El 24 de agosto de 2016 es un día que Marta difícilmente olvidará. Embarazada de seis meses de mellizos, fue al médico para hacerse pruebas. Mientras estaba de vacaciones en su Burgos natal, se encontró un bulto en el pecho. “Al principio creía que era una mastitis, pero mi cabeza ya presentía que era algo más grave”, explica. Como ya tenía cita con su médico en Granollers para el seguimiento del embarazo, pensó que lo mejor era acortar sus vacaciones y que la vieran allí. “Me diagnosticaron cáncer de mama y al día siguiente ya me habían mandado al Vall d'Hebron”.

Su caso ya era de “estudio”, como ella misma lo define, porque el cáncer de mama durante el embarazo es algo muy infrecuente. De hecho, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) estima que se da entre el 0,01% y el 0,03% de los casos, aunque no hay datos de incidencia fiables. Pero en la décima sesión de quimioterapia hubo otro contratiempo: “Notaba un picor en el cuello y tonta de mí pensé que era por un pañuelo que había comprado”, relata con buen humor esta burgalesa de 33 años, “pero las enfermeras se dieron cuenta de inmediato de que era una reacción alérgica”.

CADA VEZ MÁS COMÚN

La alergia a la quimioterapia, o más bien a alguno de sus medicamentos, como el carboplatino o el placlitaxel, es también algo muy raro. En el hospital Vall d'Hebron, que realiza tratamientos de desensibilización desde hace tres años, han tratado a unos 110 pacientes. “Antes era algo ocasional y ahora cada semana tenemos pacientes”, señala la responsable del Servicio de Alergología del hospital, la doctora Victòria Cardona

“Las alergias se producen a base de tener contacto con una sustancia. Lo normal es desarrollar una sensibilización cuando te lo han administrado varias veces”, como le sucedió a Marta. Y cada vez es más común. “Estas alergias son más frecuentes porque los pacientes se someten a más tratamientos, la tasa de supervivencia es mayor y al cabo de los años tienen una recidiva [repetición de la enfermedad] o desarrollan otro cáncer y tienen que someterse a otra quimioterapia”.

UN PROCESO LENTO

Para que el paciente pueda recibir la quimioterapia, primero debe someterse a un proceso de desensibilización a su alergia. La técnica consiste en administrar el medicamento con diferentes diluciones hasta que se llega a la toma completa. Marta, siempre risueña, lo resume a la perfección: “Es como una quimio normal, solo que me paso más rato enchufada a la máquina”. Lo que normalmente duraría una hora, al ser alérgica necesita tres y luego le toca otro medicamento, que pueden ser otras tres horas. 

Y necesita supervisión constante por si se produce una nueva reacción alérgica. “Las dos primeras sesiones están controladas por los médicos y luego son las enfermeras las que se hacen cargo. Es un proceso que consume muchos recursos y es tedioso para los pacientes porque tienen que pasar muchas más horas en el hospital”, puntualiza la doctora. Con el tiempo los servicios de oncología y alergología, coordinados con enfermería y farmacia, han afinado los protocolos. “Es un trabajo en equipo”.

CAMBIO DE MENTALIDAD

A pesar de todos los obstáculos que se va encontrando por el camino, Marta no quiere sentir la “compasión” de la gente que la rodea. “El cáncer es una palabra que impresiona, pero no hay que tenerle miedo. Hay dos caminos: luchar o llorar. Yo quiero luchar”, dice con aplomo. “Cuando tienes cáncer, a veces ya casi te entierran”, interrumpe su compañera de habitación, que lleva tratándose un cáncer desde hace casi seis años. “Es una enfermedad dura, pero la sociedad tiene que hacer un cambio de chip. A la larga, si no se puede curar, al menos se va a cronificar”, dice mientras Marta asiente.

Eso no quiere decir que no haya malos momentos. “La primera sesión de quimioterapia después de haber tenido la reacción alérgica fue difícil. Estaba asustada. Tuve otra reacción y pararon en seco. Nadie me decía nada y estaba deseando terminar el tratamiento porque es muy cansado venir cada semana”. Algo muy normal, según la doctora Cardona. “Cuando un paciente tiene una reacción alérgica a algo que en teoría le tiene que salvar la vida, lo llevan mal. Es una experiencia traumática, pero luego agradecen mucho que se les ayude a recibir el tratamiento”.

PASO A PASO

Después de que le diagnosticaran cáncer, su primera reacción fue pensar en sus hijos, que ahora apenas cuentan meses. “Recibí dos sesiones de quimioterapia mientras estaba embarazada, mucho más suaves, y por suerte todo fue bien. Les han hecho pruebas y están sanos. No tuve miedo porque los médicos me dieron mucha confianza y, dentro de todo, lo bueno es que van a estar vigilados de por vida”, ya que efectivamente se trata de un caso de estudio, literalmente.

Su actitud desde el primer día ha sido la de afrontar una cosa a la vez. “Soy una persona que no quiere mucha información. Prefiero ir paso a paso. Me dije que haría todo lo que me pidieran sin volverme loca. Al principio tenía miedo a los posibles efectos secundarios [vómito, malestar]. Por suerte solo se me ha caído el cabello y poco más”.

Como es su última sesión de quimioterapia, Marta se despide con amabilidad. “Mañana tengo cita con el doctor que me va operar. No quiero toda la información, que bastantes vueltas le doy a la cabeza. A ver cómo va”, dice con otra sonrisa. Pero eso ya es una historia para otro día porque, como dice ella, la lucha contra el cáncer es día a día y paso a paso.