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No es obra de un arquitecto sino de un maestro de obra. Josep Pérez Terraza, discípulo de Domènech i Muntaner proyectó en 1905, un año antes de fallecer, la casa ubicada en el número 27 de la avenida del Tibidabo como residencia de verano para los pintores-decoradores Bernat i Creus, establecidos en el paseo de Gràcia y propietarios también de la finca contigua, que recuerda un castillo. La finca pasó después a ser propiedad de Ignacio Portabella, de quién adoptó el nombre con el que es popularmente conocida.

La construcción, una imponente torre unifamiliar de dos plantas y una torre mirador, rematada por una terraza con una barandilla en balaustrada, fue galardonada con el Diploma honorífico en el Concurso anual de edificios artísticos de 1907, y es un ejemplo del modernismo catalán que desfila por toda la avenida del Tibidado. O más concretamente, es de estilo historicista con aires modernistas.

La fachada está decorada con sillares falsos y en el piso superior destacan unas hermosas pinturas que componen una alegoría de las estaciones a modo de friso bastante ancho. En la fachada principal, un grupo de chicas recogen flores (primavera); en la del lado mar, recolectan trigo (verano), en la fachada posterior recogen uvas (otoño), y en la del lado montaña, pasean enfundadas en gruesos ropajes (invierno). Es imperdonable no recrearse en tan colorida representación. 

RESTAURACIÓN EN 2006

No son las primeras pinturas, probablemente realizadas por los propietarios. Las actuales son fruto de una restauración llevada a cabo en 2006 y que permitió recuperar los originales de las tres fachadas, excepto la de lado montaña: debía representar el invierno, pero como no había material gráfico que sirviera de ayuda, se hizo una reinterpretación.

La torre que sobresale en el lateral de la casa, tampoco recuperó su aspecto original. Ya no queda ni rastro de él, pero en algunas fotos antiguas se puede ver el pináculo, hoy desaparecido, que la coronó. Este elemento arquitectónico se perdió para siempre, como las esculturas que flanqueaban la puerta principal y el escudo que ocupaba la parte superior. La decoración floral y la forja de la verja se suman al resto de los elementos propios del estilo modernista.

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