Esta mujer de origen italiano y sonrisa permanente es uno de los grandes nombres de la arquitectura actual. Se instaló hace ya muchos años en nuestra ciudad de la mano de su amor y referente profesional, Enric Miralles, que desgraciadamente nos dejó demasiado pronto en el año 2000. Entiende la arquitectura de la misma forma que entiende la vida, con respeto hacia los demás y el entorno en que todos convivimos. Se declara apasionada del mundo y, en especial, de Barcelona, su ciudad de acogida y donde se lanzó profesionalmente. Más allá de sus reconocidas obras, Benedetta es una persona cercana, alegre, amable, que te recibe con una sonrisa y que habla con la pasión de los que hacen lo que les gusta, de los que se divierten trabajando. Cuando le pregunto sobre su rincón favorito de Barcelona, me comenta riendo que no sabe si todavía se acordará porque se pasa la vida viajando, pero se decide por el Passatge de la Pau, donde tiene ubicado su estudio y la Fundación Enric Miralles.

¿Además de que estás instalada aquí, qué es lo que te gusta de este curioso pasaje?
Conocí este lugar hace 20 años, lo recuerdo perfectamente porque estaba embarazada de mi segundo hijo, y me gustó desde el primer momento porque era un sitio escondido, tenía un áurea de secreto. Nosotros estábamos en la calle Avinyó y nos gustaba mucho, pero este lugar me cautivó desde el primer momento. Cuando nos trasladamos aquí, estaban derrumbando las antiguas “casas de tolerancia”, los prostíbulos, y a mí me daba pena porque eran unas construcciones peculiares, con aires moriscos, como la lámpara de Aladino. Me hubiera gustado conservar alguna de aquellas fachadas, pero en ese momento Barcelona quería hacer limpieza de ese pasado que le avergonzaba, que quería olvidar. Pero si lo piensas bien, tenemos “La Madmoiselle d’Avinyó” de Picasso que retrata a una prostituta de la calle Avinyó, igual que las que trabajaban aquí, así que a lo mejor sí que era un sitio de perdición, pero también era inspirador, tenía fuerza.

Así que ya hace 20 años que estáis instalados en esta casa
Sí, algo más de 20 años. Cuando encontramos este edificio estaba totalmente abandonado, en un estado muy deteriorado, pero estaba ubicado al final de este pasaje tan bonito, con estos adornos tan fantásticos. Enseguida vimos que era una casa bonita y de categoría. Es un conjunto de tres casas iguales que están muy bien estudiadas, que son modernas por el barrio en que están y se parecen poco a las típicas del casco antiguo, parecen más como un experimento previo al ensanche. Me han contado que estas casas eran de familias de comerciantes adinerados y por eso encontramos la entrada de carruajes y la parte baja que se asemeja más a un almacén que a una vivienda. En cambio, el piso noble está pensado como una vivienda de categoría de la época. Son casas que datan de 1.879 y por eso se diferencian claramente de las clásicas del Gótico.

Probablemente por su cercanía al puerto estaban relacionadas con el comercio marítimo ¿no?
Exacto, tienes toda la razón. Es más, si os fijáis en el precioso arco de hierro fundido que está en la entrada de carruajes, descubriréis que hay un símbolo marinero muy trabajado. Seguro que como otras casas de la zona pertenecía a algún comerciante del puerto, pero no hemos podido descubrir su historia real todavía.

Benedetta Tagliabue junto a Enric Miralles
Benedetta Tagliabue junto a Enric Miralles

¿Y por qué te enamoras de esta casa con sólo verla?
Es que el casco antiguo de Barcelona ha sido siempre para mí un lugar de enamoramiento. Cuando llegué aquí sin conocer Barcelona proveniente de Venecia y después de Nueva York, me cautivó de este barrio el espíritu de ciudad medio secreta, medio derrumbada, esta estética tan romántica que también encuentras en Venecia o Nueva York, pero de otra forma. En mis primeros tiempos en la ciudad, Enric se empeñaba en llevarme a Pebralbes o al Eixample, y yo me aburría mucho y le decía: ¡es muy bonito, pero me aburro aquí! Y siempre volvíamos a Ciutat Vella, barrio en el que en ese momento nadie quería vivir. Pero nosotros encontrábamos auténticas maravillas, como el primer edificio en la calle Avinyó donde instalamos nuestro estudio, también en ruinas cuando lo cogimos. Yo me iba a ver todos los edificios que estaban en venta, aunque no tuviéramos intención de comprar nada, y así encontramos nuestra casa y el edificio donde ahora estamos charlando.

Venecia, Nueva York y después Barcelona. ¿Qué encontraste en Barcelona, además del amor?
Encontré una ciudad maravillosa, que probablemente no era consciente de lo maravillosa que era. ¡Empezando por el clima! Yo siempre decía: ¡aquí nunca hace frio! ¡Y la gente me replicaba diciendo que hacía mucho frío cuando igual estábamos a 15 grados! Y también descubrí una ciudad bonita, alegre, con muchos colores y con una arquitectura fascinante.

Hablemos un poco de arquitectura. Junto con Enric creasteis una forma especial de entender la arquitectura ¿verdad?
Enric era un hombre especial, casi un ídolo para mí. Le conocí personalmente en Nueva York, aunque ya conocía muy bien su trabajo, y al llegar aquí se convirtió en mi guía espiritual y arquitectónico de la ciudad. Y su arquitectura era un poco como él, un poco loca, porqué él estaba un poco loco, aunque no lo sabía, y muy experimental. Le gustaba hacer cosas diferentes, muy nuevas pero muy precisas.

Y respetaba mucho el entorno
Sí, era una obsesión para él. Le interesaba mucho analizar el entorno donde debía ir una nueva construcción, quería que la nueva construcción surgiera casi de las fuerzas que había en el lugar donde se ubicaría. Claro que esto nunca es así, pero a él le gustaba describirlo de esta manera.

Esta es la filosofía que habéis ido aplicando a todas vuestras obras, como el Mercado de Santa Caterina ¿no?
Sí, aunque creo que poco a poco nos fuimos acercando al mundo de la historia. Yo venía de Venecia, de Italia, y para Enric personificaba un poco eso, el mundo de la historia. Y juntamos las dos influencias y empezamos a hacer cosas en esta línea en Barcelona, con nuestro primer estudio y nuestra casa. Y descubrimos como trabajar con piezas históricas, respetando al máximo su identidad, pero sin renunciar a modificar algunas partes si lo veíamos necesario. Si, por ejemplo, encuentras bajo varias capas de una pared unos dibujos antiguos, puedes jugar dejándolos al descubierto en algunas zonas y en otras no.

Benedetta Tagliabue/ Lluc Miralles
Benedetta Tagliabue/ Lluc Miralles

¿Es un poco una arquitectura de fusión?
Creo que se le podría llamar así. ¡La verdad es que no había utilizado nunca este término, pero la podríamos llamar arquitectura de fusión! ¡Te lo cojo prestado! Y dando siempre mucha importancia a los materiales: mucha madera, hierro que es un elemento muy fácil de trabajar y aquí ha habido históricamente grandes artesanos de la materia y, por supuesto, ladrillo que es uno de los materiales clásicos de aquí. Materias primas simples, pero que pueden dar grandes resultados.

Mujer, arquitecta, madre. Difícil compaginar todo ¿no?
Sí, la verdad es que no fue fácil, pero sobre todo cuando Enric todavía estaba vivo, fue divertido. Estudio y familia eran la misma cosa, pero a mí no me importaba, me sentía reflejada en la gente, por ejemplo, que compraba en el mercado. Eran familias que trabajaban y vivían juntas, algo muy típico de la sociedad catalana, de las sociedades gremiales donde negocio y familia a menudo de mezclan. Esta ha sido históricamente una sociedad de gremios, sólo tienes que fijar en las calles del casco antiguo: Escudellers, Carders, Argenteria,… ¡Nosotros éramos del gremio de los arquitectos! Llevábamos a los niños al estudio y estaban con nosotros en todas partes. Yo pensaba que a mi hija le encantaba hasta que un día, todavía pequeña pero ya con capacidad de expresarse, me montó una pataleta cuando vio que veníamos aquí.

¿Y alguno es arquitecto? ¿Trabaja contigo?
Sí, ¡la niña! ¡Es un destino que no he podido evitar! El niño ha hecho cine y siempre bromea con su hermana diciéndole que ella ha escogido lo fácil, la arquitectura. Pero tampoco me sorprendería que un día mi hijo se pasara a la arquitectura, la ha mamado desde pequeño y sé que le gusta. Y así es como he manejado mi vida, haciendo una pequeña mezcla de todo. Pero mi hija no trabaja de momento conmigo. Siempre la he animado a que trabaje con otros arquitectos, en distintos lugares del mundo, y que cree su propio estilo. Así que, el día en que trabajemos juntas, podremos ayudarnos mutuamente a hacer cosas bellas.

Has ganado multitud de premios: RIBA Stirling Prize en 2005 por el Scottish Parliament, RIBA International al Mejor Edificio del 2011 (por el Pabellón Español de la Expo Shanghái 2010) y RIBA Jencks Award en 2013, por tu contribución internacional a la teoría y práctica de la arquitectura, entre otros. ¿Pero, cuál es la obra de la que te sientes más orgullosa, con o sin premio?
Mi obra favorita de las recientes es probablemente el Pabellón de España de la Expo de Shanghái, porque fue realmente un desafío. Era la primera obra en la que estaba sola, lo primero que hacía firmando sin Enric, y lo hacíamos en China y en representación de España. Pero la verdad es que todo salió muy bien, fue un éxito y nos abrió las puertas de China.

Pero de los proyectos que hicimos junto con Enric, probablemente me quedo con el Mercado de Santa Caterina, porque lo hacíamos en casa y lo llevo en el corazón. Y porque fue la primera vez que personas que no eran del mundo de la arquitectura se interesaron por una obra nuestra. Me hizo reflexionar sobre que, muchas veces, los arquitectos parece que hacemos la cosas para nosotros mismos, que sólo esperamos ser apreciados por nuestros colegas, cuando deberíamos tener más relación con el resto de la gente y que nuestras obras fueran amadas u odiadas por todas las personas que las ven. A mí me han parado algunas veces en la calle o en el check-in de un aeropuerto para decirme que les había encantado el nuevo mercado ¡Es una experiencia genial, emocionante! Porque, al fin y al cabo, los arquitectos hacemos construcciones para las personas.

Te escuchado alguna vez decir que entender el comportamiento humano es esencial para un arquitecto.
Sí, por supuesto, es fundamental. Un arquitecto traza líneas, dibuja planos, pero al final todo lo que hacemos es para que haya vida en su interior. Entender esta vida, entender cómo las cosas que hacemos serán utilizadas, cómo se habitarán los espacios, es lo realmente importante, porque el verdadero premio te lo da el usuario de lo que construyes.

Sé que cuando inicias un proyecto sigues un proceso muy tuyo. Cuéntamelo.
Ahora mismo estamos iniciando un proyecto y no es nada fácil. A nosotros nos gusta tener mucha información antes de arrancar una nueva obra. Información histórica, del entorno y de otras cosas que definan el lugar. Por ejemplo, este nuevo proyecto es de una casa en Menorca. El mundo de los pescadores, de las calas, de cómo se construían los muros, todo esto debe entrar en tu imaginario ante de empezar. Últimamente, nos gusta mucho hacer collages donde todos estos elementos entran de forma figurativa, de manera que después los podemos incluir en el proyecto. Hacemos maquetas, dibujos y collages.

¿Y en qué te inspiras cuando empiezas a diseñar una nueva obra?
En las ideas de toda esta gente fantástica que ves por aquí. Nos sentamos juntos, aportamos ideas, dibujos y nos ponemos a “nadar” entre cosas bonitas. O esta es mi impresión, que cuando estamos en este despacho, nos movemos entre cosas bonitas. Y este es a veces el desastre de los arquitectos, que estamos como narcotizados con tanta belleza y olvidamos pequeños detalles como que tenemos que cobrar, que tenemos que llegar a final de mes. ¡Nos quedamos sólo con lo bonito!

Háblame de esta nueva faceta de diseñar lámparas y mesas. La que tenéis en la entrada es una maravilla
Esta lámpara y toda la idea en realidad, surgió de un proyecto arquitectónico que estábamos haciendo para la Expo de Milán, que era una gran cúpula. Cuando la creadora de la lámpara vio la maqueta de madera de la cúpula enseguida dijo: ¡Esto es fantástico para hacer una lámpara! Así que ahora tenemos un edificio y una lámpara que son iguales.

Eres miembro del jurado de varios premios, entre otros el más prestigioso, el Pritzker. En los últimos años, los ganadores podríamos decir que son un poco atípicos, ¿no es así?
Correcto, en 2016 el ganador fue el arquitecto chileno Alejandro Aravena, por un concepto de casas sociales, digamos inacabadas, con la idea de que la gente las pudiera comprar a buen precio e ir mejorándolas conforme sus posibilidades se lo van permitiendo. Fue un ganador distinto y creo que es porque el mundo de la arquitectura y el mundo en general, está más sensibilizado con los temas sociales. Esta terrible crisis ha cambiado el mundo en todos los aspectos y creo que los premios se han adaptado a esta mayor sensibilización. Los modelos de arquitecto “estrella” de hace 10 o 15 años han cambiado totalmente.

¡Y los de este año son catalanes, de Olot! Se llaman RCR (Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta) y tienen un orgullo muy fuerte de ser locales cuando todo el mundo parece que quiere ser internacional. Se han instalado en su tierra y hacen todo lo que la gente necesita: el taller del herrero, una casa particular, el restaurante de alguien de la zona que después ganará una estrella Michelin, la reforma de un pequeño hotel. Es una fórmula que nos retorna a la antigüedad y que es muy inteligente, porque desde el mundo local les hace universales, ya que todas sus creaciones son de una calidad impresionante. Sus creaciones son admiradas en todo el mundo y ellos se sienten orgullosos de sus orígenes y quieren trabajar en su tierra. Es una forma de premiar una arquitectura de máximo nivel, pero con un concepto de pertenencia a la tierra muy potente.

¿Qué me dices de las nuevas generaciones?
Probablemente les ha tocado vivir en un mundo más difícil del que a nosotros nos tocó, pero son gente preparadísima, con una disposición a moverse y viajar total, y con un acceso a información impresionante, que nosotros no tuvimos. La tecnología ha dado mucho, pero, como todo, tiene su lado bueno y su lado malo. Hay muchos profesionales a los que les cuesta encontrar trabajo, muchos trabajos que se han tenido que reinventar, es un mundo en el que debes tener un poco el espíritu de pionero.

Benedetta Tagliabue trabajando en su despacho
Benedetta Tagliabue trabajando en su despacho

¿Crees que este acceso inmediato a la información ha conllevado una unificación de la arquitectura a nivel global?
Unificación total no, afortunadamente. Pero está claro que todos los arquitectos, todos los artistas, beben de las mismas fuentes de información y eso ha generado cierta unificación. No obstante, todavía existen diferencias de gustos, de visión, de materiales que se utilizan, de diferentes habilidades de los artesanos de uno u otro lugar y, esto mantiene todavía la diferenciación, por suerte.

Acabemos hablando de otra de tus facetas a la que sé que dedicas mucho tiempo y amor, la solidaria
Me gusta implicarme con organizaciones que ayudan a los demás. Empecé colaborando con la fundación Vicky Sherpa y su proyecto de construir una escuela en Nepal para los niños más pobres. Era una época muy convulsa en el país y tuvimos muchos problemas. Pero me encantaba estar involucrada en un proyecto como ese, donde la arquitectura podía dar mucho a unas personas que, teóricamente, no son los receptores naturales de proyectos arquitectónicos. Y a Vicky la criticaron mucho por haberme escogido. No entendían que para un proyecto así, seleccionara un estudio como el nuestro. Parecía un contrasentido, pero Vicky lo explicó a todo el mundo y a mí, de una forma clara y genial: “no quiero hacer una escuela pobre, sencilla, para estos niños, porque quiero que cuando la gente vea una bonita escuela, entienda que la educación que les quiero brindar a estos niños no es una educación mínima, es una educación al máximo nivel y la arquitectura lo debe explicar”

Y ahora estamos haciendo un centro al lado del hospital de Sant Pau, para una fundación que intenta ofrecer a los enfermos que siguen un tratamiento oncológico un lugar donde relajarse, donde desconectar. Es un pequeño edifico con un bonito jardín, donde estas personas pueden romper con el entorno hospitalario y desconectar por un rato de su difícil experiencia.

Y hablando de fundaciones, háblame de la vuestra, la Fundación Enric Miralles
Mira, cuando Enric murió, pensé que no sólo era una gran pérdida para mí y la familia. Enric era un gran artista, una persona especial, y pensé que debíamos hacer una fundación con su nombre. Ha tenido que pasar tiempo, porque al principio se me hacía difícil ya que era como tenerle aquí, en estos espacios que creamos juntos. Pero al final encontré el espacio ideal, dentro del mismo edificio, pero no en el estudio, de forma que le tenía cerca, seguíamos siendo una piña. Y trasladamos todas las actividades no propias de nuestra profesión que ya hacíamos, culturales, educativas, conferencias, a este espacio más adecuado para hacerlas de una forma más ordenada. Esto está siempre lleno de estudiantes de todo el mundo y es algo que nos encanta. Tener la fundación aquí, tan cerca, me da la sensación de que le puedo pedir ayuda a Enric en cualquier momento.

 

El Passatge de la Pau es un lugar especial de Barcelona, que pocos conocen y que descansa tranquilo en el casco antiguo de la ciudad. Podríamos decir que tiene algo de mágico, igual que lo tiene Benedetta. Esta mujer, arquitecta reconocida mundialmente, irradia tranquilidad, simpatía y alegría por vivir. Es una enamorada de su familia, de su profesión y de la ciudad que la acogió hace ya muchos años, especialmente de su casco antiguo, testimonio de la historia de una ciudad que, como ella, se declara amante de la vida.