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La serie coreana del momento también ha llegado al público más joven. El juego del calamar provoca estragos entre los adeptos de la serie, que se sitúa semana tras semana en el número uno del ranking de Netflix. Una ficción con una trama que gira alrededor de unos sencillos juegos infantiles, pero con un contenido violento.

De hecho, los profesores y profesoras de algunos institutos y colegios de Barcelona han detectado la reproducción de estos juegos entre el alumnado de los centros. La clásica versión del Pica Paret ahora tiene un final distinto: los perdedores son tiroteados. Un hecho que evidencia que la serie también cala en niños y niñas que no tienen las capacidades para distinguir la ficción de la realidad.

FICCIÓN PARA +16

El juego del calamar está recomendada para mayores de 16 años. Aún así, el control parental para controlar el contenido audiovisual que los niños consumen es primordial, según alertan psicólogos y pedagogos. Expertos también recomiendan el acompañamiento adulto a la hora de visualizar cierto contenido, para ayudar a interpretar a los más pequeños lo que están viendo.

Los pedagogos, sin embargo, también creen que este suceso podría ser una oportunidad pedagógica para los centros y para las familias. Una manera de analizar la violencia que se consume a tan temprana edad y hacer así un abordaje crítico de los medios audiovisuales.

El protagonista de 'El juego del calamar' con una de las famosas galletas coreanas 'Dalgona'
El protagonista de 'El juego del calamar' con una de las famosas galletas coreanas 'Dalgona' 

PERVERSIÓN DEL JUEGO INFANTIL

La psicopedagoga Sylvie Pérez explica a Metrópoli que esta repentina salida a la luz de las críticas al control parental podría venir de la perversión del juego infantil que la serie muestra: "Hay muchas series con contenido violento como La casa de papel o El cuento de la criada de las que no se habla tanto. El juego del calamar tiene ese trasfondo de perversión". 

Sylvie cree que la solución a este problema vendría por dos vías: la primera es la de tomar conciencia de la responsabilidad que los adultos tienen sobre los menores. La segunda vía es la de asumir que los padres o el colegio "no pueden con todo y es posible que los niños vean contenido inapropiado". En este caso, será necesario hablar de lo que se ha visto, conversar. "No podemos evitar que nuestros hijos vean un accidente de tráfico. Si lo han visto, hay que hablar de ello, no miremos hacia otro lado". 

VIVIR O MORIR

Además del Pica Paret, en la serie se pueden ver otras pruebas que tal vez más de uno o una haya jugado en su infancia. Las canicas o que dos equipos tiren respectivamente de cada lado de una cuerda son algunos de los ejemplos. En Corea del Sur también es muy típico encontrar en cualquier puesto callejero las galletas Dalgona de la segunda prueba, hechas de azúcar y bicarbonato.

La diferencia en estos inocentes juegos radica en que los perdedores son normalmente abatidos a tiros. La ficción hace reflexionar sobre lo que el ser humano está dispuesto a hacer por dinero y también pone sobre la mesa el concepto de la amistad, que en ocasiones de vida o muerte se vuelve difuso.

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