El cambio de la movilidad urbana hacia un modelo más sostenible, donde el uso de la bicicleta gana protagonismo a los coches, está aplicándose a pasos agigantados en las principales ciudades europeas. Barcelona es uno de esos ejemplos de transformación urbana en el que se ha fomentado el uso de medios alternativos para paliar la contaminación y reducir los niveles de tráfico en la ciudad.

TRAS EL CONFINAMIENTO HA SUSBIDO SU USO

La idea de la bicicleta como vía de transporte se ha potenciado con motivo de la pandemia del Covid-19 en la Ciudad Condal, a raíz de la reducción de la afluencias de otros transportes públicos y como respuesta a la necesidad de utilizar medios que circulen en espacios abiertos y que permitan asegurar las condiciones mínimas de seguridad.

Los niveles de uso de bicicleta en Barcelona han aumentado durante los tres meses de confinamiento. Este hecho se aprecia en las calles, donde en algunas zonas se ha triplicado el número de vehículos de dos ruedas circulando, así como desde el punto de vista estadísticos en cuanto a los niveles de venta. La adaptación a una situación excepcional con motivo de la pandemia está generando tendencia y hay nuevos hábitos que ya estaban presentes, pero que se han consolidado como una forma de vida en el futuro. De hecho, el gremio de comercinantes de bicicleta apunta a que se han vendido un treinta por ciento más de bicicletas en Barcelona desde el inicio de la desescalada, un indicador que refleja el ferviente interés de la sociedad barcelonesa por desplazarse dentro de su ciudad mediante este medio de tranporte.

IMPULSO DESDE LAS INSTITUCIONES

Esta tendencia no podría ser posible sin la ayuda de la administración. El Ayuntamiento de Barcelona lleva una década trabajando por incorporar de forma progresiva a las bicicletas a su modelo de movilidad urbana. La continua ampliación del carril bici, que se prolongará durante los próximos años, ha sido la principal medida que ha animado a muchos barceloneses a dejar aparcado su coche y a moverse por estas vías.

La pandemia ha acelerado esta línea de trabajo, ya que el Ayuntamiento pretende acelerar este proceso de cambio, incluso mediante la conversión de espacios destinados para coches en aceras y nuevos carriles para bicicletas. Estas medidas suponen un aumento de 12 kilómetros de carriles bici y treinta mil metros cuadrados nuevos de espacio público para los ciudadanos.

MENOS COCHES, MÁS TRANSPORTE ECOLÓGICO

El objetivo está claro; que peatones y ciclistas convivan y sean prioritarios en una ciudad donde los coches y los autobuses también tengan su espacio. De hecho, algunos de estos nuevos carriles serán compartidos por bicicletas, autobuses y taxis.

Barcelona se ha caracterizado por vivir diariamente un importante colapso de sus calzadas, lo que se traduce en contaminación lumínica y medioambiental. Mediante este tipo de medidas enfocadas hacia la reducción del uso de los coches, no solo se reducen los niveles contaminantes, sino que también se genera un mejor ambiente para la convivencia ciudadana, y, en definitiva, un aumento en la calidad de vida.

CONCIENCIA SOSTENIBLE

Otro de los motivos que llevan a Barcelona hacia un modelo en el que las bicicletas tengan un papel protagonista es el ecológico. Las consecuencias del cambio climático no pueden pasar desapercibidas en una sociedad que ha abanderado muchos de los cambios culturales y sociales en Europa. La Barcelona de hoy es una ciudad cosmopolita que también ha querido ser pionera en la puesta en marca de medidas sostenibles dentro del abanico de las grandes ciudades europeas.

En los barrios más concurridos de la capital catalana como Gràcia, Eixample o Poble Nou se superan, con creces, los límites de contaminación impuestos por la Unión Europea. Es cierto que estos niveles han vivido mínimos históricos durante la etapa más dura del confinamiento, pero es evidente que se trata de un momento excepcional y que son necesarias soluciones urgentes. Esta situación solo se resvuelve mediante una drástica reducción de las emisiones contaminantes, que se generan, principalmente, por los humos expulsados por los vehículos.

SOLUCIONES ANTE LA SITUACIÓN

Como solución para la búsqueda de un modelo de vida más sostenible, la bicicleta se presenta como el mejor antídoto. Barcelona y su área metropolitana tienen una población de 5,5 millones de habitantes, las distancias son largas y los ciudadanos requieren de medios de transporte rápidos y eficientes para hacer las gestiones del día a día.

La bicicleta cumple esa función gracias a las continuas mejoras de los carriles bici que se están implementando, además de ser un medio completamente sostenible. Esta idea va ligada a un cambio de la mentalidad de los ciudadanos, que no solo quieren llegar bien y rápido a su destino; sino que también quieren hacerlo cumpliendo con la sostenibilidad de su ciudad. La mayoría de barceloneses han asumido esa responsabilidad que tienen con su comunidad y han apostado fuertemente por el uso de medios alternativos como la bicicleta, que además en Barcelona encuentra un entorno cada vez más idóneo para su circulación. 

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