–Está llorando–, dice un niño.

–Parece muy triste–, apostilla otro.

La profesora se planta frente a la pieza The Silent Sea, de Bill Viola, y llama al resto de alumnos desperdigados por la sala del CaixaForum. Asiente, acaricia la cabeza de uno de ellos, y, cuando llegan todos, vuelve a preguntar.

–¿Y este de aquí? ¿Cómo está?– señala.

–¡Enfadado!– responde velozmente una pequeñaja.

–Tiene miedo– replica un compañero.

Los niños tratan de identificar las emociones y comprenden, como en la película Del revés, que sin unas no pueden existir las otras. El CaixaForum aloja hasta el 19 de mayo una exposición con sentimiento. Las 44 obras incluidas, que cubren 700 años de (tierna) historia–, reflejan unas sensaciones y despiertan otras en el visitante que recorre Poéticas de la emoción.

EL ARTE Y SU CAPACIDAD DE CONMOVER 

La muestra pretende destacar la "capacidad de conmover" del arte contemporáneo frente a las posiciones que "lo sitúan en un terreno más racional o preeminentemente político". De este modo, ahonda en la forma en que el arte ha incorporado las emociones en su discurso a lo largo de la historia.

Comisariada por Érika Goyarrola, está dividida en tres ámbitos. En el primero hay dolor. Dolor y tristeza que se aprecian a través de esculturas como La Piedad de Ramon Padró Pijoan. En el segundo, se adueña de la sala el paisaje y las emociones que despiertan cuadros como Geometría de ecos, de Carla Andrade, o la mayúscula Puesta de sol, de Joaquim Mir.

EL SENTIMIENTO EN LOS MOVIMIENTOS COLECTIVOS

En el último tramo, se tensan las obras. Ahí irrumpen los movimientos sociales, la política, las fiestas, las celebraciones y, en general, los movimientos colectivos. Por ejemplo, el lienzo de Joan Miró, que evoca las formas y la energía de las protestas de los estudiantes y los trabajadores franceses de mayo de 1968. Enfrente, dialogando con el cuadro, hay una escultura del mismo artista, Bailarina, una figura que remite a la celebración.

El paisaje en la exposición del CaixaForum / PAULA BALDRICH
El paisaje en la exposición del CaixaForum / PAULA BALDRICH

Otras de las obras destacables son las audiovisuales. Uno de los artistas protagonistas de la exposición es Bas Jan Ader que aparece llorando de forma desconsolada en I'm Too Sad to Tell You, así como Extrañeza, desprecio, dolor y un largo etc, de Esther Ferrer, quien interpreta "un amplio abanico de expresiones faciales".

LA FOTOGRAFÍA IMPACTA EN LA EXPOSICIÓN DEL CAIXAFORUM

Una de las partes más impactantes, sobre todo para los aprensivos, es la de Action Psyché, de Gina Pane, que refleja con sus imágenes una acción de 1974 en la que la artista, utilizando el cuerpo como soporte, se cortaba diferentes partes del cuerpo con una cuchilla.

Siguiendo con la fotografía, llegamos a la demoledora imagen Funeral en Kosovo, del fotógrafo Enric Folgosa Martí, protagonizada por los gestos de dolor y tristeza de las mujeres albanesas, alrededor de un cuerpo sin vida de un combatiente del Ejército de Liberación de Kosovo.

Dos asistentes observando el 'Descendimiento de la cruz' / EFE
Dos asistentes observando el 'Descendimiento de la cruz' / EFE

La mayoría de los lienzos y piezas expositivas provienen del fondo del centro, pero algunas han sido prestadas por una quincena de instituciones, desde el MNAC, la Fundación Miró o el MACBA, a Es Baluard-Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma, la Colección Corporativa Iberdrola o el Museo Nacional de Escultura.

Al final de la muestra, un niño del grupo de alumnos le coge la mano a otro. El receptor sonríe. Y a las puertas de la exposición de Velázquez y El Siglo de Oro, situada también en el CaixaForum, una mujer le dice a su acompañante: “Qué realistas las expresiones”. Al final, sea donde sea, las emociones se propagan. Y que así siga. Menudo revolcón.