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Durante el IV Summit de Barcelona Oberta, celebrado este miércoles en El Molino, el 'lobby' de los comerciantes de la ciudad ha hecho propuestas al Ayuntamiento y ha criticado -en ocasiones, duramente- la gestión del Consistorio en materia de turismo y proyección internacional.

Flotaba en el ambiente cómo iba a tomárselo la 'diana' de tanto dardo: Ada Colau. Pero la alcadesa no estaba en la platea, donde sí se encontraba la flor y nata de los partidos políticos de la oposición municipal. Su real oposición.

Sólo al final, cuando casi todo estaba dicho sobre los problemas que afronta Barcelona hoy en día -y de cara a su futuro- ha aparecido Colau, que se ha excusado alegando venir de la inauguración de un nuevo equipamiento en el Poblenou. Hasta entonces, Agustí Colom, solo ante el peligro, había tenido que soportar los contínuos reproches de los representantes del comercio barcelonés. Ante tal alud, el concejal de Turisme, Comerç i Mercats del Ayuntamiento ha pedido subir al escenario para intentar rebatir dichos argumentos, aunque con escasa suerte.

No ha sido hasta cuando marchaba el turno de los políticos (estaban todos los presidentes de los Grupos Municipales de PP, PSC, ERC, Cs y PeDCAT) que Colau se ha personado sobre las tablas para dar su versión. Una versión que, obviamente, apenas ha recogido las quejas de los comerciantes. Primero, porque no había estado presente en la llamada 'Mesa de Oportunidades para Barcelona'; segundo, porque traía su discurso ya preparado, a la contra, como sabedora de cómo iba a estar el patio -de butacas- durante la cumbre. 

La alcaldesa ha agradecido a los comerciantes que se organicen para defender el sector y que den propuestas al Ayuntamiento, y ha apuntado cifras -todas positivas- que muestran un aumento en el negocio.

Colau se ha declarado convencida de que el comercio de la ciudad se actualizará ante los retos de la digitalización, pero sin que substituya el trabajo de las personas. "Ninguna plataforma de Internet podrá ofrecer vuestro trato de proximidad y de humanidad", ha recalcado.

NO ESTAMOS TAN MAL

Parafraseando a aquel Laporta presidente del Barça, Colau ha venido a decir que Barcelona no está tan mal como algunos la pintan. Para ello se ha armado de barómetros internacionales asegurando que la ciudad es un referente mundial en la gestión del turismo, o que acaba de ser considerada la quinta mejor ciudad del mundo para vivir, o que una estadística asegura que el 82% de los barceloneses considera que la oferta comercial de la ciudad es buena.

Ada Colau, durante su discurso en Barcelona Oberta / MIKI
Ada Colau, durante su discurso en Barcelona Oberta / MIKI

La semiausencia de la alcaldesa a un acto que había comenzado a las 9 de la mañana (ella ha llegado pasado el mediodía) ha provocado críticos comentarios del resto de los asistentes, molestos con lo que han considerado una falta de respeto. No hay que olvidar que Barcelona Oberta ha congregado a todos los líderes del arco municipal, que no han querido perderse un acto muy importante para conocer el pulso de la ciudad.

No menor ha resultado el recibimiento del discurso buenista de Colau, que traía prácticamente escrito y en el que, como es lógico, no había ninguna referencia a todo lo que previamente habían tratado -y criticado- los diversos conferenciantes.

Eso sí, Colau ha reconocido la labor de los comerciantes de la ciudad para hacer de Barcelona "un lugar más atractivo", ha apostado por la colaboración público-privada para afrontar los retos de futuro y ha concluido su speech animando a los trabajadores del comercio y de la administración a ser "valientes, innovadores, abiertos y resilientes".

CONSORCIO COMERCIAL

Nada más acabar de hablar la alcaldesa, Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, ha pedido la creación de un consorcio para promocionar la ciudad. 

"La unión de ejes comerciales turísticos pretende encarar el futuro de Barcelona con ilusión y ambición", ha dicho Jené, a partir de la creación de dicho estamento: un consorcio que se dedique también a luchar contra los problemas que, consideran, impiden que Barcelona sea atractiva, especialmente el top manta, la turismofobia y el conflicto de las terrazas.