-Mucha suerte, Ander.

-Gracias amigo, aquí estamos.

Este breve intercambio de wassap es el que más se está repitiendo en las últimas horas en el móvil de Ander Mirambell, un barcelonés peculiar donde los haya. Él y su móvil se encuentran en este momento en una ciudad de imposible pronunciación: PyeongChang. Está en Corea (del Sur) y este viernes se celebró en ella la inauguración de los Juegos de la XXIII Olimpiada de Invierno, donde Ander va a intentar, por tercera edición consecutiva, meterse entre los 15 mejores especialistas mundiales de una disciplina deportiva tan bestia que sólo escribir su nombre da miedo: 'skeleton', o sea, esqueleto.

La cosa consiste en tumbarte en tendido prono sobre un trineo, con la cabeza hacia adelante, y lanzarte por un tubo helado hasta coger 140 km por hora y llegar a meta en el menor tiempo posible...

Ander Mirambell (Barcelona, 1983) ha ejercido de pionero para el deporte español en esta modalidad que, para ser sinceros, hasta que apareció él en escena no conocía ni Dios en nuestro país -bueno, sólo los que siguen de cerca los deportes de hielo o son miembros de su federación española.

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y también Máster en Gestión y Dirección de Instalaciones Deportivas, Mirambell ha preferido seguir poniendo su vida en peligro en pos de un sueño que se inició cuando, veinteañero aún, se dio cuenta de que para ser olímpico, que era su reto, lo tenía difícil como decatleta. Buscó y encontró que, con sus condiciones físicas, el 'skeleton' era su mejor oportunidad. Porfió en su objetivo y lo logró en 2010 al clasificarse para sus primeros JJOO, en Vancouver, donde consiguió clasificarse en el 24º puesto final. Cuatro años más tarde repitió, en Sochi, a donde llegó mermado por las lesiones y de donde regresó con la 26ª plaza.

Así que ahora, en Corea, este 'periquito' de nacimiento espera volar más alto que nunca y franquear esa barrera que le situaría entre los mejores especialistas del orbe. No lo tiene fácil, pero al otro lado de la línea se le intuye feliz y muy determinado.

“Estar aquí ya es un éxito para mí, porque este ciclo de cuatro años ha sido muy duro”, dice Mirambell. “He tenido tres visitas al quirófano, y el circuito de la Copa del Mundo ha sido más difícil que nunca debido a una cambio en la normativa. Pero, ya digo, para mí el objetivo está conseguido. Estoy en buena forma, contento y sin la presión de otras veces. Quizás tenga posibilidades de colarme en el Top 10 olímpico, pero ya sería bárbaro quedar entre los 15 primeros”.

Mirambell, en plena acción, cuando se clasificó para sus terceros JJOO / EFE
Mirambell, en plena acción, cuando se clasificó para sus terceros JJOO / EFE

GENIO Y FIGURA

No es fácil lo que pretende Mirambell, porque no sólo es el único español en 'skeleton' sino porque, además, la mayoría de sus rivales tiene más presupuesto y mejores materiales. Sin embargo, eso nunca fue un problema para él cuando empezó. Su capacidad de motivación y de improvisación le decidieron a calzarse sendos ralladores de queso en los pies (para agarrarse al hielo), o a entrenarse en pistas de atletismo sobre un estrafalario vehículo con ruedas. El dinero no daba para más entonces, y hasta que no tuvo algo de eso no pudo viajar por Europa buscando estaciones de esquí donde hubiese una pista de 'skeleton' y pudiese progresar.

“Echando la vista atrás, creo que estoy en un momento dulce para intentar dar el máximo de mis posibilidades. En Vancouver era novato y en Sochi llegué fuera de forma”, explica. “Todos estos años me han dado experiencia y ahora sé cómo gestionar las emociones, los nervios, a ser más competitivo y, paradójicamente, a disfrutar más. Por eso, y aunque es muy difícil, veo posible alcanzar esa meta que me he propuesto. La de los Juegos es una carrera muy diferente. Sólo pasa cada cuatro años y vamos a convivir en el mismo circuito tres deportes de hielo que nunca estamos juntos: bobsleigh, skeleton y luge”.

Mirambell es tan rápido que fue el primero de todo el equipo español en llegar a la Villa Olímpica de PyeongChang (¿a que siguen sin pronunciarlo bien?). En su primera foto enviada desde allí se le veía preparándose en el interior de la última planta del párking. “¡Así entrenamos la velocidad en la Villa Olímpica para sobrevivir al frío! Hacemos las series bajo cero”, escribía como pie de foto.

Desde entonces ya ha podido entrenarse en un circuito que conocía de haber participado en pruebas de la Copa del Mundo. Lo explica, con sorna, así: “El año pasado hice el récord del circuito... ¡porque fui el primero en bajar! Pero fue histórico, y ya nadie podrá quitarme esa referencia en los anales. Es una pista especial: la salida es clave para coger impulso y velocidad; luego, hay una curva en la que casi hay que golpear el techo para salir bien. Posteriormente te encuentras con una falsa recta, y las dos curvas finales son cuesta arriba y muy técnicas”.

RESPETO Y DEDICATORIA

Ha llegado Mirambell a Corea tras completar la mejor temporada de su carrera: ganador de la Copa América de 2016 y noveno del Campeonato de Europa en 2017. Dice que mientras estuvo lesionado (hombros, rodillas, dedos) aprendió a pilotar más que nunca. “Ahora veo los vídeos de mi recuperación, por dónde he pasado, y me doy cuenta de que la motivación era parte de la ilusión de conseguir este sueño olímpico, de representar a mi país”, explica.

Mirambell ya ha hecho subir a lo más alto la bandera de España / AM
Mirambell ya ha hecho subir a lo más alto del podio la bandera española / AM

Ander sabe que se la juega en las dos primeras bajadas (miércoles, día 15) para llegar a la tercera y, sobre todo, a la cuarta (jueves, día 16): la decisiva, la de las medallas, la del Top-Ten, a la que sólo puedes llegar si te clasificas bien en las anteriores. Si no, adiós posible milagro: quedar entre los 10 primeros. “Sería un sueño. Como barcelonés, catalán, español y deportista que ha escuchado el himno y ha subido a lo más alto del podio”, asegura, cambiando de guión al famoso tema identitario catalán. “Respeto la decisión de quienes no quieren competir por España, pero de la misma manera quiero que se respete a quienes decidimos sí hacerlo. El deporte te enseña a respetar a todo el mundo, y eso debería aplicarse en la sociedad y en la política”.

Respeto el que pide también para quienes le miran mal por ser hincha confeso del RCD Espanyol -hasta la médula- y no ser culé, que le sería más fácil por esos mundos Otros deportistas como él también vivieron con ese sambenito (pensamos en los medallistas olímpicos Dani Ballart y Gemma Mengual). “Ser del Espanyol es un sentimiento, y lo tengo desde que era niño. Siempre llevo conmigo un gorro con el escudo y no escondo mis colores”, añade un tipo que, cuando ocasionalmente se encuentra en Barcelona, juega partidos de fútbol junto a veteranos del club blanquiazul.

Por cierto que, tras ganar la Copa América, recibió una oferta para cambiar de pasaporte y competir por otro país: “Les dije que gracias, pero que no, que me sentía orgulloso de ser español y de competir con España…”.