Casa Antoni Segarra, el portal de las maravillas del Eixample / INMA SANTOS
Casa Antoni Segarra, el portal de las maravillas del Eixample / INMA SANTOS

Casa Antoni Segarra, el portal de las maravillas

El exterior del edificio, construido por Josep Masdeu, no revela el tesoro modernista que se oculta tras la puerta de madera

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Periodista
Actualizado: 27/11/2021 00:04 h.

Así, con el portón de la entrada cerrado a cal y canto, el edificio que ocupa el número 185 de la calle de Provença no pasaría de ser uno más entre tantos del Eixample barcelonés. Un gigante entre medianeras, de planta baja y cinco pisos, con una fachada que delata su estilo totalmente modernista en los detalles: la ondulación de sus balcones decorados con forja trabajada, los tres coronamientos sinuosos con relieves, los ornamentos vegetales y esos rostros femeninos esculpidos en los dinteles laterales...

Lo dicho, otra fachada más del Eixample. Hasta que, de repente, el edificio te da con la puerta en los morros. Es una puerta enorme de madera con adornos de forja: unos dragones en las bisagras que se extienden hacia el eje central, donde se unen las dos hojas de la puerta en un tallo que se ramifica en la parte superior, rematada por flores. Sobre estas, una decoración de cintas y flores esculpidas en piedra con un adorno central que sirve como ménsula. Es inevitable preguntarse qué habrá al otro lado de la puerta

PORTAL DE LAS MARAVILLAS

Y, de repente, se abre el portón poco a poco: primero una hoja, luego la otra. Son casi las 16.00 horas, el portero de la finca reanuda su jornada escoba en mano de vuelta al interior. Y es inevitable seguirle, dejarse llevar y atravesar la puerta, como Alicia atravesó el espejo, y aparecer en el país, o mejor dicho, en el “portal de las maravillas”.

No, en la Casa Antoni Segarra no hay reina de corazones, ni sombrerero loco, ni conejos con reloj, pero sí dos formidables lámparas de forja con cristales de colores que iluminan un vestíbulo de ensueño, envuelto en una luz tenue y cálida. También hay espléndidas vidrieras con motivos florales e incluso un dragón que, desde la barandilla, custodia una escalera con su arrimadero de mármol. Y al fondo, pasado el tragaluz al que se asoman algunos de los pisos, destaca el ascensor con su verja de forja y sus cristales de colores en la parte superior.

Señoras y señores, pasen y vean una joya arquitectónica centenaria, una de las obras capitales del maestro de obras Josep Masdéu i Puigdemasa, construida entre 1904 y 1907.

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