ETA, cada vez más acorralada, todavía sembraba el caos en 2000. La organización terrorista tenía un comando activo en Barcelona que en septiembre había asesinado a José Luis Ruiz Casado, concejal del PP en Sant Adrià del Besòs. Dos meses después, el 21 de noviembre, ETA mató a Ernest Lluch, el primer ministro de Sanidad de Felipe González (PSOE), en el parking de su domicilio. Minutos después explotó el coche utilizado para atentar contra el político socialista junto a la vivienda de Alberto Fernández Díaz, entonces presidente del PP en Cataluña, rival político y amigo personal de Lluch.

Los instantes posteriores a la explosión fueron confusos. Fernández Díaz tenía claro que se trataba de un coche bomba, pero no sabía nada de Lluch. El cuerpo, sin vida, del político socialista fue encontrado por un vecino dos horas después. “Tuve muy claro que ETA era la responsable de aquella explosión por el humo negro y el olor a plástico quemado”, recalca Alberto. “De la muerte de Lluch nos enteramos más tarde”, lamenta.

EN EL PUNTO DE MIRA DE ETA

Lluch y Fernández Díaz estaban en el punto de mira de ETA. El primero renunció a la posibilidad de desplazarse por Barcelona con escoltas. El segundo, en cambio, contaba con la protección de dos y hasta tres personas que le acompañaban siempre. Eran tiempos duros, violentos, no exentos de tensiones políticas entre el PP y el PSOE.

“Recuerdo que cada día me inspeccionaban el coche y que mis hijos tardaban en subirse. Si colocaban una bomba en los bajos, explotaba inmediatamente. Si la ponían en el conducto de la gasolina, tardaba unos instantes. Por eso le pedía a mis hijos que se ocultaran detrás de las columnas del parking cada vez que arrancaba el coche. Ellos pensaban que jugábamos al escondite”, recuerda el histórico concejal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona.

Ernest Lluch, durante una intervención en el Congreso de los Diputados / EFE
Ernest Lluch, durante una intervención en el Congreso de los Diputados / EFE

NOCHE TERRIBLE

Fernández Díaz se emociona al recordar aquel día. Aquella noche terrible. Con Lluch coincidía muchos días en el barrio. Políticamente discrepaban de muchas cosas. Por ejemplo, del final de ETA. Ernest era partidario de un final dialogado. Alberto, no. Hoy, el ex presidente del PP en Cataluña forma parte de la Fundació Ernest Lluch y rememora que ambos intentaban “minimizar la tirantez entre las dos formaciones políticas”.

Veinte años después, Fernández Díaz habla con cariño de su rival político. “Él sabía que lo iban a matar. Estábamos señalados”, desliza, en conversación con Metrópoli Abierta. “A él lo mataron y yo también estuve muy cerca de la muerte”, añade Alberto antes de explicar que la policía detuvo a los integrantes del Comando Barcelona tras colocar una maceta bomba que iba dirigida contra él.

UN CULÉ Y UN PERICO

Ernest era una persona con muchas aristas. También era un político vocacional, entregado a su trabajo. Como Alberto. Ambos hablaban de los problemas del país en sus encuentros. Pero también de cosas insignificantes. Y, sobre todo, discutían de fútbol. “Él era un culé empedernido y yo, un perico auténtico. Y más de una tertulia montamos en la farmacia del barrio”, rememora Fernández Díaz. Cerca, muy cerca de aquellas acaloradas conversaciones está el Camp Nou, el estadio del FCBarcelona.

Alberto define a Lluch como “una persona amable y culta”. De su amigo también destaca que “era un gran conversador y un amante de la vida”. El asesinato del ex ministro de Sanidad fue un duro golpe para Fernández Díaz, que no tiene un buen recuerdo de las horas posteriores, marcadas en gran parte por la manifestación multitudinaria que se celebró en Barcelona.

Ernest Lluch, al lado de Alfonso Guerra, y delante de Felipe González, en los años 80 / ARCHIVO
Ernest Lluch, al lado de Alfonso Guerra y delante de Felipe González, en los años 80 / ARCHIVO

LA MANIFESTACIÓN

La manifestación reunió a casi un millón de personas en el centro de Barcelona. Muchas pancartas pedían diálogo. Las diferencias entre el PP y el PSOE dificultaron el comunicado de repulsa a ETA. Después, en primera fila, también hubo mucha tensión entre los dirigentes políticos, encabezados por José María Aznar, entonces presidente del Gobierno español. A su lado estaban Jordi Pujol, presidente de la Generalitat; Juan José Ibarretxe, lehendakari; Pasqual Maragall, presidente del PSC en Cataluña; y José Luis Rodríguez Zapatero, quien años después relevaría a Aznar en la presidencia.

Fernández Díaz y muchos dirigentes del PP lo pasaron mal en la manifestación. Sobre todo, Aznar. “Cuando se subió al coche para alejarse del centro de Barcelona, Aznar tenía un enfado monumental”, explica Alberto. “Eran años muy duros para el PP en Cataluña. Muchos teníamos una sensación de orfandad, de ser tratados injustamente”, incide. Tres semanas después del asesinato de Lluch, ETA mató al único concejal del PP en Viladecavalls, Francisco Cano, al explotar la bomba que había colocado en su vehículo.

LOS ASESINOS, DETENIDOS

En enero de 2021, la Guardia Urbana detuvo a dos miembros del comando Barcelona. A los presuntos asesinos de Lluch: Liarni Armendariz y José Ignacio Cruchaga. Sus caras pudieron verse en los periódicos de la época y Alberto recuerda que se quedó mirando fijamente la foto de los dos terroristas que querían matarlo y que asesinaron a Ernest, con quien ya no pudo hablar más de los problemas del España ni picarse por las derrotas del Barça o del Espanyol. Pero Ernest siempre está presente en la memoria de Alberto. Igual que otros compañeros asesinados por ETA en Barcelona.

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