ARCHIVADO EN:

A veces olvidamos que en Catalunya, y especialmente en Barcelona, no sólo viven catalanes independentistas o catalanes que se sienten españoles, sino también españoles que se sienten como tal y extranjeros que trabajan aquí y que, en estos momentos de zozobra política, se sienten como en un fuego cruzado en una zona de combate ideológico.

El pasado octubre, un artículo publicado en ‘Expansión’ puso el dedo en la llaga. Marco Hulsewe, un holandés afincado en Barcelona desde 1995, propietario de una empresa financiera, explicaba “por qué nos iremos de Cataluña”.

En su escrito, Hulsewe contaba una conversación de cuatro altos directivos extranjeros que trabajan como él en Barcelona y que admitían estar pensando en marcharse. “Si sigue así la situación, nos vamos”. Esto era, como decíamos, hace apenas tres meses. Desde entonces, miles de empresas han levantado sus reales y los han plantado fuera de Cataluña, entre ellas las dos grandes entidades financieras catalanas: Caixabank y Banco de Sabadell. Pero no tan sólo empresas, sino también personas físicas, profesionales como Hulsewe y sus cuatro amigos, o como Alfonso Biescas Vignau, protagonista de esta crónica.

 “Adiós, me voy de Barcelona”, nos avanzó Biescas hace unos días, antes de que hoy mismo cumpliese su palabra. “¿Por qué? Ya no estoy bien viviendo aquí. No encajo, porque algunos han partido esta sociedad. Ahora no se van sólo las empresas, también nos vamos los profesionales. Creo que si esta tendencia tiene continuidad en los próximos meses va a ser terrible, porque supondrá una pérdida de talento de cara al futuro. Y no sólo para Barcelona, sino para toda Cataluña”.

Alfonso Biescas es un polifacético artista cuya creatividad le ha llevado a destacar en diferentes campos. Pionero del surf en España, su inquietud le ha conducido a ejercer de arquitecto, dibujante, ilustrador, investigador de tendencias, diseñador de moda, director en diferentes proyectos de arte, pintor, editor y escritor.

“Me voy por coherencia y por ecuanimidad. No puedo seguir viviendo en un lugar en el que la mitad de la gente le tiene fobia/odio a la otra mitad. La culpa la tienen unos políticos que nos han vuelto a enfrentar, que no han sabido valorar el alcance de sus desatinos y a quienes sólo les interesa su carrera política”, prosigue Biescas, que llevaba 55 años viviendo en Barcelona y que ahora va a cambiar por Santander. “Muchos ya estamos hartos de la supremacía nacionalista”.

“¡Yo soy de Bilbao, eh! Llegué a Barcelona con 17 años para estudiar Arquitectura, porque entonces –hablo de los 60- Barcelona era una gran ciudad, cosmopolita, abierta al mundo. Esto lo ha dicho ya Vargas Llosa, entre otros, y certifico que es verdad. Culturalmente hablando, no tenía igual con el resto de España”, recuerda. “En los últimos tiempos, por desgracia, todo se ha ido deteriorando hasta llegar a donde estamos”.

-Ha citado a Vargas Llosa. Parafraseando una de sus obras, ¿en qué momento se jodió Barcelona?

-Para mí, desde la cita olímpica de 1992. Aquel éxito acabó siendo dañino, porque algunos se adueñaron de Barcelona, dijeron que todo era exclusivamente gracias a los barceloneses y a los valores del catalanismo. A partir de ahí, esta sociedad no ha dejado de mirarse el ombligo y se ha hecho provinciana, dura para el que llega de fuera; cuesta integrarse y se han creado güetos.

DEMASIADO CARA PARA VIVIR

Considerado uno de los principales expertos mundiales en el Camino de Santiago, Formentera es otra de las grandes pasiones de Biescas. Enamorado de su luz y de sus transparentes aguas, pasa allí medio año y desarrolla dos de sus artes: la pintura y la literatura. Con ‘Una idea Peregrina’, inició su andadura en el mundo de las letras, obra a la que siguió una trilogía de guías noveladas sobre la pequeña isla balear: ‘Luz de Verano’ (2010), ‘Luna de Formentera’ (2011) y ‘Amanecer en Formentera’ (2012).

 “Tengo dos razones básicas para decir adiós; una, socio-económica; la otra, socio-política”, continúa Biescas. “La primera es porque necesito gestionar mi patrimonio. Barcelona se ha convertido una ciudad carísima, donde se pagan impuestos astronómicos por todo y, sin embargo, donde te cuesta encontrar un buen sueldo en según qué profesiones”, asegura. “Aquí interviene la segunda razón, la socio-política, porque se ha creado una línea ideológica separadora entre los que son catalanistas y los que no lo son. Si eres nacionalista, se te abren las puertas; si no lo eres, lo tienes muy difícil”.

Si quieres leer más noticias como esta y estar informado de la actualidad de Barcelona, descárgate nuestra app para iOS y Android.