El coronavirus ha dejado las calles de Barcelona casi desiertas. Éste es el caso también de su paseo por excelencia, la Rambla. De ser una vía plagada de turistas, con más de 200.000 visitantes diarios, la calle se ha quedado casi sin vida. Una de las entidades más representativas de la zona es Amics de la Rambla. Su presidente es el empresario Fermín Villar (Barcelona, 1970). 

¿Ha ido usted a la Rambla desde que se decretó el confinamiento?

No he ido por responsabilidad, siguiendo lo criterios estipulados en el decreto de estado de alarma. Algunos asociados que viven en la zona sí que están por allí. Mi padre también va a comprar la Boqueria. Hay algún quiosco abierto. Otros comercios que pueden abrir también aguantan.

¿En qué situación se encuentra la Boqueria?

Hay algunos establecimientos de productos frescos que siguen abiertos, pero los enfocados al turismo están todos cerrados. A nivel general, la mayoría de paradas han bajado la persiana.

¿Qué sensación tiene al saber que la Rambla está vacía?

Me recuerda al día después del atentado de agosto de 2017. El 18 de agosto, la Rambla estaba vacía. Pero entonces fue un día. Fue una imagen muy impactante. De ese verano tengo dos imágenes, una de la Rambla vacía, y otra del día después, el 19 de agosto, llena de gente, de barceloneses, como respuesta al atentado. Ahora es un fenómeno global. Hay muchos otros espacios emblemáticos que están igual.

¿Teme graves repercusiones económicas cuando haya pasado la pandemia?

Si la enfermedad llega a un cuerpo fuerte, tendrá menos secuelas que en cuerpo débil. A nivel económico, las administraciones catalana y española se encuentran debilitadas. Habrá qué ver cómo nos afecta en los próximos ocho meses. Sin duda, habrá que bajar el ritmo. Las administraciones también tendrán que bajar de ritmo en sus exigencias. No puede ser que la primera condición para que un autónomo se pueda acoger a las ayudas esté limitada a los ingresos. Muchos profesionales que tengan patrimonio quedarán fuera.

¿Cómo ve el futuro de Barcelona?

El futuro es incierto, pero la capacidad de la ciudad para recuperarse es brutal. Barcelona volverá a correr, pero con una lesión. Encuentro a faltar en todas las administraciones un mensaje claro de liderazgo. Todas hacen una lectura de la crisis en clave política. Mientras, los médicos, sanitarios, trabajadores de supermercados y otros servicios están dando la cara.

¿Y el futuro de la Rambla?

Dependerá de cada establecimiento. Los pequeños sufrirán más. También podrán sufrir más los que dependan mucho del turismo, aunque Barcelona volverá a ser una de las primeras destinaciones turísticas de Europa. Si la situación se alarga mucho también se verán afectados restauradores, hoteles, tiendas de souvenirs... Hay que empezar a pensar en el público local. Hace unas semanas, restaurantes de la zona ya pusieron en marcha menús diarios pensados para los barceloneses.

¿Le preocupa que esta crisis deje la reforma de la Rambla para otro momento?

Lamentablemente, sí. Pero no tendría que ser una excusa. Los trabajos previos se pueden seguir haciendo. El proyecto ejecutivo tiene que estar listo en julio. El objetivo es que las obras empiecen en 2021.

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