El debate sobre los pisos colmena en Barcelona sigue abierto. Hace un tiempo, la empresa Haibu 4.0 anunció la llegada de un modelo de vivienda con habitáculos pequeños. Muy pequeños. Todos nos escandalizamos por aquel entonces. Meses más tarde, el propio Ayuntamiento sigue negándose a autorizar este tipo de alojamiento que “atenta contra la dignidad de las personas” y ha impuesto una multa de 900.000 euros a la empresa impulsora.

Sin embargo, pese a la oposición, la propuesta salió adelante y, a día de hoy, algunos de ellos ya están funcionando de forma clandestina en la ciudad, tal como adelantó este medio. Por eso –para poder opinar– fui a ver uno de estos pisos colmena ubicado en Les Corts. Después de haber entrado y hablado con los inquilinos, tengo que admitir que no son tan horribles. ¿Por qué?

UNA ALTERNATIVA TEMPORAL

Teniendo en cuenta que el precio de la vivienda se ha disparado, puede convertirse en una alternativa provisional dadas las circunstancias. Insisto: provisional. A modo de resumen: no hay que pagar fianza y, a partir de 150 euros, el inquilino tiene derecho a un habitáculo y a las zonas comunes. El precio incluye también los suministros: agua, internet, luz. Además, no todos los habitáculos son como nichos, tal como creímos en un principio. Hay de todo tipo y distintos tamaños.

Cabe recordar que no puede entrar cualquiera a vivir y que tampoco es un alojamiento turístico. De hecho, el inquilino tiene que demostrar que lleva mínimo ocho años en Barcelona. En general, los pisos colmena están destinados a personas en riesgo de exclusión, con dificultades para acceder a la vivienda.

Encontrar piso en Barcelona puede suponer un auténtico drama y un sablazo en toda regla. Está claro que no es una solución agradable para nadie, pero los pisos colmena pueden plantearse como un techo para ahorrar y –luego– buscar un piso y pagar el (desorbitado) precio que a día de hoy piden por él. Porque lo que sí que me parece horrible es que alquilar un pisito de 20 metros cuadrados cueste 800 euros al mes y dos mensualidades de fianza. Y esto –va en serio– también lo he visto en primera persona.