La tecnología ha cambiado totalmente nuestro mundo. Todo es digital, inmediato e intangible, se ha perdido la costumbre de coleccionar álbumes fotográficos y las imágenes en papel se consideran reliquias, pero todavía hay gente que las guarda, que admira su longevidad y las custodia como tesoros

Un día, Silvia, una vecina de la ciudad de Barcelona, se encontraba merendando en Petritxol Xocoa, una conocida chocolatería de la calle Petritxol del barrio del Raval. Mientras disfrutaba de un chocolate caliente se percató de los cuadros antiguos que adornan las paredes del local. Una de las imágenes le pareció familiar, creyó reconocer a su madre entre las mujeres de la fotografía.

Días después Silvia quiso comprobar si realmente en esa imagen aparecía su madre o si simplemente se trataba de una confusión. Acudió a la chocolatería junto a ella y, efectivamente, la mujer se reconoció en el cuadro. Sixta, la madre de Silvia, no pudo contener la emoción al verse ella misma en una imagen que ni siquiera sabía que existía. Todos los recuerdos de su juventud le llegaron de repente. Tal como explicó a todas las personas que se encontraban en la chocolatería y que quedaron estupefactos al darse cuenta de la situación, esa imagen pertenecía a unas Fiestas de Gracia de hace 70 años, en las que ella era una de las voluntarias que repartía chocolate a los niños. Ella era la segunda empezando por la izquierda. 

La señora Sixta en la chocolatería Petritxol Xocoa / PETRITXOL XOCOA INSTAGRAM

Según el dueño de la chocolatería, Ignasi del Rey, fue un momento totalmente inesperado y mágico: "Nos quedamos flipando, porque no nos lo esperábamos para nada, son fotos que vemos diariamente y evidentemente no esperas que venga una de las señoras que aparecen en la imagen". "La madre vino, vio la foto y se emocionó, hacía muchísimos años que no veía aquellos amigos con los que aparecía en la imagen". 

Sixta Oteiza Navarro nació en 1930 en un pequeño pueblo de Navarra, Valtierra. A los 14 años se vino a vivir a Barcelona y empezó a trabajar en la pastelería de sus tíos, que se encontraba en la calle Gran de Gràcia. Se casó con su marido, Elías Bartolome, y trabajó de dependienta en una tienda de legumbres hasta que nació su hija, en 1965. Vivió hasta el año 2000 en la calle Enric Granados y posteriormente se trasladó a La Sagrera.

A sus 89 años no imaginaba volver a ver una de aquellas fotografías. Sin duda, fue uno de los momentos más emotivos que han vivido en la mítica chocolatería barcelonesa, un momento único en el que los recuerdos llegan y las emociones afloran