María Ripoll tiene el honor de poder decir que es la directora más taquillera del cine español, aunque ella no le da demasiada importancia. Le hace ilusión porque cree que el reconocimiento del público es el que de verdad importa y porque existe todavía una discriminación de la mujer en el mundo del cine que debe terminar, y éxitos como el suyo ayudan a romper barreras. Esta cineasta por vocación, ha dirigido títulos que todos conocemos sobradamente: Lluvia en los zapatos, Rastros de Sándalo, No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas o Ahora o nunca, entre otros.

Desde sus inicios con el corto Kill me later, premiado en diversos festivales, ha recorrido un largo camino profesional que la ha llevado por multitud de países, aunque ella regresa a Barcelona siempre que puede para estar cerca de su familia y de su gente. Amante del mar, va cada mañana a su lugar favorito de la ciudad, un rincón histórico que viene representando desde hace más de 100 años la unión de los barceloneses con su mar: el Club Natació Barcelona.

Me sorprende tu elección. ¿Porqué el Club Natació Barcelona?

Sí, supongo que, con la cantidad de lugares emblemáticos de la ciudad, puede sorprender un poco, pero para mí la elección tiene que ver con lo que me da vida, con lo que me da buen rollo. Voy cada mañana al club porque me encanta bañarme en el mar, hoy mismo me he bañado igual que lo hice ayer o el 31 de diciembre o el 1 de enero. Me encanta el mar y lo necesito. Por mi profesión debo viajar mucho y paso semanas enteras en Madrid, por ejemplo, y siempre vuelvo por dos motivos: mi hija y el mar.

¿Hace ya mucho tiempo que vas?Pues sí, ya hace muchos años que nos hicimos socios un grupo de amigos y, aunque los demás se han ido marchando, yo sigo aquí. Llego muy pronto por la mañana y hago mi foto diaria para Instagram de la salida del sol por detrás de la piscina, me baño en el mar o en esa increíble piscina de agua salada tan característica que tiene, y hablo con la gente. Es gente muy auténtica, de la que le gusta charlar, de los de barrio, de los de la Barcelona de antes. Con sus muchos años de historia, creo que ha conservado el espíritu de sus inicios como punto de encuentro de gente que ama el deporte y el mar. ¿Sabes que fue el primer club de natación de España y el primero donde se practicó el waterpolo?

Ripoll inicia el día nadando en el Club Natació Barcelona, de dónde es socia de años.
Piscina de agua salada del Club Natación Barcelona, donde María Ripoll empieza la jornada.

La verdad es que es toda una institución en la ciudad.

Es parte de nuestra historia en un ámbito tan importante en Catalunya como los deportes acuáticos. Fue fundado en 1907 por Bernat Picornell y se instaló en los antiguos Banys Orientals, para pasar rápidamente a las instalaciones de los Banys de Sant Sebastià, ya que el número de socios se había incrementado en poco tiempo. Estuvo allí, en una construcción de madera que se sostenía con unos pilares metálicos que la levantaban 3 o 4 metros de la arena. Un temporal arrasó las instalaciones en 1914 y al poco tiempo se empezó la construcción del club tal como lo conocemos ahora, aunque tardaría años en tener el tamaño actual. Se fue ampliando paso a paso, primero con la piscina cubierta que se abastecía de agua de mar filtrada de forma natural por arena, después la piscina al aire libre, en la playa, y así fue creciendo hasta hoy. Ya te he comentado que varios deportes acuáticos vieron su nacimiento en España en este club y, desde entonces, se ha caracterizado por tener un gran nivel competitivo, pero sin nunca perder esa esencia de los inicios, sin convertirse en un centro de entrenamiento común. Sigue siendo el club de muchos barceloneses que, como yo, aman el mar, necesitan el mar en invierno y verano, haga frio o calor.

Hablemos ahora de ti. ¿Cuándo decides que te quieres dedicar al cine?

Recuerdo que tenía 14 años y se lo dije a mi padre. Se rió a carcajadas y creo que eso fue en parte lo que me empujó a ponerme en ello con todas mis fuerzas. Debo reconocer que la risa de mi padre estaba en parte justificada: ¡años antes le había dicho que quería ser capitana de barco y después camionera! Yo tenía muy claro que me encantaban las imágenes y me encantaban las historias y, aunque no tenía ni idea de cine ni había tradición en mi familia, sabía que quería dedicarme al él.

Ese mundo de glamour y fiestas…

Sí, si… la realidad es muy distinta. Nos levantamos muy pronto, trabajamos muchas horas, a veces en situaciones bastante adversas y vamos de aquí para allá constantemente. Siempre digo medio en broma, aunque es la realidad, que no hay nada más cutre que un equipo de cine en un aeropuerto. ¡Vaya pintas llevamos siempre, nada de glamour! Como te comentaba, es un mundo mucho más duro de lo que la gente desde fuera piensa, pero te engancha.

Decidiste formarte en el extranjero ¿verdad?

La verdad es que en aquellos tiempos aquí no había muchas opciones de nivel para estudiar cine y, en cambio, el programa del American Film Institute, en Los Ángeles, era muy bueno, muy enfocado a la industria: entre los formadores tienes directores, productores, directores de fotografía, de arte, guionistas…. En fin, los mismos equipos que te encontrarás en un rodaje real

Y empiezas a trabajar en Estados Unidos.

No exactamente, primero realicé un corto aquí junto con otros compañeros mientras colaborábamos en un rodaje, y después dirigí Kill me later, que realmente me dio como el pistoletazo de salida, hizo que la gente del mundillo supiera que yo existía. Siempre digo que los cortos son muy importantes, porque son tu carta de presentación y, sobretodo, una muestra de lo que puedes llegar a hacer. Kill me later funcionó muy bien, fue premiado en varios festivales, y eso me permitió conocer a mucha gente de la industria y me abrió muchas puertas. Después estuve aquí trabajando de ayudante de dirección con gente tan brillante como Villalonga o Bigas Luna, entre otros, y aprendí muchísimo de ellos. Esta profesión es de las que requiere mucho aprendizaje en el terreno. Debes tener una buena base formativa, eso está claro, pero donde de verdad aprendes es en los rodajes, en la práctica. Y una cosa muy importante que debes aprender, es que las cosas casi nunca salen como las tienes previstas y debes ser lo suficientemente hábil para adaptarte. Por eso digo que dirigir es regenerar la frustración, porque nunca consigues exactamente lo que querías, en energía positiva para seguir.

¿Y quién fue tu referente en el cine? El yo quiero ser cómo…

No fue tanto un referente, como la lectura de dos libros muy distintos: Mi último suspiro de Buñuel y el libro de Hitchcock - Truffaut. Eran dos mundos muy diferentes, pero fueron para mí como una fuente de inspiración para dedicarme a esto. Y como cineasta te diría que la neozelandesa Jane Campion, siempre he admirado su fuerza y, sin ella saberlo, por supuesto, fue crucial en mi llegada a Los Ángeles. Recuerdo que cuando llegué compré un coche americano de esos enormes por unos pocos dólares, e iba de un lado a otro sin saber muy bien donde detenerme. Es una ciudad muy distinta de las europeas, ¡el centro no existe!, sólo conduces y conduces sin saber muy bien donde parar. Conduciendo, vi un cine donde proyectaban Sweetie una de sus primeras películas y entré a verla. Tuve como una revelación y la constatación de que, por duro que fuera, había hecho bien yendo a Los Ángeles.

Maria Ripoll
María Ripoll, posando durante una sesión fotográfica.

Porque fue duro, ¿no?

Muy duro. Yo era joven, estaba sola, en una ciudad enorme, desconocida, donde todo se me hacía muy complicado. Pero no me arrepiento en absoluto, es más, pienso que la gente debe irse a otros países, dejar su zona de confort, porque es algo que te hace como persona. Valoro más la experiencia vivencial y el aprendizaje que me dio el dejar todo lo conocido para marcharme sola, que lo que aprendí de cine.

¿Recuerdas la sensación cuando empezaste a rodar tu primera película?

Sí, perfectamente. Fue Lluvia en los zapatos con Penélope Cruz. Rodábamos en Inglaterra con un equipo inglés y todos nosotros, directora, productor y escritor éramos novatos. Los ingleses nos miraban con cierto escepticismo, especialmente, a mí. ¡Parecía que se preguntaban que iba hacer la españolita loca! Cuando dije por primera vez “acción”, me abracé a Juan Gordón, el productor, y le dije: “Muchas gracias por darme esta oportunidad”. Me di cuenta de que estaba rodeada de unos actores buenísimos que, aunque no hablaban mi lengua materna, eran tan buenos que me entendía a la perfección con ellos, captaban la esencia más allá de las palabras. La película funcionó muy bien, se distribuyó en 42 países, y fue una gran primera película, la mejor que podía haber soñado.

Se podría decir que tú has hecho el camino a la inversa. Empezaste en EEUU y volviste aquí.

En cierta manera sí, aunque cuando acabé de estudiar en Los Ángeles vine a trabajar primero a España, aunque enseguida volví allí. Y lo que antes comentábamos de sensaciones. Cuando estaba trabajando aquí y me llamaron, me reuní ni más ni menos que con Samuel Goldwyn, el hijo de Goldwyn Mayer, el fundador de la MGM, y me dieron un pequeño despacho donde trabajar en Tortilla soup. Pensé: ¡esto es volver por la puerta grande! Aunque en realidad era una película de pequeño presupuesto, minúsculo, ¡pero ahí estaba!

Porque de estudiante las cosas fueron distintas, seguro.

Por supuesto, muy distintas. Tengo una anécdota muy buena de cuando llegué como estudiante. Yo buscaba trabajo, porque venía con una pequeña beca que no me daba para vivir. Me llamarón para trabajar para Danny de Vito y yo pensé: ¡Esto es la bomba, llegar y besar el santo! Me convocaron en su casa a las 8 de la mañana y me extrañó porque era un poco pronto para citar a una productora. ¡La realidad es que, después de un rato en la casa, entendí por fin que el trabajo era para hacer de canguro de sus hijos! Estuve un tiempo maravilloso con la familia, les ayudaba con los niños o con lo que hiciera falta cuando organizaban una fiesta. Estar allí y ver pasar a Bruce Willis y a otros actores y actrices mundialmente conocidas era como un sueño. Cuando intentaba entrar en la escuela de cine, me decían los de admisiones si había hecho todo lo posible, si me había implicado de verdad. ¡Había sólo cinco plazas para extranjeros! Yo creía que sí, pero se me ocurrió explicarle a Danny de Vito mi situación y pedirle si me podía hacer una carta de recomendación. ¡Y me la hizo! Coincidió también que en ese momento Pedro Almodovar estrenaba película en Los Ángeles y una amiga me invitó a la zona de prensa con los periodistas. Yo no conocía prácticamente a Pedro, pero le expliqué que estaba intentando entrar en la escuela de cine pero que era muy difícil, y enseguida me preguntó. ¿Te ayudaría que te hiciera una carta de recomendación? ¡Por supuesto! contesté rápidamente que sería una maravilla y él me la hizo sin más. Y así conseguí entrar en la academia. Y el primer día recuerdo como todo el mundo salía de sus despachos para preguntarme ¡si realmente conocía a Danny de Vito y Pedro Almodovar!

¿Y cómo definirías tu estilo como cineasta?

Yo me veo como una isla en medio del Atlántico: Me gusta mucho el sistema de trabajo americano, pero me interesan más las historias “europeas", que tienen más profundidad, más contenido. Pero no pienses que sólo busco historias muy profundas, dirigidas a un público muy reducido. Me gusta mucho contar historias de otros países, de sus gentes, de su cultura, de cómo viven, pero desde una mirada mediterránea. Yo pienso que una de mis responsabilidades como cineasta es llenar salas, hacer que la gente pase un buen rato. A menudo la crítica trata a la comedia como un género menor, y yo siempre he pensado que es mucho más difícil hacer reír que llorar. Soy una convencida de que parte de nuestro trabajo es llenar salas, que la gente disfrute durante un rato viendo una película y que se evada de los problemas que todos tenemos. Creo que la voz del público es fundamental y, por eso, me encanta que este año se haya añadido por primera vez el premio del público en los Gaudí. A mí personalmente, los premios que me hacen más ilusión son los del público.

¿Te ves haciendo series, por ejemplo, en Netflix o HBO?

Por supuesto, me encanta este formato porque te permite explicar historias con mucho más detalle, te permite, por ejemplo, adaptar un libro sin tener que descartar partes importantes de la trama. Ahora mismo estoy desarrollando tres series que todavía no sé cuándo se emitirán, pero con las que estoy disfrutando mucho.

Y las mujeres protagonistas de tus películas ¿cómo son?

Me gusta que sean mujeres fuertes, complejas, pero que no sean quejicas, en definitiva, las mujeres de hoy. Tengo en cuenta que hay un amplio público femenino que no se siente atraído por depende que tipo de personajes o historias, e intento ofrecerles el tipo de protagonista que a mí me gustaría encontrar en una película. Y, sobretodo, cambiar la imagen de la mujer que se ha dado siempre desde una perspectiva masculina. Está claro que vemos las cosas de forma distinta y las contamos de forma distinta también. Yo siempre he defendido que las mueres somos contadoras de historias por naturaleza y creo que es importante que las contemos en el cine con nuestra propia visión.

También das clases a actores ¿verdad?

Sí, y la verdad es que es algo que me apasiona. Doy clase de dirección de actores y eso me ha ayudado mucho a darme cuenta de lo que en realidad sabía y ponerlo en orden. Creo que nos pasa un poco a todos en nuestras profesiones. Vamos acumulando experiencia y conocimientos y, a menudo, no somos conscientes de lo que sabemos y de cómo puede ser valioso compartirlo con la gente que empieza. También doy clases a directores y a veces pienso: ¡a ver si sabrán más que yo! Pero hablando en serio, una de las cosas que más critico de las escuelas de cine de aquí, que ahora tienen un gran nivel, es que hay muy poca formación en dirección de actores y, supongo que, por eso, yo tengo tanta demanda de clases. Estoy convencida de que en mi profesión tienes que estar aprendiendo constantemente y en España no hay cursos de reciclaje de profesionales del cine como a los que yo asisto en Estados Unidos. Es una pena y deberíamos dar valor a la formación continuada.

¿Y qué les quieres transmitir a tus alumnos, a los actores?

Te digo el título de mi curso y creo que te darás por contestada: ¡Buscando la verdad! Y es que estoy convencida de que un actor no debe interpretar, debe ser, debe estar, no debe interpretar un personaje sino sentirlo.

Hablemos de futuros proyectos.

Ahora mismo, además de las series que te he comentado, estoy trabajando en dos películas. Una en Méjico, que es una comedia alocada con dos amigas como protagonistas, y otra aquí que yo calificaría como un dramedy, un drama, pero contado en clave de comedia. La verdad es que el año pasado tuve que hacer un pequeño parón, ya que venía de rodar tres películas y un documental de forma consecutiva, una de ellas Rastros de Sándalo basada en tu novela, y necesitaba un descanso. ¡Pero ahora ya vuelvo a necesitar marcha!

Y me han dicho que tu hija también quiere dedicarse al cine ¿no?

Sí, quiere ser actriz. La verdad es que por un lado me gusta y por el otro me asusta un poco porque es muy difícil llegar a serlo. De las muchas chicas que empiezan, muy pocas llegan a poder dedicarse a ello de forma profesional. ¡Y la verdad es que lo hace muy bien! En general creo que las nuevas generaciones de actores son mejores que los de hace años. Saben meterse dentro del personaje y no sobreactúan, no se les nota falsos. En casa, aunque su padre es realizador de publicidad y yo cineasta, nunca le hemos enfocado hacía la actuación, en realidad casi ni tenemos videos de ella de pequeña, pero supongo que lo debe llevar en la sangre.

Dale a las nuevas generaciones un consejo para triunfar en el cine.

¡Uf! yo te diría que lo primero sobre lo que deben reflexionar es acerca de qué significa triunfar para ellos. Si lo que quieren es ser famosos, tal como se entiendo hoy en día la fama, mejor que se olviden del cine y se hagan youtubers. Es una profesión muy dura y en muchas ocasiones poco agradecida. Personalmente, creo que lo mejor es disfrutar del proceso, de la creación y, si después llegan reconocimientos o premios, bienvenidos sean, pero si empiezas un proyecto con el objetivo de ganar un Oscar, por decir algo, tienes todos los números para estrellarte.

María Ripoll
Ripoll debutó en el cine con Lluvia en los zapatos.

Háblame de tu parte interior, de tus trucos para estar bien cuando te enfrentas a un nuevo proyecto

Lo que más me ayuda: ¡bañarme en el mar! Lo digo en serio, aunque es cierto que intento seguir unas pautas antes de empezar una nueva película. La primera es estar bien físicamente ya que sé que me tocará lidiar con jornadas interminables de trabajo y, a menudo, en condiciones bastante duras. Y la otra, que he aprendido con los años, es ser positiva. En mis inicios, antes de empezar un proyecto, pensaba: no te vas a estresar, no te impliques demasiado, todo saldrá bien… y enseguida comprendí que me estaba engañando a mí misma y que me estresaba, me implicaba y las cosas salían a veces mal, como en la anterior película. Así que he aprendido a ser muy positiva y, como te comentaba antes, a regenerar la frustración en energía positiva.

Para terminar, ¿cómo llevas la conciliación entre la vida profesional y personal?

A ver, si te contestara rápido y sin pensar, debería decir que muy mal. Por mi profesión viajo mucho y paso largas temporadas fuera y eso, lógicamente, no ayuda a tener una relación fluida con tus hijos. Pero siendo un poco más reflexiva, te puedo decir que, bajo mi punto de vista, hay algo tan o más importante que el pasar horas con tus hijos, y es que vean que haces algo con lo que disfrutas, algo que te llena como persona y que vives con pasión, algo en lo que pones el alma. Pienso que es una fantástica educación para ellos.

María es como las protagonistas de sus películas, compleja pero no quejica, fuerte, una mujer de hoy. Cuenta con naturalidad y humildad su carrera profesional, como si fuera lo más normal del mundo y es que, como ella me contaba, disfruta del trayecto, de la creación y los premios son una bonita recompensa, pero no el objetivo. Me ha desvelado su truco para sentirse bien, para recargar pilas cuando el trabajo se le lleva la energía: bañarse en el mar sea invierno o verano, haga frio o calor. Ese mar que baña las instalaciones de su refugio particular, el Club Natació Barcelona.