Las grandes cadenas invaden las principales capitales mundiales y las pequeñas tiendas sufren en un mundo cada vez más global. En Barcelona, sin embargo, todavía quedan comercios centenarios, históricos, liderados por profesionales muy especializados en sus productos que compiten con los gigantes del capitalismo más salvaje. 

AdaptamBCN propone un paseo para reconocer el legado comercial y emblemático de Barcelona. Se trata de poner en valor la importancia que tuvo el pequeño comerciante en el desarrollo de la economía barcelonesa en épocas pasadas y que ha sabido adaptarse a las circunstancias políticas y económicas de todos los tiempos, al progreso tecnológico y a las diferencias generacionales de sus propietarios.

Comercios para la salud de los ciudadanos, tiendas téxtiles para vestir a la alta sociedad, proveedores de productos que llegaban de ultramar, elementos de iluminación previos a la llegada de la electricidad y algunos objetos de entretenimiento un tanto extravagantes.

Peletería Siberia / A.O.
Peletería Siberia / A.O. 

FARMACIAS

Asomaba el siglo XIX y Barcelona crecía en población y territorio. Apenas había diferencias entre apotecarios (precursores de las farmacias), herbolarios y droguerías porque todo lo que vendían formaba parte del mismo saber: el conocimiento de las propiedades de las plantas y minerales y de sus aplicaciones útiles. El uso de las plantas medicinales con finalidades curativas, homeopáticas y fitoterapéuticas era habitual en las casas rurales pero con el nacimiento de las urbes, los ciudadanos necesitaban un lugar proveedor de las plantas curativas.

Los apotecarios vendían drogas y medicamentos para los enfermos. ‘Apothecarius’ proviene del latín, significa ‘vendedor’ y se corresponde a la práctica distinguida de los siglos XIII y XIV que les diferenciaba de los vendedores ‘charlatanes de paso’.

Farmacia Bolós / AROA ORTEGA
Farmacia Bolós / AROA ORTEGA

Uno de los ejemplos de estas farmacias primitivas se encuentra en la esquina de la calle Mallorca con Girona. Un local abierto en 1913 por Andreu Puigoriol i Botey, hijo de un rico fabricante. 52 años más tarde, pasó a manos de Salvador March Goday, casado con Mercè Puigoriol, hija de Andreu, el fundador. El local sufrió un escape de agua y los arreglos obligaron a March a eliminar parte de la decoración original. Años más tarde, se modificó una vidriera lateral donde se creó un vestíbulo para dar acceso a una estancia independiente. En los años 80’, la farmacia pasó a manos de Rosa M. March i Puigoriol, nieta del fundador. Hoy es una farmacia modernista destacada por su marco de madera, la cerámica y sus vitrales de colores y vidrios con pedrería checa. Los plafones de la entrada conservan la litografía modernista con letras adaptadas al espacio ondulado.

Herboristeria del Rei / WIKIMEDIA
Herboristeria del Rei / WIKIMEDIA

Continua el paseo retrocediendo en el tiempo y de una farmacia a otra, la Bolós. Introductora de la homeopatía en Barcelona. Su nombre corresponde al apellido del olotense farmacéutico que compró el local. Un establecimiento que mantiene la vidriera de la entrada casi original. Un cristal ahumado con dibujos de un naranjo y sus flores, símbolo del árbol curativo de la fiebre y sedante en la medicina tradicional.

Otra joya proveedora de remedios naturales que ha estado a punto de cerrar para siempre es la Herboristeria del Rei, muy cerca de la plaza Real. Más que centenaria. En su interior aún emerge la fuente de mármol de Carrera en la cual nadaban sanguijuelas para sanar trastornos sanguíneos, según el pensamiento científico de la época.

ULTRAMARINOS

Uno de los elementos característicos de l´Eixample son las tiendas de ultramarinos situadas en las que fueron las esquinas de las calles creadas por el plan Cerdà, años más tarde. La tienda Quílez, antes confitería y horno de pan se sumó a la venta de alimentos de gama superior, cuyos clientes eran locales adinerados. Un local, cuyos productos han sido inalcanzables para la mayoría de los barceloneses de su época.

Otro local superviviente de víveres ultramarinos es el Múrria, situado entre la calle Roger de Llúria y València. Un coqueto establecimiento que puede presumir de ser el único en Barcelona de lucir una vidriera original pintada al fuego e inspirada en los carteles de publicidad de Cases y que también sobrevivió la época del racionamiento con la venta de productos gourmet.

Cartel original modernista de Múrria / AROA ORTEGA
Cartel modernista original de Múrria / A.O.

Sin embargo una tienda de productos coloniales que sigue usando una pieza prácticamente desaparecida es la Casa Gispert fundada en el año 1851. Su joya es un horno de leña que sigue activo en el interior de la misma tienda. El responsable de darle un toque ahumado al tostado de sus famosas avellanas. Actualmente, es una tienda reconocida por la calidad de sus frutos secos y otros productos para sibaritas.

Ultramarinos Casa Gispert / A.O.
Ultramarinos Casa Gispert / A.O.

Muy cerca se ubica la ferretería Bolíbar, especializada en pomos de puerta y reparaciones de todos los utensilios para carros y primeros automóviles. Un negocio que triunfó porque no fue hasta finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, que no se empedraron las vías principales de la ciudad como Rambla Catalunya y el Passeig de Gràcia y esto obligaba a muchos carros a parar para reparar las ruedas. Con el tiempo, la ferretería ha retomado la esencia del negocio de los pomos pero se ha especializado en los de estilo modernista.

Ferretería
Pomos modernistas. Ferretería Bolívar / A.O.

ALTA COSTURA

Bajando por la rambla de Catalunya y al cruzar Gran Vía, se llega a la peletería Siberia abierta en 1891 por el que fue aprendiz de oficio en París. Proveedor oficial de la Casa Real que supo mantenerse a flote en la posguerra gracias a los clientes acaudalados, como exiliados políticos que residieron en Barcelona.

Después de comprarse pieles, la clase social alta complementaba su vestuario con guantes de calidad. Para ello, la Guantería Alonso de la calle Santa Anna es un claro ejemplo del modernismo más sencillo. Hasta la folclórica Lola Flores reconoció en una ocasión comprarse aquí una peineta con brillantes incrustados.

Guantería Alonso
Guantería Alonso / A.O.

CERA PARA ILUMINAR Y TIJERAS DE CUATRO AGUJEROS

Unas calles más abajo, reculando más en el tiempo, sigue en pie la cerería Subirà, una tienda con un origen diferente. Es una de las tiendas resgistradas más antiguas de Barcelona. Era una boutique que despachaba las últimas tendencias de la temporada y que finalmente fundó Jacint Galí en el año 1761. Galí quiso conservar la estructura del local, la cual salta a la vista hasta día de hoy, en buena parte también por el cuidado del siguiente propietario, Martí Prat. Hoy la tieda mantiene la doble escalera donde se lucían las clientas, las lámparas de gas y otros detalles que se que han mantenido casi intactos. Pese a haber sobrevivido al invento de la electricidad, un incendio y la bajada de venta de velas para la liturgia, hoy se mantiene en el sector de la cera elaborando velas de diseño muy originales. Hoy la cerería Subirà se ha convertido en el comprador de otra cerería emblemática, Abella. Apellido de Francesca Abella, joven nativa del Pallars, que emigró a Barcelona para encontrar un futuro próspero, a finales del siglo XIX.

Cerería Subirà / AO
Cerería Subirà / A.O. 

A poco de la cerería, ahora son expertos en crear tijeras para personas con disminución funcional y zurdos pero también cumplen con los encargos de los chefs más exigentes y se han abierto al sector de la enología con todos los utensilios que comporta. Se trata de los profesionales de la cuchillería más antigua de Barcelona situada en frente de la Iglesia del Pi. A inicios del siglo XX daban sus primeros pinitos como los mejores productores de bisturíes y navajas.

Cuchillería plaza del Pi / A.O.
Cuchillería Josep Roca / A.O.

EL ESOTERISMO, UN ENTRETENIMIENTO

Ingenio, espiritismo y trucos de magia. Éstos eran algunos de los divertimentos de la sociedad del siglo XIX. Muestra de ello son dos locales que perduran en la actualidad. Uno muy escondido en el Gòtic y el otro muy vistoso en la calle Princesa. El primero, llamado ‘El Ingenio’  es el único negocio que se dedica a producir y vender los famosos gegants de la ciudad. El negocio fue idea del escultor Benet Escalé que luego vendió a un comerciante de santos, quien cambió la que hasta entonces había sido su línea de mercado por la de estatuas para espectáculos, en vista de la bajada de ventas de figuras litúrgicas.

Con el paso de los años, la saga del antiguo vendedor, mantuvo el negocio con altibajos hasta hoy. El segundo establecimiento es el famoso ‘Rei de la Màgia’ de la calle Princesa. Un local casi intocable desde que se levantó. El borde rojo de madera que lo enmarca lo delata entre el resto de locales de la misma acera.  Un marco muy sencillo pese a la cantidad de juegos, naipes y aparatos varios que vende para realizar todo tipo de bromas. Un zapatero fan de los trucos de magia, lo compró al dueño, que había hecho las Américas y a su vuelta abrió como ‘El Rei de la Màgia’. Desde 1985, se ha hecho cargo del negocio la misma familia haciéndose también con el local de gegants ‘El ingenio’.

El rei de la Màgia / AO
Trucos de 'El Rei de la Màgia' / A.O.

DE TOSTADORA DE CACAO A CADENA DE CHOCOLATERÍAS

Una huelga de trabajadores en el año 1940 hizo que el Isidre Anglès, colocase un molino de cacao en su obrador para continuar con el trabajo de tostar el caco que llegaba de ultramar. Mantuvo la venta de cacao personalizada hasta que su hija se casó con Farga y ambos sustituyen el molino de tracción animal por uno eléctrico. Así, fueron abriendo otras chocolaterías en diferentes puntos de la ciudad con el nombre de ‘Chocolaterías Farga’.

'El ingenio'. Tienda de gegants / A.O.
El Ingenio. Tienda de gegants / AROA ORTEGA

Desde el 1 de enero de 2015, la Ley de Arrendamiento Urbano daba por finalizado el plazo máximo de los contratos antiguos de alquiler de locales y el 1 agosto de 2017 la ley de comercio de Catalunya tampoco precisa nada especial relativo a los comercios centenarios de la ciudad. La misma norma que señala a los gobiernos locales como responsables de apoyar todo lo que no recoge la ley comercial catalana. Frente a esta vacío jurídico, la guía del paseo de tiendas emblemáticas de AdaptamBCN, Meritxell Carreres; asegura que a algunos comerciantes de estas tiendas les cuesta muchísimo continuar con el negocio en la actualidad. Lo que está claro es que la invasión del capitalismo desbocado ha dejado en la cuneta a decenas de pequeños comerciantes, conocedores de su oficio. Barcelona pierde personalidad y sello propio.