Isidre Esteve es mundialmente conocido como piloto, primero de motos y después de coches, en el famoso y duro Rally Dakar. Su historia no ha sido fácil ya que, un accidente en 2007 estuvo a punto de costarle la vida y le ocasionó una lesión que le obligó a replantearse su vida. Su historia de superación es un ejemplo para muchos, aunque a él no le gusta que le consideren ejemplo de nada. Junto a su esposa, Lidia, han lanzado el proyecto de la Fundación Isidre Esteve, focalizada en la mejora de vida de personas con discapacidades físicas. Recuerda muy bien los primeros lugares de Barcelona por los que pudo pasear en los permisos que le daban en el hospital: el paseo de la Villa Olímpica delante del mar y la Diagonal.

La Barcelona por la que puedes pasear. ¿Por qué es tan importante?
Verás, cuando sufrí el accidente tuve que estar hospitalizado por un larguísimo periodo de tiempo. Cuando empiezas a mejorar te dejan salir, pero sólo con permisos cortos, de fin de semana como mucho. Con Lidia nos dedicamos a redescubrir una Barcelona a la que no habíamos dado mucha importancia hasta entonces. Buscábamos lugares por los que poder pasear con facilidad en silla de ruedas y acabábamos cada día en el paseo frente al mar de la zona olímpica o en la Diagonal. En ambos lugares experimentaba una sensación fantástica, de vida. A menudo, sentado con Lidia tomando un helado delante del mar, pensada: “esto es una pasada. ¿Cómo no lo había valorado antes? Supongo que uno de los aspectos positivos de una experiencia como la mía, es que valoras cosas que antes te pasaban desapercibidas.

Es una forma de contemplar todo sin centrarte en nada en concreto, ¿no?
Claro, a menudo cuando visitamos alguna ciudad, nos entra la necesidad de ir a visitar este o aquel monumento y nos olvidamos de ver la ciudad y, sobre todo, sus gentes. Algo que descubrí de Barcelona es que es una ciudad increíblemente fácil y accesible para personas que, como yo, se deben mover en silla de ruedas. Por la Diagonal, por ejemplo, puedes recorrer kilómetros sin ningún obstáculo. ¡Y después está la gente! Me sorprendió y todavía me sorprende la cantidad de gente que se acerca para ayudarte cuando cree que estás en una dificultad, aunque en realidad no lo sea para ti. Es bonito ver que Barcelona está habitada por personas con esta sensibilidad hacía el prójimo. Y no quiero olvidar nuestros paseos por la parte alta del Tibidabo. Bueno, para ser sinceros, íbamos allí porque, además de tener unas vistas impresionantes, en uno de los bares que hay ¡sirven los mejores bocadillos de queso con anchoas del mundo!

"Barcelona es que es una ciudad increíblemente fácil y accesible para personas que, como yo, se deben mover en silla de ruedas"

¿Cómo empiezas en el mundo del motor?
Por casualidad absoluta. Yo soy de un pequeño pueblo de Lleida, Oliana. Vivíamos en las afueras del pueblo en una casa de payés, con su cultivo y su ganado. Mis hermanos, que eran bastante mayores que yo, a los 12 o 13 años ya conducían una moto para poder desplazarse a la escuela o al trabajo y yo, con tan solo 10, ya se la cogía cuando la necesitaba. No era un tema de diversión, era pura necesidad para que todos llegáramos a la escuela y al trabajo. Empezábamos a trabajar de muy niños, como ayudantes de cocina o camareros, para contribuir a la economía de casa. Éramos gente humilde. Nunca nos faltó de nada, pero te aseguro que tampoco sobraba de nada. En mi pueblo se hacía una competición de enduro que se llamaba la Enduro del Segre. Yo los fines de semana ayudaba en la organización de la carrera y cuando veía todas esas motos y sus pilotos pensaba: sería chulo un día hacer esto. Lógicamente, en casa me decían que debía seguir estudiando y trabajando y que, eso de las motos lo dejara para gente que se lo pudiera permitir.

Isidre Esteve empezó compitiendo en motos
Isidre Esteve empezó compitiendo en motos

Pero llega la mayoría de edad y tienes la opción de elegir por ti mismo.
Antes, la mayoría de edad era un cambio importante, no como ahora. Cuando cumplí 18 años, tenía unos ahorros que me había ganado trabajando. Años antes, mis padres habían montado un negocio de hostelería para que pudiéramos trabajar toda la familia juntos y la situación económica era algo más desahogada. Así que decidí comprarme una moto para participar en la Enduro del Segre y así lo hice.

¿Y tus padres cómo se lo tomaron?
Bastante bien. Mi madre tenía el lógico miedo a que me hiciera daño y a mi padre le gusto bastante que me ilusionara con el tema. Pero eran otros tiempos, mis padres nunca me acompañaban a las carreras, para ser exactos nunca han estado en una carrera en la que yo participase. Sé que a mi padre le hacía ilusión hojear el periódico para ver si hablaban de su hijo, pero no podían desatender el negocio familiar para seguirme. Mi hermano mayor, Cisco, sí que me acompañaba cuando el trabajo en el hotel se lo permitía. Siempre le han encantado las motos y el ambiente de las competiciones.

¿Fue muy difícil entrar en el mundo de la competición?
No creas, eran otros tiempos y todo era muy distinto. Además, el mundo del motociclismo off-road no tiene nada que ver con Moto GP y cosas parecidas. Yo me apañaba todo el año con la misma moto y me bastaba un coche con remolque para desplazarme hasta el lugar de la competición. No se requería de una gran inversión. Yo empecé en el año 90 y había mucho empuje institucional para fomentar el deporte base. También fue importante que yo, que no había ni tan solo asistido como espectador a una carrera, gané el campeonato de España junior el primer año que corría. Al año siguiente subí a la categoría Élite y al segundo año en esa categoría volví a ganar el campeonato de España. En tres años estaba en el equipo nacional patrocinado por Gas-Gas y había conseguido que competir no me costara dinero. No ganaba casi nada, pero no me costaba nada. Compaginaba la competición y mi trabajo en el negocio familiar y todo iba bien.

Y el cambio radical llega con el Dakar.
Por supuesto, ahí cambió todo. Yo debuté en el Dakar con 25 años y es cuando me convierto en profesional. Me costó 2 meses conseguir el dinero para poder ir. De la mano de una persona increíble, Josep Lluís González, conseguimos que instituciones y empresas de Lleida se involucraran en el proyecto. Y sin casi entreno ni experiencia en rallies de esas características, me lancé a la aventura.

Tras su accidente, Isidre Esteve compite en la edición de coches del Dakar
Tras su accidente, Isidre Esteve compite en la edición de coches del Dakar

De Oliana a África. ¡Sin duda una aventura!
Ese primer Dakar me cambió la vida, siempre digo que me hizo mejor persona. Me embarqué en la aventura sin tener ni idea, por ejemplo, de cómo funcionaba un GPS. Aún recuerdo como días antes de la salida me enseñaban a introducir las coordenadas. Mis etapas duraban todo el día, de las 6 de la mañana hasta la noche. A menudo me perdía y pensaba: estás solo aquí, en medio de la nada, no tienes ni idea de si la pista correcta queda a izquierda o derecha, nadie te va a encontrar y será el fin, morirás aquí y los demás ni se enterarán. Pero siempre aparecía alguien y te echaba una mano. Era alucinante encontrar en un punto del desierto a 200 Km de cualquier lugar habitado, a una familia debajo de un árbol. O a un par de críos con grandes bidones de gasolina que te servían con una manguera después de succionar para que la gasolina saliera. Allí, en medio de ningún lugar. Pensabas: ¿cómo narices han llegado aquí? Y los paisajes, duros a veces, verdes y bonitos otras. Donde había agua, había alegría y color. Donde no, la situación era dura, extrema. Pero sobre todo la gente. Qué gente más maravillosa, siempre sonrientes, aunque no tuvieran casi nada. Fue una lección de vida. Fue un aprendizaje personal muy por encima del profesional. Ver como aquella gente que tienen un montón de problemas, que carecen muchas veces de lo más básico, son capaces de sonreír, te hace reflexionar mucho acerca del valor real de las cosas. Como te he dicho, creo sinceramente que me convertí en mejor persona después del primer Dakar. Cuando volví a Barcelona necesité 2 meses para resituarme, para absorber totalmente lo vivido, para darme cuenta que tenía ya una marca indeleble, la marca de África.

"Mi primer Dakar me cambió la vida, siempre digo que me hizo mejor persona"

Y el Dakar se convierte ya en un clásico para ti.
Los siguientes Dakar ya son distintos. Ya te centras más en la competición y en la parte profesional. Me resultaba más fácil conseguir patrocinio ya que mis resultados como piloto privado habían sido muy buenos: mejor piloto privado el primer año, primero en ganar etapa el segundo año y cuarto de la general el tercero. Después, en 2002, ya entré como piloto oficial de KTM bajo los colores de Repsol y Telefónica Movistar. Y así estuve hasta 2007 en que tuve el accidente. No conseguí mucho mejores resultados que como piloto privado, pero sí que es cierto que estaba en ese grupito que aspiran a ganar, que tienen posibilidades reales de hacerlo. Eso es lo realmente importante en el mundo de la competición, estar en ese grupo.

2007, un año muy difícil
Sí, fueron momentos durísimos. Ten en cuenta que estuve al borde de la muerte. Lidia tuvo que firmar la autorización para que me operaran de urgencia, aceptando que no podían garantizar que saliese vivo de quirófano. El sobrevivir ya fue un regalo. Y la verdad es que esos momentos en que piensas acerca de todo lo que ya no podrás hacer, nos duraron muy poco, como medio día más o menos. Giramos la tortilla y empezamos a pensar sobre todo lo que todavía podíamos hacer, a elaborar planes de futuro, a dar gracias de que estuviera vivo. Es esa capacidad que tiene el ser humano de adaptarse después de un golpe tan fuerte. Algunos tardan algo más, otros menos, pero al final casi todos lo consiguen. En mi caso creo que el apoyo de los míos y los valores que me había inculcado el deporte me fueron de gran ayuda.

Y os lanzáis con la fundación.
Fue el producto de aplicar lo que a mí me había servido para ayudar a los demás. Te cuento. En mi caso, además de seguir la rehabilitación en el Institut Guttmann, continuaba mi trabajo en el gimnasio al que iba desde siempre, con Lidia. Era entrenamiento, no rehabilitación. La idea era mejorar mi calidad de vida a través de un entrenamiento específico que me proporcionara la máxima autonomía posible, la máxima salud y calidad de vida. A mí me funcionó y pensamos que debíamos poner el método al servicio de la gente que lo pudiera necesitar. Y nos dijeron que la mejor forma de articular esta iniciativa era con una fundación. Lidia es el alma de esta institución y con ella tratamos de ayudar a cuantos más usuarios mejor. Sí, has entendido bien, no son pacientes, son usuarios de nuestras instalaciones, asesorados por nuestros expertos. No queremos hablar de pacientes y rehabilitación. En nuestro caso son usuarios que vienen a entrenar. Ya tenemos Centros Puente en distintos puntos de España para entrenar a nuestra gente.

Isidre Este y su mujer, Lidia, se han volcado con la Fundación
Isidre Este y su mujer, Lidia, se han volcado con la Fundación

Pero el Dakar te vuelve a llamar.
¡Tienes razón! Justo antes del accidente, yo estaba trabajando con un grupo de gente y una marca para crear un equipo español de competición de motos para el Dakar. El proyecto quedó truncado por mi accidente, pero un día en que estábamos cogiendo un avión, me llamaron para decirme que, ya que el equipo de motos no se podía hacer, me proponían crear uno de coches. Y dije que sí. La experiencia fue bastante mala y a la vuelta me pasé mucho tiempo inmovilizado a causa de las llagas que se me habían producido por tantas horas sentado en el coche. Los médicos me dieron un pronóstico muy malo que me limitaba mucho la actividad normal. Pasado un tiempo, cuando estaba de comentarista del Dakar en TV3, conocí a Josep María Lloreda, director general de KH7. Me vino directamente y me dijo que quería que volviera al Dakar en coches. Le conté que era imposible a causa del problema de las llagas y me dijo que eso se debía solucionar. La solución pasaba por crear un cojín inteligente que controlara la presión en las distintas partes del cuerpo para que no se crearan llagas. Era sólo una idea, nada probado, pero me dijo que no entendía por qué no existía y que él financiaba su desarrollo. Y al cabo de poco había montado un equipo multidisciplinar que se puso manos a la obra hasta que concluyó el modelo definitivo. Lo probamos en el último Dakar a consciencia. Eran etapas muy duras y yo me sometía a todo tipo de controles médicos antes y después de cada una para comprobar el estado de mi piel. Resultado final: piel perfecta, ninguna llaga y cuartos de nuestra categoría. Muy importante en un deporte totalmente inclusivo donde no tienes ninguna ventaja por tener una discapacidad física. Mis rivales eran Carlos Sainz, Nani Roma y compañía. Ahora el producto es ya una realidad y lo presentamos en pocos días. Se comercializará en 3 modelos distintos para cubrir el máximo espectro de necesidades, se llama Núbolo y estará disponible en todo el mundo. Es uno de los grandes proyectos de la fundación y estamos seguros de que ayudará a mucha gente.

No te gusta que te digan que eres un ejemplo a seguir
En absoluto, ¡es qué no lo soy! Yo no me siento ni quiero ser un ejemplo de nada. Soy un luchador que se ha enfrentado junto a los suyos a lo que le ha venido, de la mejor forma que ha sabido y que ha intentado ser feliz pese a las adversidades. ¡Y que lo ha conseguido! Si eso le sirve a alguien para afrontar sus problemas, me alegro de todo corazón, pero no me considero un ejemplo a seguir. El mundo está lleno de luchadoras y luchadores que superan cada día un montón de dificultades.

 

Isidre es de esas personas directas, transparentes, que dice las cosas tal como las siente y que no esconde nada. Lleva, junto a su esposa Lidia, una vida hiperactiva entre la Fundación, la competición y los centenares de actos a los que les piden que acudan. Pero es que ellos son así, activos al máximo y llenos de inquietudes y nuevos proyectos que les consumen las horas. Tal vez, para tener un breve descanso, deban escaparse de vez en cuando a tomar un helado delante del mar en la villa olímpica o un bocadillo de queso y anchoas en el Tibidabo. Seguro que estos rincones de Barcelona se alegrarán de ver a Isidre con tanta vitalidad y ganas de vivir.

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