Cuando Alejandro Amenábar llamó a su puerta para interpretar a Salvador Vila, discípulo de Miguel de  Unamuno, Carlos Serrano – Clark (Exeter, 1990) no daba crédito. “Le dije a mi representante que no me vacilara. No me lo esperaba ni en el mejor de los casos”, cuenta el actor sabadellense. Sin embargo, el director de Mientras dure la Guerra se había fijado en él para dar vida al joven arabista de cara aniñada, exalumno aventajado y amigo del intelectual que no dudó en enfrentarse al maestro para reprocharle su apoyo al alzamiento.

La carrera de Vila, cuyo futuro se antojaba prometedor, se vio fatalmente truncada el 23 de octubre de 1936, a los 32 años, cuando Franco ordenó su fusilamiento por su compromiso con la II República. “Se cree que fue una venganza tras el discurso de Unamuno”, comenta el intérprete sobre el enfrentamiento con el fundador de la Legión, José Millán Astray, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca donde el escritor se opuso a los sublevados y que Amenábar retrata en la escena culmen de su última película, protagonizada por Karra Elejalde que da vida al filósofo.

UN BRILLANTE ACADÉMICO

Serrano-Clark buceó en las páginas de Salvador Vila, el rector fusilado en Víznar de Mercedes del Amo para construir el personaje de un brillante y joven académico, que no cesó en sus reproches al rector por su posicionamiento inicial ante el golpe. “Alejandro tenía muy claro que debía ser su pepito grillo”, señala.

Junto a la hija del escritor, Vila es la “voz de la conciencia” de un intelectual “siempre crítico con todo y que creía que Franco solo iba a poner orden en la República”. El director de Tesis buscaba un tono “chulesco” y “vacilón” para mostrar a un Vila que “no se corta en ningún momento y que, si hace falta, se cabrea con Unamuno” debido a la confianza y respeto que se profesaban.

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Vila reprocha contínuamente el apoyo inicial de Unamuno al golpe.

Para Serrano-Clark la discusión de los dos amigos en las afueras de Salamanca retrata “las dos Españas que hay actualmente y que existían en ese momento”. Las indicaciones fueron claras: “Nos dijo (Alejandro) que quería una discusión sobre política entre dos amigos que pueda ocurrir hoy en día en cualquier bar”, recuerda el actor, conocido por sus papeles televisivos en La Riera (TV3) y Acacias 38 (TVE).

UN SUEÑO

Formado en el Col·legi de Teatre de Barcelona, el actor, al que de pequeño “estremecieron” Tesis, Mar Adentro y Los Otros, debuta en un largometraje con el cineasta hispano-chileno. Admite que trabajar bajo las órdenes de “un genio” ha sido “un sueño”. “Me encontré a alguien muy humilde, que transmite buen rollo en el rodaje y que trata bien a todo el mundo", describe.

"Amenábar te da directrices muy claras pero, al mismo tiempo, mucha libertad para probar cosas nuevas”, describe. Rodeado de pesos pesados de la interpretación como Eduard Fernández (Millán-Estray), trabajar con Elejalde fue “muy fácil” debido a la confianza que rápidamente entabló con el actor de Ocho apellidos vascos.

ÉXITO EN TAQUILLA

A Serrano-Clark la buena acogida de Mientras dure la guerra no le ha sorprendido. “Creo que la actualidad política está animando a la gente. Además, el intento de boicot desde algunos sectores hizo que mucha más gente se decida a verla”, desliza sobre la protesta contra la película en un cine de Valencia por parte de militantes de ultraderecha. La cinta, una de las más taquilleras de Amenábar, y ya ha recaudado más de 9 millones de euros.

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Carlos, en un escena junto a Karra Elejalde.

El actor analiza una película que narra el tormento interior de Unamuno ante la colisión fratricida entre las dos Españas. “Creo que Amenábar no quiere enfrentar a nadie, más bien reflexionar. Ha querido plasmar hasta tres Españas, porque Unamuno estaba allí en medio, no sabes donde está, veía cosas malas en los dos bandos”.

EL DOLOR DE LAS FAMÍLIAS

En el actual clima político, polarizado y escaso de diálogo, la figura de Unamuno también puede aportar algo. “Nos enseña a ser crítico con todo, a tener diferentes opiniones, a rectificar y que incluso una eminencia como él se puede equivocar”, considera el artista. De la historia de Vila, el último rector republicano de la Universidad de Granada, le impresionó la tragedia de las ejecuciones y el vacío injustificado.

“Ahora soy más consciente del dolor que sufrieron no solo los fusilados, sino también las  familias. De repente, sin poder despedirte, te mataban por pensar diferente”. Vila, republicano y de izquierdas, no perteneció a ningún partido. Quizá por eso, como contaba la escritora Del Amo hace años, nunca tuvo sensación de peligro y no huyó de Salamanca, como sí hicieron muchos de sus amigos.

UN GRAN INTELECTUAL

“Hubiese sido un gran intelectual. Le quedaba mucha vida para trabajar y enseñar”, lamenta su intérprete. En Víznar (Granada), donde su cuerpo yace en una fosa común, un monumento recuerda al profesor granadino, al “hombre inteligente”, como escribió su nieto, al “héroe por accidente” a quien “la guerra interrumpió su ascenso y convirtió todos su éxitos en irrelevantes”.