Aunque mucha gente confunde su nombre con el de su grupo musical, Màia, ella se llama Marina. Esta cantante y músico lleva a sus espaldas, a pesar de su juventud, más de 20 años de carrera. Se inició de muy joven ya que, como ella misma nos cuenta, nunca se planteó otra profesión que no fuera la música. Dice que no sabría hacer otra cosa. Alegre, simpática, sensible, Marina nos habla de su carrera y de su ciudad de nacimiento, Barcelona, a la que se siente profundamente unida y en la que ha pasado toda su vida. Su lugar favorito tiene mucho que ver con su infancia y con su iniciación en la música: la plaza de Castella en El Raval.

¿Te gusta El Raval, el barrio antiguo de Barcelona?
La verdad es que no es fácil para mí escoger un solo lugar de Barcelona ya que soy una apasionada de la ciudad, me enamora. Pero Ciutat Vella y la plaza de Castella en concreto me traen recuerdos muy bonitos de mi niñez y adolescencia. Esa plaza cerca de la emblemática calle Tallers es donde me inicié con el violín, cuando tenía 4 años. Me identifico con el Raval.

¿Cuatro años? Es una edad muy temprana, ¿no?
Sí, no es lo habitual. Entré en una escuela donde se impartía un método de enseñanza japonés, el Método Suzuki, que tiene la particularidad de que se imparte a niños muy pequeños y que los padres deben asistir también a las clases. Lo normal es que un niño no coja un instrumento hasta que no tiene por lo menos seis años porque no se le considera capaz, pero este método empieza mucho antes y, por eso, es necesario que los padres asistan también a clase. En mi caso, mi madre se compró un violín y nos apuntamos “juntas”

Y la escuela estaba en la plaza de Castella.
Exacto. Recuerdo varias cosas de esa época, pero especialmente las meriendas en la Pastelería Mistral, donde íbamos cada tarde al finalizar la clase. ¡Las mejores ensaimadas del mundo, os lo garantizo! ¡Todavía las tengo en el paladar! Y al lado de la plaza está la histórica calle Tallers, donde todavía podemos encontrar esas viejas tiendas donde venden vinilos y un montón de establecimientos dedicados a la música. Desgraciadamente, se está perdiendo el gusto por los discos en formato tradicional y, aunque parece que ahora se vuelve a poner algo de moda, la verdad es que somos sólo unos pocos “frikies” los que seguimos comprándolos.

Es una zona de arte.
Claro, claro. Además de las tiendas de música puedes encontrar un montón de tiendas alternativas que me fascinan y, al lado, tienes el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, el CCCB, donde hacen cosas súper interesantes y donde me escapo siempre que puedo. La última exposición a la que asistí fue la de realidad virtual de la cantante Björk y la verdad es que me encantó. Es una zona donde me pierdo siempre que puedo porque cualquier rincón esconde algún secreto interesante, alguna tienda especial y alguna muestra de arte que te alegra el día. La calle Tallers, con sus 700 años de historia, ha tenido siempre un punto rebelde, ha sido siempre lugar de encuentro de tendencias musicales o de nuevas tribus urbanas, y evoluciona constantemente. Es maravilloso ver la mezcla de tiendas históricas con otras que nacen a raíz de una nueva tendencia o, simplemente, porque a alguien se le ha ocurrido abrir una tienda tribal. Esta zona, pese a que la presión turística la puede convertir un poco en un parque temático, sigue siendo la auténtica Barcelona.

Marina Prades toca el violín en el escenario
Marina Prades toca el violín en el escenario

Háblame de este método, el Suzuki, que enseña a niños tan pequeños a tocar un instrumento.
Se basa mucho en el oído y la memoria, dejando un poco de lado la lectura musical, que más adelante encontré un poco a faltar. Tenías 10 libros que contenían doce piezas musicales cada uno y debías memorizarlas. Era muy exigente, pero no me arrepiento de haberlo hecho porque ahora me doy cuenta de que tengo habilidades que claramente me vienen de ahí. Eso sí, cuando tuve claro que me quería dedicar a la música, estuve unos años a tope con la lectura musical porque, de otra forma, no hubiera podido progresar en el conservatorio.

Pero claro, siendo tan pequeña, entiendo que empiezas porque a tus padres les gusta
Sí, sí, claro. A mi madre especialmente. Supongo que es de aquellas cosas que a ella le hubiera gustado hacer y por eso nos apuntó a mi hermana y a mí. ¡Sólo sobreviví yo! Pero, de todas formas, yo de muy pequeña ya tenía algo especial con la música, tenía una conexión brutal. Y, aunque sea raro, no he hecho otra cosa que dedicarme a la música durante toda mi vida. Tengo amigos que han estudiado música pero que, como mucha gente joven, han trabajado en una tienda o en un restaurante de comida rápida. Yo he tenido la suerte de poder ganarme la vida siempre con la música. La verdad es que no me planteo dedicarme a otra cosa, no sabría hacer nada distinto.

"Yo he tenido la suerte de poder ganarme la vida siempre con la música. La verdad es que no me planteo dedicarme a otra cosa, no sabría hacer nada distinto"

Tú eres violinista. ¿Tienes algún referente en este mundo?
Admiro a grandes violinistas de música clásica, aunque nunca ha sido lo que más me ha interesado. Yo siempre he tirado hacia la música moderna, aunque tengo claro que todo lo que he aprendido de clásica me ha servido de mucho. Y, por supuesto, el hecho de haber cursado los estudios superiores en el conservatorio de música te obliga a aprender mucha música clásica. Pero mis referentes son un poco más 'curiosos'. De pequeña escuchaba muchas rancheras porque a la familia de mi padre les encantaban. Las oía en el coche o en cualquier celebración en casa, eran parte de mi vida y, por ejemplo, a uno de mis abuelos le llamábamos cariñosamente, el Rey, por la famosa ranchera. Después tuve a los 10 o 11 años una época de locura por Alejandro Sanz, y ya un poco más mayor, cuando empecé a experimentar con mi voz, tuve como referente a las grandes voces femeninas de la música moderna: Whitney Houston, Amy Winehouse o Beyonce.

¿Cuándo tienes claro que te quieres dedicar a la música?
Creo que después de pasar la fase de 'yo quiero ser astronauta', ¡ya lo tenía claro! En serio, creo que siempre lo tuve caro y cuando estudiaba la ESO ya sabía qué quería hacer después. Decidí, supongo que por prudencia más que por vocación real, empezar con Magisterio Musical, por aquello de tener una red de seguridad en caso de que la carrera musical no funcionara. Y después ya pasé al grado superior en el conservatorio. Y la verdad es que estudiar ambas cosas fue un acierto porque es lo que me ha permitido vivir de mis trabajos, el combinar ambas cosas: la enseñanza y mi música.

Y en tus inicios, ¿eras muy muy joven, no?
Extremadamente. Empecé en televisión participando en programas como Euro Junior o Gente de Primera. Fue una época de mi vida de la que no me arrepiento, pero que me desveló cosas un poco duras. Yo tenía 15 o 16 años y enseguida vi que no encajaba en ese mundo. La música era importante en los programas de televisión, pero había muchos otros factores que se valoraban y que yo no cumplía en esos momentos: era demasiado tímida, un poco introvertida. Fue duro aceptar que en la televisión no sólo valoraban el talento musical, sino que querían otras cosas, un producto más completo, fue algo difícil para mí. Y a los 17 años cambió todo. Yo, que siempre había cantado más o menos de forma autodidacta, sufrí una importante afectación en las cuerdas vocales que me obligó a pasar por quirófano y empezar a trabajar con logopedas y profesores de canto. Aprendí la técnica que nunca antes me habían enseñado y entré en contacto con nuevas músicas, como el Jazz, que me abrieron la mente. Ya ves, de una desgracia salió algo muy bueno para mí.

¿Y tus padres siempre han llevado bien que escogieras esta profesión?
Sí, la verdad es que sí. Supongo que porque perdieron un poco los miedos lógicos al ver que yo lo tenía tan claro. El hecho de que saliera de mí el estudiar Magisterio Musical por si mi carrera como músico no prosperaba, entiendo que les dio la tranquilidad de que yo sabía lo que estaba haciendo y no era ningún capricho, o el sueño infantil de ser estrella de la música.

¿Te has planteado marcharte al extranjero como hacen otros cantantes, a algún país donde la industria musical sea más fuerte?
Con el tiempo he aprendido que tengo otras prioridades además de mi carrera como cantante y, mi gran prioridad, es la familia. Me resultaría muy difícil alejarme de mi familia y creo que quedaría una parte de mí que no estaría bien, que tendría algo sin resolver. No creo que pudiera dar el 100% como artista si tuviera esta carencia personal. No sé qué decidiría si me ofrecieran una oportunidad muy atractiva en el extranjero, pero tengo claro que en estos momentos no me planteo el marcharme a la aventura. De momento, me conformo ganándome la vida con lo que me apasiona, la música. Prefiero encontrar primero mi lugar aquí.

Marina Prades cantando en el escenario junto al resto del grupo Maia
Marina Prades cantando en el escenario junto al resto del grupo Maia

¿De dónde salió el nombre de Màia, qué mucha gente cree que eres tú?
Cuando sacamos el primer disco, el logo del grupo era una niña con las manos desproporcionadamente grandes. Queríamos explicar con esta simbología que las manos grandes significaban experiencia y que las manos son fundamentales en la música. Buscábamos un nombre para la niña y, partiendo de Mà (mano en catalán) creamos el nombre femenino Màia pero con esta tipografía especial. Más adelante, la niña fue desapareciendo de nuestra imagen, pero el nombre ya quedó. Y sí que es cierto que mucha gente pensó y todavía piensa que Màia soy yo. Y me sabía un poco mal, especialmente por el resto del grupo, cuando en los conciertos la gente se me acercaba llamándome Màia. Parecía que yo era la protagonista y el grupo es algo que somos todos y yo no soy más importante que los demás.

Pero no fue tu primer grupo
No, no. Un verano, justo antes de lesionarme en las cuerdas vocales conocí a dos chicos que tocaban la guitarra. Para mí fue como una liberación. Siempre había sido la 'rarita' en el cole. La que iba con el violín arriba y abajo y cantaba en el autobús o donde fuera. No había nadie más en mi clase que se quisiera dedicar a la música. Fue una gozada coincidir con gente como yo y decidimos formar una pequeña banda, 'Say no more'. Por fin pude tocar con alguien y hacer algún 'concierto' que no fuera para mi familia. Y, como cantaba sin técnica, tuve la lesión y estuve un año sin poder cantar. Y cuando me recuperé ya me puse en serio a buscar gente con la que actuar y estuve en distintas orquestas, en un grupo de versiones, en grupos propios. Hasta Màia, con los que ya he sacado 3 discos y he podido tocar en sitios fantásticos. Antes estuve en otro grupo que me encantaba, 'Incógnito', pero terminó. La verdad es que es difícil mantener un grupo unido mucho tiempo. Creo que se mezcla una batalla de egos con el hecho de que siempre, sin darte cuenta, esperas mucho de los demás y, ahora ya he aprendido, que eso es un error. Tienes que recibir con cariño lo que te den, pero sin grandes expectativas.

¿Y cómo ves el mundo musical, las discográficas, las nuevas plataformas?
Estar en una discográfica hoy en día no es ningún chollo, no es como antes que invertían un montón de dinero en el lanzamiento y promoción de un grupo. Te ayudan mucho a posicionarte, te apoyan, pero no esperes que gasten mucho dinero en ti. Esto que, a priori es un problema, también abre la puerta a nuevos grupos ya que el riesgo económico es mucho menor para la discográfica. Y hablando de las nuevas plataformas, tengo mis dudas. Es obvio que es hacia donde va todo y que no te puedes poner en contra, pero, al mismo tiempo, es un gran hándicap para los grupos que no tienen un gran presupuesto. Para lanzar material nuevo, necesitas hacer algo de mucha calidad técnica, tanto en lo referente al audio como al video, y eso cuesta mucho dinero, dinero que tienes que invertir de tu bolsillo. Me gustaba más cuando la gente conocía a un grupo en directo y, a partir de ahí, valoraba si merecía la pena comprar sus discos o no.

¿Qué te parece el panorama musical en Barcelona?
Está realmente complicado, no solamente el musical, creo que el cultural en general. Cuando comparo los grandes montajes de musicales que se hacen en Madrid con los que hacemos aquí, no puedo sentir más que envidia sana.  Y otra cosa que está en vías de extinción son los locales de música en vivo. Quedan unos pocos donde puedes ir a tocar, pero más por diversión que para ganarte realmente la vida. Este tipo de locales eran una buena plataforma para gente que empezaba y supongo que, entre miedo a la inversión y legislaciones muy restrictivas, están desapareciendo. Es una lástima, porque hace unos años había grupos que se ganaban la vida así, que vivían de la música en directo y animaban mucho el panorama artístico de la ciudad.

"Me gustaba más cuando la gente conocía a un grupo en directo y, a partir de ahí, valoraba si merecía la pena comprar sus discos o no"

Para acabar, hablemos de futuro. ¿Qué proyectos tienes entre manos?
Ahora estoy terminando la gira de nuestro último disco de la que nos quedan algunas actuaciones. También estoy de gira con Manel Fuentes en un tributo a Bruce Springsteen, como violinista y corista en el formato banda y trío. En el trío estamos Dani Campos en los teclados, Manel como cantante y guitarrista y yo como violín y coros. Actuamos en Príncipe Pío en Madrid, en un circo permanente fantástico que tienen montado allí. Y tengo también un proyecto muy importante, junto a Oriol Padrós, que hemos arrancado hace poco y se llama 22DUO. Oriol es el guitarrista y productor y yo pongo la voz y el violín. Queremos hacer actuaciones en eventos de todo tipo y, lo que es más motivador para mí, es que se trata ya de un proyecto empresarial en serio. Estoy entusiasmada con este nuevo reto. Y ya veremos, tal vez para el próximo año algo en solitario, pero todavía no tengo nada decidido.

El grupo Maia en el escenario tras una actuación
El grupo Maia en el escenario tras una actuación

 

Marina es una artista excepcional que deprende sensibilidad en todo lo que hace. Lleva una larga carrera en el mundo de la música, pero estoy convencida que lo mejor todavía está por llegar. Tiene las cosas claras y dedica su vida a sus dos pasiones: la música y la familia. Empezó siendo muy niña en un barrio de Barcelona que todavía le enamora, en esas calles de Barcelona donde se encuentran tradición y modernidad, donde la cultura se sigue respirando y en cada rincón puedes descubrir un secreto apasionante.