es un ser del futuro y se ha puesto tres pechos gracias a la cirugía. Nada más lejos de la realidad –ahora en presente–, Tres Tetas es el personaje alter ego de Raquel Pintado Rosa, una artista multidisciplinar que hace maravillas con los efectos especiales.

Me reúno con ella en su taller, ubicado en la nave del colectivo artístico Bajel, en Poblenou. Un vasto espacio, desordenado, frío aunque lleno de talento. Un lugar auténtico, de esos que –en ocasiones– parecen estar en peligro de extinción. Ahí, en el piso de arriba, está Pintado Rosa –con sus trenzas pintadas de color rosa– modelando un bebé de silicona.

Raquel es especial. De pequeña quemaba las muñecas, las tuneaba con esmalte de uñas y jugaba a coger el agua con las manos. Le encantaban los efectos especiales y se obsesionaba con películas de terror y fantasía. Sus padres apostaron por esa sensibilidad innata y pronto aprendió a trabajar con cerámica. Más adelante, de forma fluida, descubrió otros campos y empezó a modelar con silicona.

Con la digitalización del cine creyó que el mundo de los efectos especiales, el modelado y las prótesis iban a desaparecer. Entonces llegó El laberinto del fauno de Guillermo del Toro, y volvió a ver la luz. “Me hicieron soñar de nuevo”, dice Pintado, emocionada. Con más fuerza que nunca se reenganchó a los efectos especiales y se arriesgó con el maquillaje corporal. “En España, a diferencia de otros países como Estados Unidos, no te especializas, haces un poco de todo”, explica.

Raquel Pintado en su taller trabajando en el bebé de silicona | HUGO FERNÁNDEZ
Raquel Pintado, en su taller, trabajando en un bebé de silicona | HUGO FERNÁNDEZ

Después de haber pasado varios años trabajando en la escena underground, ahora tiene proyectos importantes para cine, publicidad y eventos, como por ejemplo festivales. Hace poco estuvo caracterizando a personajes del Daydream Festival en Montmeló y, meses atrás, creó parte del vestuario de Juego de Tronos para un evento en Croacia.

Sin embargo, en el proyecto que más se está volcando ahora es en el suyo propio. Pintado comercializará sus prótesis de silicona. No te asustes. Son prótesis de quita y pon. Una oreja, piel de reptil, un tercer ojo, una vagina.

–¿Una vagina?

–Sí, últimamente me están pidiendo bragas con vaginas incorporadas para travestirse...

Reímos. Miro la mesa, está llena de partes de un cuerpo humano. Estamos charlando frente a un bebé de silicona, con una vagina en la mesa y tres tetas... Por un momento siento que navego en la locura. Surrealismo puro. “Quiero acercar al público el mundo de los efectos especiales de mejor calidad”, cuenta. “Acercar el mundo profesional al particular, porque hay gente común a la que le encanta transformarse y disfrazarse”, enfatiza. Siempre con silicona, no con látex, como enseñan en las escuelas.

En este sentido, según Pintado, las redes sociales han servido de mucho. Para empezar, para darse a conocer. Luego, para que la gente se atreva a probar nuevos estilos. Por último, para que se difundan y lleguen las creaciones a otras partes del mundo. “En las redes ves que la gente se pega cosas en el cuerpo, trabaja la pintura corporal... ¡estamos viviendo un resurgir del maquillaje! Por eso la profesión se ha vuelto mucho más autodidacta”, añade al respecto.

Cambiamos de tema. Volvemos a los personajes. “Me gusta mucho crear mundos mágicos”, explica sobre sus performances. “La transformación es una de las partes del proceso de creación que más me gusta: ver cómo queda, ver el resultado final”, retoma mientras modela el bebé de color marrón.

Silencio.

Tres Tetas irrumpe en escena. Esta vez no va sola. Ha convertido a una persona en Mujer Lámpara. Se mueve con ella. Su cuerpo se ve de colores neón gracias a la luz ultravioleta incorporada en el casco gigante que lleva en la cabeza. La Mujer Lámpara es un objeto de Tres Tetas. “Es una representación clasista del humano del futuro”, zanja Pintado, animada, antes de despedirnos.

Días más tarde, termino de escribir este artículo en un tren. Me dispongo a bajar del vagón cuando, ¡pum!, me encuentro de nuevo con ella. Ahí está, Raquel Pintado, con sus trenzas rosas y sus ojos azules mirando por la ventana, a más de 500 kilómetros de Barcelona. No sé cuántas probabilidades había de coincidir en un tren, en el mismo vagón, a la misma hora. Seguramente pocas, quizá ninguna. Entonces encuentro la única explicación posible: son los efectos especiales. La magia, siempre la magia...

Raquel Pintado mostrando su personaje Tres Pechos en su taller | HUGO FERNÁNDEZ
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Raquel Pintado mostrando su personaje Tres Pechos en su taller | HUGO FERNÁNDEZ

Un rostro de silicona y una oreja en la mesa de su taller | HUGO FERNÁNDEZ
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Un rostro de silicona y una oreja en la mesa de su taller | HUGO FERNÁNDEZ

Raquel Pintado mostrando su prótesis de tercer ojo | HUGO FERNÁNDEZ
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Raquel Pintado mostrando su prótesis de tercer ojo | HUGO FERNÁNDEZ