Muy cerca de la iglesia de Santa Maria del Pi se encuentra la calle de Perot lo Lladre, conocida en el siglo XIII como del Pont d’en Godai y después d’en Sala. Su itinerario va desde la calle del Pi, en donde una verja restringe la entrada, hasta la de Portaferrissa. Su limitada longitud y su escasa anchura hace que pase desapercibida para quienes transitan por sus aledaños.

Una calle estrecha en el Carrer de Perot Lo Lladre  / PABLO MIRANZO
Calle de Perot Lo Lladre  / PABLO MIRANZO

Su nombre se atribuye a Perot Rocaguinarda, el bandolero más famoso de la Cataluña de principios del siglo XVII. Y el motivo no es otro que, cuando huía de la presión de las autoridades por sus muchos asaltos, iba a parar a una cueva ubicada en la calle con la que hoy se le reconoce al bandido osonense. Al que, por cierto, de igual manera se le distingue en el nomenclátor de la ciudad de Vic.

Rocaguinarda fue uno de los salteadores más conocidos. Cervantes lo incluyó en el capítulo LX de El Quijote, en el que el caballero manchego es hecho prisionero por una partida capitaneada por el intrépido bandolero catalán. Al que también se le supone que ayudó al espectro de un sacerdote a oficiar una misa mayor en la cercana Iglesia del Pi, para cumplir con el último deseo del religioso. Esta mezcla de leyenda y realidad no asustó a un joven Jacint Verdaguer, quién en su etapa como estudiante vivió en el número 3 de la misma. Actualmente, la calle Perot lo Lladre también se descubre en el imaginario de los barceloneses a través de un gegantó que desde 1995, con ocasión de las Fiestas de Sant Josep Oriol, los vecinos hacen bailar junto a otras figuras por las calles del barrio del Pi.

La estrechez de la calle en el Carrer de Perot Lo Lladre la convirtió en un buen refugio para bandoleros / PABLO MIRANZO
La estrechez de la calle Perot Lo Lladre la convirtió en un buen refugio para bandoleros / PABLO MIRANZO

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