Tras cinco décadas vendiendo días tras día en su emblemática arteria de Barcelona, otro vecino de la ciudad llamado Ángel Aranda se ve obligado a cerrar el negocio de la Rambla y se jubila a sus 66 años.

Fue en 1969 –hace 51 años– cuando puso en marcha la diminuta tienda en uno de los ejes más concurridos de la ciudad, situada en el número 121 de dicha arteria. En concreto, el local del empresario reúne un torno a los 90 centímetros de ancho por 5 o seis metros de largo. Este pequeñísimo rectángulo cuenta además con un escaparate, que da a la calle.

CRÍTICOS CON BARCELONA

Cuando el padre de Ángel arrancó el negocio éste estaba enfocado a la filatelia y la numismática, donde vendían diariamente sellos y monedas. Hace 33 años, durante la crisis de los años 80, padre e hijo decidieron ampliar la línea de negocio comprando oro.

Según explica La Vanguardia, los empresarios se muestran muy críticos con la evolución del barrio en todos estos años y Ángel lamenta que Barcelona se haya convertido en un “parque de atracciones”, afirma.

"SERÁ COMO UNA DESPEDIDA"

En este sentido denuncia que “a mucha gente del barrio se le está echando” a través de los precios del alquiler y recuerda que, de todos los vecinos que vivían en la finca hace cuarenta años, ahora “sólo quedan dos”.

Este sábado levantará por última vez la persiana. No suele abrir los fines de semana, pero asegura que es especial: “Vendrán personas a saludar y a mirar si pueden adquirir alguna pieza. Será como una despedida”.

Si quieres leer más noticias como esta y estar informado de la actualidad de Barcelona, descárgate nuestra app para iOS y Android.