Gonzalo Bernardos (Barcelona, 1962) es uno de los economistas barceloneses más mediáticos de España. Su vocación como profesor no se limita únicamente a las aulas de la Universitat de Barcelona y a los platós de televisión. Habla claro y de forma didáctica. Aunque cerró la lista del PSC en las últimas elecciones municipales de Barcelona, Bernardos no se arruga cuando se le pregunta por los socialistas. Es autocrítico con el mismo partido que defendió públicamente en los comicios de mayo. Sobre todo en lo que se refiere a políticas económicas: su especialidad.

En la siguiente entrevista con Metrópoli Abierta, Bernardos analiza el estado de la ciudad y los primeros meses de gobierno compartido entre los comunes de Ada Colau y los socialistas de Jaume Collboni.   

¿Qué radiografía hace de Barcelona después de unas semanas convulsas tras la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del procés?

Barcelona está fatal. La ciudad está en un declive imparable. La administración te pone dificultades si quieres abrir un negocio y las últimas actuaciones de los movimientos independentistas han generado una publicidad negativa brutal. Un reciente estudio de los movimientos migratorios indicaba que, hace unos años, el 35% de los españoles optaba por Barcelona y el 60% por Madrid. Ahora, a Barcelona no llega prácticamente nadie del resto de España. El diagnóstico que hago es muy pesimista.

¿Realmente cree que la marca Barcelona está muy dañada?

Cuesta mucho que una marca tenga prestigio pero cuesta muy poco perderlo. Y una gran parte de la reputación que tenía Barcelona se ha perdido. La ciudad sigue siendo atractiva para vivir, porque tiene un buen clima y un entorno muy atractivo. El problema es para quien quiere vivir y trabajar, porque la gente se encuentra calles cortadas, jaleos continuos y unos poderes públicos que dificultan la actividad económica.

Tras un primer mandato de los comunes, ahora Barcelona está gobernada por BeC y PSC. Aun así, apenas se han hecho avances en materia de reducción de desigualdades entre clases sociales. ¿A qué se debe?

Tenemos una alcaldesa que es progresista de boquilla, pero nada más. Sus actuaciones son más independentistas que progresistas. Ella es el bastón de los secesionistas siempre que necesitan su ayuda. ¿Ha solucionado el problema de la vivienda? No, lo ha empeorado. ¿Ha hecho alguna cosa por los barrios más populares como Nou Barris, Sant Martí, Sant Andreu y Horta-Guinardó? Nada. Es incapaz de hacer algo. Se dedica a hacer perfomances y a representar papeles de teatro. Y de ahí no la sacas.

Una de sus medidas estrella ha sido destinar el 30% de las nuevas construcciones a vivienda social.

No hace casi nada, pero para una cosa que hace es completamente contraproducente. Con esta medida, los números no les cuadran a los promotores y la caída de promoción es espectacular, con el consiguiente descenso de impuestos. En los presupuestos públicos hay un agujero y tiene la genial idea de gravar con un 700% las tasas de algunas terrazas para compensar el descenso de ingresos procedentes de la construcción. De esta manera, Colau se carga el negocio de la construcción y el de los restauradores. Y es incapaz de hacer absolutamente nada para mejorar los barrios. Su estrategia pasa por hacer vídeos, por enviar sus mensajes a los medios y parecer que hace cosas diferentes al resto cuando, en realidad, no hace nada o lo que hace es contraproducente.

Parecía que el PSC actuaría como dique de contención de los comunes en temas económicos, pero parece que Colau está devorando a Collboni.

En un gobierno de coalición, el pequeño se las come cada día. Me parece que la entrada del PSC fue positiva porque evitó un gobierno independentista en el Ayuntamiento. También porque la política de seguridad mejorará poco a poco con Albert Batlle como responsable. Y espero que se note más la presencia de Jaume Collboni a medida que avance el mandato. Como mínimo, ahora hay un contrapeso a Colau. Pero en el actual gobierno de coalición, la figura importante sigue siendo la alcaldesa. Ella es quien representa a Barcelona. De momento, los socialistas se van a tener que tragar muchas cosas y lo mismo le pasará a Unidas Podemos en el Gobierno español. Si los socialistas gobernaran en solitario en Barcelona, los resultados serían mejores.

Ada Colau y Jaume Collboni, durante la presentación del pacto de gobierno / EFE
Ada Colau y Jaume Collboni, durante la presentación del pacto de gobierno / EFE

¿Le sorprende que el PSC sea el responsable de las nuevas ordenanzas fiscales y de la subida de tasas a las terrazas?

Una de las propuestas que le hice a Collboni cuando se presentó como alcaldable del PSC fue que apostara por el transporte público gratuito en Barcelona. Se puede financiar con los ingresos de poner un peaje en las entradas de la ciudad, con la subida del precio de las matriculaciones y con la recaudación del IBI. Barcelona puede cambiar la actual dinámica de la circulación promoviendo medios de transporte más ecológicos, potenciando calles peatonales y reduciendo el espacio para aparcar vehículos. Soy partidario de que se suban los impuestos a cambio de mejorar la calidad de vida y ofrecer más servicios y prestaciones a los ciudadanos. El problema es que se suben los impuestos para cubrir el agujero que hay. 

¿La subida de hasta un 700% de las tasas de algunas terrazas pone en riesgo el futuro de los establecimientos?

Sin duda. En el Ayuntamiento hay un sector favorable a los negocios, que es el PSC, y otro contrario, que es Barcelona en Comú (BeC). Siendo los responsables de las cuestiones económicas, esperaba que los socialistas se desmarcaran de las nuevas ordenanzas fiscales. La restauración es un sector que ha sido machacado por las revueltas que se produjeron en el centro de la ciudad y que sufre cuando el turismo baja. Pues ahora le subimos las tasas un 300 o un 400%. Parece una medida contra el Gremi de Restauració por su independencia. Yo no digo que no se tengan que gravar las terrazas con un impuesto especial, pero no con una subida tan fuerte a cambio de nada.

Montserrat Ballarín junto con Jaume Collboni en el Ayuntamiento / LR
Montserrat Ballarín y Jaume Collboni 

Los socialistas escogieron como lema de campaña “Por una Barcelona fácil", pero hasta ahora los comunes imponen sus tesis económicas.

Sí, así es. Un claro ejemplo es lo que ha pasado con el Gremi de Restauració. Hubiera sido más conveniente hacer un plan para los próximos cuatro años que contemplara una subida moderada de las tasas a cambio de mayor seguridad.

También se ve con el turismo de cruceros. Colau dice que tenemos muchos cruceristas, y lo ve como un problema. Mientras tanto, Barcelona ha rehusado luchar para que los cruceros sean punto de salida o punto final, y no una simple escala. El Ayuntamiento debería hacer una inserción entre el puerto y el comercio para favorecer la actividad económica y la creación de riqueza.

¿Cree que la coalición entre PSC y comunes acabará el actual mandato o habrá una ruptura antes de 2023?

Con Colau nunca se sabe. ¿Sabe porque rompió la otra vez con el PSC? Porque estaba convencida de que Junts per Catalunya y ERC la apoyarían si se posicionaba en contra del artículo 155 de la Constitución. Colau no es independentista pero tiene una mandíbula de cristal. No soporta las críticas y temía el pressing catch que le podían hacer los independentistas. Es verdad que en Barcelona se vive mejor y más tranquilo si eres independentista que si no lo eres porque hay una parte que presiona y otra que no. Hay mucha gente que apoya externamente al independentismo aunque internamente opine lo contrario. Muchos quieren sentirse reconfortados y formar parte de la mayoría visible.

Jaume Collboni durante un pleno municipal con Ada Colau y Janet Sanz de fondo / EFE
Jaume Collboni durante un pleno municipal con Ada Colau y Janet Sanz de fondo / EFE

Pero una parte importante de su electorado no es independentista.

Colau piensa que la gente más humilde la votará porque es cercana a ellos. También cree que los independentistas la votarán porque es la más progresista. En el Ayuntamiento, los debates van a ser bastante más serenos y más productivos en este mandato que en el pasado porque hay un elemento muy importante: no está la CUP. La CUP sesgaba los debates y hacía que opciones como los comunes y ERC pugnaran por ver quién era más izquierdista. Afortunadamente, la configuración de este Ayuntamiento es diferente del anterior y esperemos que este mandato sea mejor o menos malo que el primer gobierno de Colau.