Monumento a Francesc Soler Rovirosa en los jardines de la Reina Victoria Eugenia / INMA SANTOS
Monumento a Francesc Soler Rovirosa en los jardines de la Reina Victoria Eugenia / INMA SANTOS

Una belleza ‘noucentista’, en memoria de Francesc Soler Rovirosa

Esculpida en mármol blanco, esta figura femenina dedicada al escenógrafo catalán, está considerada como la obra de consagración de Frederic Marès

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Periodista

Que levante la mano quien sepa situar los jardines de la Reina Victoria Eugenia. ¿No? Seguro que los habéis pisado en más de una ocasión. Están en la Gran Via de les Corts Catalanes, en el tramo que va del paseo de Gràcia a la rambla de Catalunya. Sí, justo ahí, donde está la boca de metro de la Línea 2.

Quizás hayan perdido el esplendor original, que tanto se quiso recuperar con la última rehabilitación llevada a cabo en otoño de 2021 (aún queda alguna valla cerrando el paso en algún rincón), pero este jardín centenario de estilo noucentista esconde varios tesoros: monumentos y esculturas que, no nos engañemos, han contribuido también a desdibujar su esencia. Entre ellos, se encuentra el monumento a Francesc Soler Rovirosa, uno de los grandes escenógrafos del Gran Teatre del Liceu.  

UNA FIGURA FEMENINA EN EL JARDÍN

¿No os suena ni sabríais identificarlo? Bueno, la verdad es que hay que mirar con mucha atención para lograr leer la inscripción desgastada en el pedestal, bajo el medallón de bronce que guarda el retrato del homenajeado. Es más fácil quedar atrapado por la figura femenina yacente de mármol blanco, que reposa sobre el mismo; una belleza serena de curvas sinuosas que, en su brazo extendido hacia adelante, sujeta una rosa, ¿tal vez una ofrenda para Soler Rovirosa?

En 1925, el Círculo Artístico y varias entidades vinculadas al mundo teatral propusieron hacer un monumento a Francesc Soler Rovirosa (1836-1900) coincidiendo con el 25º aniversario de su muerte. Para ello, lanzaron una suscripción pública al mismo tiempo que el Institut del Teatre organizaba una exposición sobre la obra de Soler Rovirosa, que tuvo un gran éxito.

OBRA DE FREDERIC MARÈS

Cinco años después, en 1930, esta típica imagen noucentista, de formas suaves y serenidad clásica, conquistaba su rincón en este jardín, justo frente al número 362 de la Gran Vía. Ahí donde la ven, tan recatada y discreta, tan natural, está considerada como la obra de consagración de su autor, el escultor gerundense Frederic Marès.

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