La restauración barcelonesa ha sido uno de los sectores más afectados por los disturbios que han tenido lugar en la ciudad desde que se dio a conocer la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del procés. Las protestas del independentismo y de los sectores más radicales han puesto en jaque a la hostelería, sensible a cualquier alteración de la normalidad en la ciudad. 

En una entrevista con este medio, el director del Gremi de Restauració, Roger Pallarols, explica las consecuencias directas de los disturbios sobre el sector de la hostelería, que acumula pérdidas millonarias desde que se iniciaron las protestas.  

¿El sector de la restauración se ha recuperado ya de las tensiones políticas derivadas de la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del procés?

No. Las últimas semanas han sido de extrema preocupación porque hemos vivido episodios que no podemos naturalizar de ninguna manera. Barcelona se había distinguido por ser un destino muy seguro y las imágenes de los incidentes han agravado una situación complicada que ha tenido un impacto directo en el consumo. Los locales cercanos a los disturbios no han podido trabajar por la propia seguridad de las instalaciones, de los clientes y del personal, y activó un efecto contagio en los establecimientos lejanos, con caídas de las reservas y del consumo del 60%. El sector ha aportado un valor nulo a la economía durante los días de los disturbios y los siguientes por las dudas que existían. La restauración, además, ha sufrido daños directos en sus propias terrazas, porque algunos materiales han sido utilizados como elementos de barricadas y de lanzamiento contra la policía.

El gobierno municipal ha sido muy tibio en sus críticas a los responsables de los disturbios.

Hemos pedido al Ayuntamiento que se persone como acusación particular contra los protagonistas de los disturbios por el daño que han ocasionado a la economía y a la imagen de la ciudad. Nos hemos visto lesionados en el panorama internacional. Las ciudades compiten para traer turistas y congresos. No generamos las condiciones de confianza que requieren los operadores internacionales del turismo vacacional o de congresos, y podemos hablar de semanas negras para Barcelona.

¿La situación es crítica?

Venimos de dos años enteros y tres temporadas de verano en los que Barcelona no funciona bien y la restauración acumula unos consumos inferiores a los habituales. Se ha puesto en jaque un sector que es clave en el funcionamiento de la economía por dos fenómenos: porque no tiene alternativa en el sistema productivo y porque somos el principal generador de ocupación del sistema productivo. Tenemos una incidencia muy directa en la ocupación de la ciudad. La restauración está en una situación de debilidad que requeriría el compromiso de las administraciones, y sobre todo de la alcaldesa.

¿Qué comercios han sido los más afectados?

Los comercios situados en las zonas más próximas a los disturbios, aunque se cancelaron muchas reservas en toda la ciudad. Ahora hay una paulatina recuperación de la confianza, pero la anormalidad, desgraciadamente, persiste y consiste en un conjunto de protestas y manifestaciones improvisadas que quedan lejos del derecho de protesta y manifestación en el momento que no se comunican adecuadamente y no se siguen los protocolos. La acampada en el centro de Barcelona es absolutamente intolerable y el Ayuntamiento y la Generalitat han sido irresponsables.

Centenares de manifestantes junto a una barricada de fuego en Pau Claris, frente al restaurante 'El Asador de Aranda' / EFE
Manifestantes construyen una barricada con el mobiliario de un restaurante  / EFE

¿Qué piden a las administraciones?

Los sectores económicos reclamamos seguridad, estabilidad y tranquilidad. Es lo que necesitamos para generar riqueza y crear empleo. Los entes públicos no han asumido sus funciones ni competencias, y permiten el enquistamiento del conflicto. En Barcelona, además, Colau dificulta la vida de las pequeñas y medianas empresas porque menosprecia al sector de la restauración, la lucha contra el comercio ilegal en las calles y el orden público.

¿Ha cuantificado las pérdidas de la restauración desde los disturbios del 14 de diciembre?

Los daños al mobiliario ascienden a 700.000 euros, pero las pérdidas son millonarias porque el consumo se ha resentido y costará revertir la situación actual. La imagen de Barcelona también ha quedado muy dañada.

¿Una Navidad con disturbios sería un desastre para la restauración y los comercios?

Sí. Muchos negocios han cerrado ya en los últimos meses porque no han podido resistir meses y meses de facturación anormal. En 2009, Barcelona iluminó muchas calles del centro que siempre habían estado oscuras y el consumó aumentó. En los últimos cuatro años, sin embargo, se ha producido un retroceso. La ciudad trata muy mal la Navidad.

¿En verano hubo pérdidas?

En julio de 2019, por primera vez en la historia, el sector de la hostelería destruyó empleo en Barcelona. Se perdieron 1.000 puestos de trabajo. Estamos en una Barcelona con claros síntomas de enfermedad y sus responsables públicos no se dan cuenta de la necesidad de aplicar medicinas. Mientras, nuestros competidores internacionales se frotan las manos con la barbaridad de errores que comete Barcelona.

¿Qué ciudades españolas se benefician de la crisis de Barcelona?

Los más beneficiados son los competidores extranjeros. Lisboa, por ejemplo, no ha tenido que hacer nada para absorber unos logros que iban destinados a Barcelona. Los responsables políticos de la ciudad han menospreciado el éxito de nuestro modelo. La restauración siempre ha tendido la mano a Colau, pero la alcaldesa no la ha querido coger y hoy sufrimos las graves consecuencias de sus políticas. No tiene ningún sentido que persiga sectores estratégicos para la vida de la gente como la hostelería. Persigue muchas veces a empresarios que son de una dimensión tan pequeña que debería avergonzar a cualquier responsable político.

¿Colau tiene alergia al pequeño y mediano empresario?

Yo no puedo presumir que tenga una alergia hacia las actividades económicas y los empresarios. Tendría que presumir de lo contrario. Por eso, no puedo entender que la principal autoridad de Barcelona no tenga simpatía y orgullo por una ciudad que es un referente en temas económicos. El conflicto va contra la gobernabilidad de la ciudad. Deberían estar preocupados por el enfriamiento del consumo y el debilitamiento de las empresas, y reflexionar sobre la calidad de la oferta. En lugar de tejer complicidades, han convertido su relación con la hostelería en una especie de guerra de trinchera en la que vale todo. Detrás de cada negocio hay personas, barceloneses, que ven al ayuntamiento como su principal obstáculo.