Patrycia Centeno es periodista y asesora estética política. También ha publicado dos libros, 'Política y moda: La imagen del poder' y 'El espejo de Marx' (Ediciones Península). Preparar una entrevista con ella provoca muchos quebraderos de cabeza, no por las preguntas sino por cómo vestir, aunque luego no te haga sentir incómodo. En cambio, en su cuenta de Twitter no deja títere con cabeza, aunque también tiene buenas palabras para quien se lo merece.  

¿Cuidan su imagen los políticos españoles?
Desde hace cinco años, podríamos decir que han empezado a preocuparse por ello, otra cosa es si lo hacen bien, que creo que podrían mejorar muchísimo. La influencia del marketing político, a nivel europeo y español, ha hecho que se preocupen por lo no verbal. Una parte de ello es su imagen.

¿Tienen asesores de imagen los políticos españoles?
No. Este campo está muy vacío. Hasta hace 5 años no se empezaron a preocupar y era un tema tabú. Con lo cual, preguntar acerca de la imagen a un político era como si le estuvieras hablando de una cosa superflua y banal que nada tenía que ver con el mundo de la política. Esta especialización, muchas veces, se ha dejado erróneamente en manos de estilistas, que pueden elegirte una indumentaria, pero no tienen en cuenta todo el contexto político, histórico, ideológico y sociológico y es ahí donde hace falta un asesor especializado en ello. Si habláramos de asesores de imagen estadounidenses, nos daríamos cuenta de que están muy especializados en política e intentan que esa imagen proyecte credibilidad. Un estilista puede trabajar con un cantante o una actriz, pero un político no es ni lo uno ni lo otro. Ha de proyectar otras cosas, como seguridad o seriedad y, además, cercanía.

¿Son estos tres aspectos los más importantes a la hora de vestir para un político?
Para mí lo más importante es que sea creíble. Para conseguirlo se ha de ser coherente. Yo siempre hablo de coherencia. Decir que un político viste bien o mal es una cosa subjetiva, incluso trivial o banal. Aquí lo importante es si es coherente con su ideología, con el contexto social e ideológico. No vestimos igual ahora que hace 30 años y no vestimos igual en Barcelona que en Madrid o Sevilla. Por lo tanto, no es lo mismo presentarse a unas elecciones municipales que a unas autonómicas o estatales. Y, además, se ha de ser coherente con uno mismo, que muchas veces esto no se tiene en cuenta.

¿Visten diferente los políticos en función de dónde son?
Aquí entra, no sólo, la situación geográfica, sino también la ideología de partido. Si me estás diciendo que tu partido está defendiendo una serie de valores, quiero ver esos valores representados en tu imagen. Hay muchos partidos de izquierda que, obviamente, en el siglo XXI defienden un programa ecosocialista y que no son coherentes. Es lo que le pasó el otro día a Gabriel Rufián con Risto cuando le pidió que le enseñara la etiqueta de la americana y era de Inditex, después de haber estado poniendo a parir a Amancio Ortega. Es más importante la coherencia ideoestética que la coherencia geográfica, pero sí que es verdad que en Barcelona hacemos una diferencia. Me acuerdo muy bien de Duran i Lleida, que marcaba muy bien cuando estaba en Barcelona y cuando estaba en Madrid. Los políticos vascos también, cambian un poco su indumentaria. En Madrid son mucho más clásicos o castizos, como lo queramos decir. Nosotros (los catalanes) empezamos antes a liberarnos de la corbata. También porque aquí tenemos una influencia, en el tema estético, muy francesa. Los vascos la tienen más gentleman, más británica, y el resto de España es más clásica.

Esta influencia francesa, más burguesa o como lo queramos decir, nos ha llevado a una relajación indumentaria. No es tan aristócrata en origen como el resto del estado. Antes, las diferencias, aunque pocas, eran menos evidentes, porque había un uniforme diplomático occidental, que era traje, camisa y corbata. Ahora, que hay cierta libertad indumentaria en el campo de la política, se nota más la distancia.

A mí me gusta mucho como viste Xosé Manuel Beiras, que es de izquierdas. De derechas, Duran i Lleida y Gallardón vestían bien.

¿Ha influido la aparición de nuevos partidos en la forma de vestir de los políticos?
Totalmente. La política no debe seguir la moda, porque la moda pasa de moda y un político lo que quiere es prevalecer en el tiempo, ya sea en el cargo o en el recuerdo. Un político tiene que seguir las tendencias. Hay una crisis, una serie de manifestaciones volcadas en lo que representaba el 15M. Toda ruptura o revolución ideológica conlleva un cambio estético. Recuerdo el lema de “no nos representan”. No sólo era ideológicamente, también a nivel de imagen. Tú salías a la calle y no encontrabas gente vestida como ellos. Es difícil que en un trabajo, a no ser que seas banquero, vayas vestido con traje y corbata todos los días. En alguna formación que nació de ese movimiento, incluso la CUP, que ya estaba, dijeron: "vamos a romper con ellos, vamos a ser coherentes". Esto no es nuevo, estas estéticas que ahora nos parecen rupturistas o revolucionarias ya existieron. No hemos cambiado mucho. Si pensamos en Guti, que era un parlamentario del PSUC, él ya iba sin corbata y con cuello alto. Tenía grandes discrepancias con Tarradellas, que era un yihadista de la corbata. Todas estas grandes novedades que nos parecen una revolución no lo son tanto.

Yo lo sitúo en los años 80, cuando el comunismo y la socialdemocracia empiezan a dirigirse al centro para poder llegar un gran espectro electoral, un centro que creo que no existe. Lo que hacen es renunciar a su vestimenta. ¿Quién renuncia a más cosas? La izquierda. Me pongo un traje, una camisa y una corbata y visto como el resto. Aquí era muy normal que la izquierda vistiera como la derecha, pero, además, con cierta desidia, porque vestía un traje por vestirlo, no era porque lo quisieran defender. De hecho, el traje, la corbata y la camisa es una estética muy revolucionaria, que nace con los sans-culottes. La derecha luego la hace suya y se la impone al resto del pueblo. El pueblo puede llegar a unos ciertos tejidos o patrones, pero no a otros. La ruptura se ve cuando está sentada la patronal y los sindicatos.

Patrycia Centeno
PATRYCIA CENTENO

¿Quienes son los políticos que mejor visten de España?
A mí me gusta mucho como viste Xosé Manuel Beiras, que es de izquierdas. No viste el típico traje, corbata y camisa, pero la calidad del tejido de las prendas, lo que ha innovado, su pelo... Es de los que mejor visten. De derechas, Duran i Lleida y Gallardón vestían bien.

Vestidos o desnudos, (los políticos) siempre están transmitiendo algo

¿Qué político debería mejorar su vestimenta?
El presidente, Mariano Rajoy, debería estar obligado. Ahora, porque tenemos a Donald Trump, aún, pero antes, con Obama, quedaba en evidencia con la comparación. No se está representando solo a sí mismo, está representando a todo el país. Para mí la imagen no solo es una muestra de respeto hacia los demás, sino a ti mismo. Vestidos o desnudos, siempre están transmitiendo algo.

¿Quién viste mejor en el Ayuntamiento de Barcelona?
No lo sé. Basándome en la coherencia, me parece que Maria José Lecha viste muy bien. Al menos, va coherente. Josep Garganté, en cambio... Lo del bañador fue terrible. La camiseta de Ada Colau eclipsó el bañador. Todo el mundo hablaba de la camiseta, pero ¡este tío fue en bañador al pleno del Ayuntamiento! Ya estamos acostumbrados a la camiseta, pero el bañador... Una cosa es la coherencia y otra es el respeto.

Xavier Trias vestía bien, hablando desde la coherencia. Es decir, para el mercado al que se dirigen, son coherentes.

¿Quién destaca por su estilo en la sociedad barcelonesa?
En las listas de mejor vestidos siempre está Josep Guardiola. Creo que Mónica Terribas está intentando crear una estética, muy de Barcelona. En Catalunya, pese a haber sido una gran potencia textil, todo el contenido y la sensibilidad estética la hemos perdido. En cambio, en el País Vasco, aún se conserva el vocabulario. Aquí es curioso porque en la gente que pasa temporadas fueras, que se va a París o Londres, ves una cierta influencia o cambio estético. Esto pasa mucho con los actores. La imagen no la ven como algo frívolo sino como cultura. En París la ropa es cultura y aquí esa apreciación no la tenemos.

¿Qué opinas del cambio estético de la Ada Colau activista a la Ada Colau alcaldesa?
El cambio es brutal. Si cogemos la imagen típica de Ada Colau sentada en el suelo, que la están levantando, con la camiseta verde, a ahora, no tienen nada que ver. Ha sido muy progresivo y han habido muchos cambios. Yo creo que aún no ha encontrado su estilo. Más ahora que está embarazada y que cada una viste como puede. Pero sí que si hiciéramos un análisis de toda su estética durante este periodo veríamos que hay muchos intentos de cambio. De pasar de la camiseta y los jeans y pasar de todo a la imagen actual.

A mucha gente que aterriza en la política les pasa que esto conlleva un cambio y los cambios estéticos es mejor que se produzcan antes. Por ejemplo, Pablo Iglesias un día salió y no llevaba el piercing. Sus votantes decían que dónde estaba el piercing, que nos lo han cambiado, nos has engañado. Tú decías que eras de una manera y ahora eres de otra. No cambiaré, no cambiaré, y al final, estéticamente, que yo creo que lleva algo ideológico, siempre cambian. Creo que el cambio tendría que ser previo a la candidatura porque sino la percepción es de engaño.

Mónica Terribas está intentando crear una estética, muy de Barcelona

¿Es más importante la imagen que el discurso?
Me gustaría decirte que no, que la idea tuviera más importancia que la imagen. Ahora, se nos ha demostrado tantas veces con la palabra que mentían, que ya no tiene ningún valor. Un programa electoral sabes que no lo van a cumplir. Con la imagen nos pueden engañar, pero es mucho más difícil, porque es un lenguaje subconsciente. Todas estas cosas no pueden ser controladas por completo. Siempre hay un detalle que nos pone en preaviso. Muchas veces ves a un político en pantalla que no te gusta, no sabes qué es, pero no te gusta. Seguramente es porque hay una incoherencia entre su imagen y lo que dice.

Entonces, ¿cómo explicas que Mariano Rajoy haya ganado las elecciones después de que hayas criticado su imagen?
Necesita cambiar la imagen para mejorar, otra cosa es quién hay en comparación con él. A mí siempre me dicen que Albert Rivera viste muy bien y yo salí en el reportaje de Vogue diciendo que, lo siento, pero no viste bien. Si lo comparáis con Rajoy, Iglesias, Pedro Sánchez, vale, pues sí. Ahora compáralo con Obama. En el país de los ciegos el tuerto es el rey.

¿Si algún partido de pidera asesoramiento, se lo darías?
Trabajo puntualmente con partidos de izquierda y de derecha, pero no lo suelo decir como código deontológico. Si lo quieren decir ellos no tengo problema, pero como es algo que en las formaciones suena como a tabú, prefiero mantener el secreto profesional.

¿Confiarías en Joana Ortega como estilista?
No, para nada. Joana Ortega, al irse al diseño italiano, dice mucho de la sensibilidad estética. Incluso lo que hizo con la camiseta del 'Dirty Libs', al final lo que quería vender aquel día su show room. Era una promoción de marketing, tal vez había también intencionalidad, pero fue una gran campaña de marketing de su negocio. Hay otros políticos que visten mucho mejor.