Olga Viza es, sin duda, uno de los grandes nombres del periodismo español, una de las comunicadoras que, desde que empezó en televisión en 1978, nos ha narrado momentos decisivos en nuestras vidas y ha sentado enfrente suyo a personajes de talla mundial. Nacida en Barcelona, fue la encargada de narrar la inauguración de los Juegos Olímpicos, uno de los momentos clave de nuestra historia reciente. Siempre a caballo entre Barcelona y Madrid por motivos profesionales, siente un gran cariño por el que fue lugar de juegos de su infancia, el Park Güell.

¿Por qué el Park Güell?
¡En mi caso es casi obligado, yo nací y viví allí! Nuestra casa era una de las que estaban en la entrada de la parte de arriba del parque y mi colegio era el Virolai, una casa con jardín pegada al parque también. Así que el parque era mi casa, ni más ni menos. Nuestra casa era una de esas construcciones antiguas, grande, donde nosotros ocupábamos una planta y mis tíos y mi primo la planta superior. En esa época no iba nadie al parque, era un lugar que sólo frecuentábamos los de las casas cercanas y alguna familia que iba de paseo el domingo. Así que, para mi primo y yo, era nuestro lugar habitual de juego, conocíamos cada rincón, cada escondite secreto, era nuestro particular “parque temático”

Así que uno de los mayores exponentes del modernismo era vuestro lugar de aventuras ¿no?
Sí, sí, totalmente cierto. En esa época, para mí no era más que un gran lugar fascinante, lleno de sitios misteriosos donde jugar al escondite y, naturalmente, no tenía ni idea ni de modernismo ni de porqué eso estaba allí, al lado de mi casa. Cuando de mayor empecé a conocer la historia del parque, empecé a ver todos esos lugares con otros ojos. Entendí, por ejemplo, que la gran plaza llena de columnas donde jugábamos a las 4 esquinas, era en realidad el lugar donde se debería haber instalado el mercado proyectado para esa urbanización, que nunca llegó a existir. Y descubrí el porqué de esos bancos de formas imposibles por los que de niña me revolcaba. Su diseño se había hecho a partir de un molde de yeso resultado de sentar a un operario para darle forma. Es por eso que, aunque la forma parezca una locura, la realidad es que cuando te sientas en ellos son cómodos. Lo vi todo desde otro prisma y todavía me hizo más ilusión el haber tenido ese lugar tan especial casi “reservado” para mí.

Descúbrenos alguno de esos lugares secretos que teníais
Bueno, en realidad ya no son secretos, ahora están llenos de gente. Pero recuerdo, por ejemplo, el pasillo lleno de columnas torcidas de piedra, que era nuestro refugio. O las bolas, o el dragón, donde me había encaramado cientos de veces, hacíamos de cualquier elemento un juego. Cuando paseo ahora por el parque y recuerdo como campábamos a nuestras anchas, como utilizábamos al dragón de caballo mágico, me parece casi irreal, imposible. Eran otros tiempos y al parque iba muy poca gente, sólo algunas familias a pasar el domingo y poco más, el turismo todavía no había llegado a nuestra ciudad. El parque era nuestro y hacíamos allí lo que queríamos. Eso sí, ¡prometo que nunca rompí nada!

¿Sigues yendo al parque?
Sí, me encanta ir a pasear por él cuando puedo y me sigue fascinando. Es muy distinto, claro. Ahora cuando voy pago mi entrada como todo el mundo y, la verdad, es que me parece muy bien que así sea, pero lo que echo de menos es poder subir las escaleras sin ir detrás de un gran grupo de gente, poder pasear sin estar rodeada de cientos de personas. Ya sé que es lo normal, que debo compartir el parque con los demás, pero siento nostalgia y me gustaría verlo tal como era en mi niñez. Echo de menos el silencio, ese silencio total que reinaba en el parque cuando yo era pequeña.

¿Porqué elegiste el periodismo?
Fue una elección tardía, cuando hacía el curso previo a la universidad. Yo quería ser médico, aunque en casa no había ninguna tradición de ello. Había cursado el bachillerato de ciencias más por convicción que porque me gustara en realidad. A mí, lo que siempre se me había dado bien era escribir. De pequeña, como no tenía dinero, como cualquier otro niño, cuando llegaba el cumpleaños de mi abuela, le hacía un periódico. Elaboraba noticias sobre ella, pegaba fotos suyas y hacía una composición de tres o cuatro páginas que emulaba un periódico de verdad, como los que devoraba mi padre a diario. Me tiraba dos meses haciéndolo y me lo pasaba muy bien. Cuando murió mi abuela, aparecieron todos mis periódicos en su casa, perfectamente guardados. También recuerdo que cuando tuvimos la primera cámara de fotos en casa, era como un tesoro para mí. O que abría la ventana y me ponía a hacer de locutora. Supongo que los vecinos debían pensar que estaba chalada. Pero quería ser médico por un motivo muy concreto: hacían una serie de televisión que se llama “Centro Médico”, protagonizada por Chad Everett en el papel del doctor Gannon. Yo quería ser como ese médico tan guapo, dedicarme a abrir la barriga de la gente. Pero cuando tuve que decidir entre hacer carrera de ciencias o de letras, tuve un toque de cordura y decidí que, si podía estudiar lo que para mí había sido un juego, pues mucho mejor. Y me apunté a periodismo básicamente porque amigos míos lo habían elegido. Ya ves que vocación, poca.

Matias Prats y Olga Viza cubriendo los JJOO de Barcelona
Matias Prats y Olga Viza cubriendo los JJOO de Barcelona 

Y he leído que querías ser corresponsal de guerra
¡Sí, para viajar! Son esas cosas producto de la inconsciencia de la juventud, de la falta de percepción del peligro, de ver sólo la parte bonita de las cosas. Si ahora me lo plantearas te diría inmediatamente que no, pero en ese momento parecía una aventura excitante. Lo dicho, inconsciencia total.

Cuéntame cómo acabas en los deportes. Hay un largo camino desde corresponsal de guerra a deportes ¿no?
La verdad es que sí, poco tiene que ver. Todo vino porque un amigo mío trabajaba en los estudios de Televisión Española en Miramar y me dijo que me había concertado una entrevista con su jefe porque buscaban periodistas. Yo todavía estaba estudiando la carrera y ni me lo planteaba, pero mi amigo casi me obligó. Mercedes Milà dejaba el programa “Polideportivo” para empezar otro proyecto y necesitaban a alguien. Fui y me cogieron. Eran otros tiempos y encontrar trabajo en el periodismo no era como ahora. Cuando lo cuento ahora, me parece casi un pecado viendo las dificultades que tiene nuestra gente joven.

Y de lleno al deporte
Claro, sustituir a Mercedes era un reto. La gente ya no lo recuerda, pero ella era una gran reportera cubriendo la Fórmula 1 y el Mundial de motos. La conocía todo el mundo y tenía una gran amistad con muchos pilotos. Sólo llegar me querían mandar al Mundial de motos y me negué, pedí un poco de tiempo, no tenía ni idea de nada de ese mundo. Me dieron una pequeña prórroga de cuatro meses durante los que estudié todo lo que pude y me mandaron a cubrir el gran premio de Brasil. Así, a la brava, sin anestesia. Era una gran inconsciencia, pero las cosas se hacían así, te lanzaban a la piscina y así veían si sabías nadar.

Estabas en un mundo de hombres. ¿Fue muy difícil?
No, y te contaré algo que a lo mejor te sorprenderá. Aunque eran años en que la sociedad era más tradicional, hablamos de finales de los 70 y los años 80, los hombres con los que me tocó trabajar en Televisión Española de Catalunya, eran gente de mente muy abierta, no distinguían entre hombre y mujeres, valoraban que fueras buen profesional y te implicaras. Y no hablo sólo de gente joven. En ese momento teníamos a un gurú como Juan José Castillo que te ayudaba en todo, que se implicaba en tu desarrollo si te veía implicada a ti, en definitiva, te daba oportunidades. Y con los deportistas puedo decir lo mismo. Siempre encontré respeto profesional y educación. Fueron tiempos maravillosos donde aprendí un montón y, lamentablemente, creo que hemos sufrido una involución en el papel de la mujer en televisión.

Olga Viza juega con un monstruo
Olga Viza juega con un monstruo

Y llegan los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. ¿Tu mejor momento profesional?
Es algo inolvidable. Si lo piensas fríamente, ya pasa pocas veces que se celebren unos juegos olímpicos en tu ciudad, a mucha gente no le pasa nunca en la vida. Si encima este evento te coge en un momento en que tu profesión está relacionada con él y que, además, tienes la posibilidad de contarlo por televisión y de involucrarte desde el primer momento en la organización, eso es algo único, que con mucha suerte te pasa una vez en la vida.

La primera vez que me “enganché” a los juegos, fue en Lausana el 17 de octubre de 1986 en el momento de la proclamación de Barcelona como sede olímpica. Recuerdo que los encargados de retransmitir la ceremonia en catalán éramos Martí Perearnau y yo. Estábamos ilusionados, pero al mismo tiempo veíamos la posibilidad de ganar como algo que estaba ahí, pero que no era ni mucho menos seguro. Retransmitíamos desde un cuartito minúsculo en la sede olímpica desde el que no podíamos ver nada de lo que pasaba. Sabíamos que en Barcelona se había habilitado una zona en la Plaça Catalunya para seguir la nominación en directo, pero no teníamos noticias del seguimiento que estaba teniendo. Recuerdo perfectamente el momento en que dijimos el nombre de Barcelona y como pudimos oír a Barcelona gritar, a toda esa gente que estaba en la Plaça Catalunya y que nos llegaba a través de los auriculares loca de euforia. Aquello fue impresionante, no éramos conscientes de hasta qué punto la ciudadanía estaba implicada en el proyecto.

Y una anécdota divertida. En el avión de vuelta donde volaba toda la delegación yo, como siempre, entré de las últimas. Se me acercó una azafata y me dijo que si le podía hacer un favor. Querían que todo fuera muy catalán, con una cena catalana con cava, pero que no se veían capaces de dar las clásicas indicaciones a los pasajeros en un catalán correcto. Así que yo, ni corta ni perezosa, cogí el micro y empecé: “Señores pasajeros, bienvenidos al vuelo, el capitán….” Inmediatamente se giraron todos los compañeros periodistas que reconocieron mi voz y se armó un gran cachondeo.

Pero te involucras desde el principio ¿no?
Sí, yo como periodista había cubierto dos olimpiadas y sabía cómo funcionaban las ceremonias de inauguración. Y un buen día, me llama Manuel Huerga y me dice si quedamos a comer y charlamos. Me convenció de que me uniera al grupo de gente que estaban ideando la ceremonia inaugural y me encantó la idea. Recuerdo la primera reunión, con todos los creativos, con la gente de la Fura dels Baus. Yo estaba bastante callada, aportando lo que podía entre aquel torrente de creatividad. Y, en el momento en que escuché a alguien que dijo: “¿Y, por qué no convertimos el estadio en el mar Mediterráneo?” pensé que estaban como cabras. Pero en realidad lo que pasaba es que eran genios creativos y todos conocemos el resultado que dio aquella unión de cerebros sin ataduras.

Y llegó el momento que jamás podré olvidar. Estaba junto a Matías Prats en nuestra cabina de retransmisión y llegó desde Madrid la consigna: “cinco y entramos”. Matías me miró y me dijo que ese momento era mío: “Buenas tardes, comienzan los Juegos Olímpicos de Barcelona 92” y a continuación empiezan a sonar las voces de Freddy Mercury y Montserrat Caballé. El momento más mágico que se pueda soñar.

Y después te vas a Madrid y empiezas en los informativos, en política. ¿Qué tal el cambio?
Muy interesante, me apasiona la política. He tenido la suerte de moderar junto a Campo Vidal, debates presidenciales. Un trabajo agotador, pero apasionante y en el que aprendes mucho. He sido enviada especial en EEUU en momentos tan tristes y trascedentes como los atentados del 11-S o las famosas elecciones del eterno recuento entre Bush y Gore. Íbamos para una semana y al final nos quedamos yo qué sé cuánto tiempo. Han sido muchos años muy interesantes, apasionantes y en los que tuve la suerte de topar con gente que apoyaba mucho, que ayudaba al que venía de otra disciplina como yo, que venía del deporte.

Has estado en muchos medios
Después de 15 años en TVE me fichó Antena3 televisión. Estuve en informativos unos cuantos años hasta que salí de la cadena y me incorporé a Tele5. Allí cubrí una de las noticias más tristes que jamás me han tocado, los atentados del 11-M en Madrid. Y tras un tiempo me llamó Pedro Piqueras para ofrecerme un programa de radio en RNE. Le dije a mi jefe en la cadena, que yo nunca había hecho radio y que no quería perderme una oportunidad como esa. Y después de la experiencia radiofónica, me ofrecieron incorporarme a La Sexta, cuando empezaba. Fue una experiencia maravillosa, el nacimiento de algo nuevo, con una filosofía muy clara que creo que se está viendo recompensada.

Hablemos de premios para terminar. ¿Cuál es el que más ilusión te ha hecho de los muchos que has recibido?
El Ondas, sin duda. No me lo esperaba en absoluto, no sabía ni que estaba nominada. Recuerdo que estaba en la peluquería y me llamaron, no me lo podía creer. Llevaba tres años haciendo informativos y yo era muy crítica conmigo misma, no pensaba que nunca me lo pudieran dar. Para cualquier periodista audiovisual, creo que es la mayor recompensa. Aunque hay otros premios que te hacen muy feliz y que te llegan al corazón.

 

Olga es historia viva del periodismo español. Mujer polifacética, fuerte como su abuela y su madre tal como ella me cuenta, se abrió camino en una profesión difícil y supo reinventarse y pasar del deporte a los noticiarios. Esta periodista “sin vocación” como ella misma nos cuenta, ha demostrado que llevaba la profesión en las venas. Cuando te lo explica, ves enseguida que su profesión le sigue apasionando como el primer día, igual que le apasiona su querido Park Güell en el que nació y vivió sus primeros años.