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"Busco a mi madre, me perdí en este zona [el Raval] el 16 de agosto de 1988, si alguien me reconoce pónganse en contacto conmigo". Este es el texto que se puede leer desde hace un par de semanas en los carteles colgados en las paredes de este barrio barcelonés. El texto va acompañado de dos fotos de una niña, tomadas en diciembre de 1988, y de un número de teléfono.

Esa niña se llama Elena, tiene ahora unos 31 años, "aunque no lo sé con certeza", y vive en Andorra. Aquel 16 de agosto, fue trasladada a un centro de acogida por dos agentes de la Policía Nacional. Allí le han explicado, porque ella no lo recuerda, que preguntaba por su madre y pronunciaba algo parecido a Elena. Quienes la atendieron pensaron que era su nombre. Jamás nadie la reclamó.

La chica, que ha sido entrevistada también por el programa Básics de Betevé, permaneció cuatro meses, hasta diciembre de 1988, con los servicios sociales. "Después fui acogida por una familia, la misma que me adoptó oficialmente en 1990", explica la joven en conversación teléfonica con Metrópoli Abierta. Ahora, ella es madre, y el sentimiento de maternidad la ha llevado a buscar a su familia biológica y a intentar descubrir qué fue de su vida entre los cero y los dos años. "Me perdí en el Raval en 1988 con dos años y busco a mi madre", dice.

Cuando tenía 8 años, Elena supo que era adoptada. Este noviembre, la chica ha tenido acceso a su expediente de adopción, que pidió a la Direcció General d'Atenció a la Infància i a la Adolescència (DGAIA), pero en la documentación "no aparece ninguna información sobre mis orígenes, ni el nombre de mi madre. Sólo se dice que estaba sola en calle y que me encontraron dos policías", afirma.

Carteles en el Raval de la niña perdida en 1988

Un cartel que Elena ha colgado en las paredes del Raval con fotos de cuando tenía dos años / J S

La información que hay sobre aquel día es mínima. "No figura ni la calle donde me encontraron, ni la hora, ni cómo estaba", relata. Sí que consta, en cambio, otra documentación, como el informe médico que le hicieron cuando ingresó en el centro de acogida y los resultados de los análisis, que eran correctos: "Pone que pesaba 15,5 kilos. Eso me lleva a pensar que comía y que me cuidaban. Quiero pensar que no me abandonaron". 

SIN ATESTADO POLICÍA NI JUDICIAL

Según Elena, en el expediente no figura ni atestado policial ni judicial. El caso se encuentra en lo que se llama "diligencias indeterminadas" y está en manos del Juzgado Número 12 de Barcelona. "Es como si el caso no estuviera cerrado", cuenta. Elena cree que la adopción fue correcta, pero ve agujeros negros en la investigación de su caso.

Recientemente, Elena se ha dirigido a la justicia para reclamar estas diligencias. Está a la espera de respuesta, pero ya le han avanzado que posiblemente la documentación no existe. "Me dicen que al no estar informatizada se puede haber purgado para no acumular".

Elena tiene ahora más dudas que antes de ir a la DGAIA, lo que la llevó a colgar los carteles en el Raval. "Fue idea de mi pareja", recalca. Los carteles han dado ya algunos frutos y una vecina del Raval, Margarita, asegura que recuerda que el verano de 1988 se perdió una niña de dos años en el barrio.

Margarita ha sido entrevistada por TV3 y evoca que en el barrio, en aquella época, había madres que dejaban a los niños jugando solos en las plazas y que todas las personas que tenían antecedentes o eran prostitutas no podían ir a la policía.

MUERTOS POR HEROÍNA

Vivir en el Raval en los años 80 era muy duro. Había mucha más prostitución que ahora y morían muchos jóvenes por sobredosis de heroína. "Sé a lo que me expongo buscando en mi pasado. Tengo miedo. Quizá lo que encuentre no me gusta, pero quiero conocer mis orígenes", dice Elena a Metrópoli Abierta.

Las circunstancias administrativas y judiciales han cambiado mucho en estas tres décadas y la Generalitat, en virtud del decreto 169/2015, está obligada a poner en marcha los mecanismos necesarios y a pedir información a todos los organismos públicos y privados para conocer el origen de los menores adoptados, afirman fuentes judiciales. En resumen, la administración pública catalana está obligada a ayudar a la joven en su búsqueda.

La búsqueda que ha iniciado Elena ha tenido también efectos negativos. A su familia adoptiva no le gusta que quiera conocer sus orígenes biológicos, ni la va a ayudar en su investigación. "Dicen que no recuerdan nada, que no tienen papeles. Quizá es por miedo", desvela. Elena reconoce que la relación se ha estropeado y que ya nada es igual que antes.

 

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