Luto en el mundo del fútbol. Y, sobre todo, en Argentina. Diego Armando Maradona (1960-2020), para muchos el mejor futbolista de la historia, ha fallecido hoy tras sufrir un paro cardíaco en la casa de Tigre en la que se había instalado tras su reciente operación en la cabeza.

El diario Clarín adelantó la muerte de Maradona, el personaje más popular de Argentina, con permiso de Gardel. Dieguito cumplió 60 años el pasado 30 de octubre y tres días después fue ingresado en un centro hospitalario para someterse a una intervención quirúrgica.

CAMPEÓN DEL MUNDO

Maradona, nacido en Villa Fiorito, un suburbio muy pobre de Buenos Aires, fue venerado en Argentina y Nápoles. Con la selección albiceleste se proclamó campeón del mundo en 1986 y subcampeón en 1990. Con el equipo italiano ganó dos títulos de Liga y la UEFA. En Nápoles, su imagen puede verse en muchos murales. El Diego desafió y derrotó a los poderosos clubes del norte, el Milan y la Juventus, suficiente para ser respetado pese a sus peligrosas amistades con la mafia. Su salida fue injusta. Como él mismo recordaba, le acompañaron 80.000 personas el día que llegó pero se fue solo de Italia.

Maradona fue un futbolista único. Un prodigio. Su zurda era descomunal. El Barça lo fichó en 1982 tras dos intentos fallidos, pero el astro argentino tuvo muchos problemas en Barcelona. Una presunta hepatitis y una grave lesión en el tobillo izquierdo, tras una dura entrada de Goikoetxea, evitaron que triunfara en el Camp Nou.

PELEA CON NÚÑEZ

El Barça pagó unos 600 millones de las antiguas pesetas (3,6 millones de euros) por Maradona y dos años después lo vendió al Nápoles por el doble. Sus últimas semanas en Barcelona fueron muy tensas. El ex presidente Josep Lluís Núñez, una persona muy religiosa y conservadora, le puso la cruz tras la accidentada final de Copa de 1984 contra el Athletic que terminó con victoria rojiblanca y una batalla campal en el Bernabéu. Núñez también tenía información de sus excesos personales. 

Maradona ganó una Copa del Rey y una Copa de la Liga con el Barça. Brilló poco, pero en el recuerdo siempre quedarán su gol al Real Madrid en el Bernabéu, con humillación incluida a Juan José, y su obra de arte en el viejo Maracaná de Belgrado.

LA VENGANZA DE LAS MALVINAS

Dos años después de su turbulenta salida del Barça, Maradona alcanzó la gloria en el Mundial de México. Con Bilardo como seleccionador, el pibito lideró a la albiceleste. En la final, Argentina derrotó a Alemania por 3-2 pero Diego siempre será recordado por su portentosa actuación contra Inglaterra en cuartos de final. Ese días, los argentino vengaron su humillación en la guerra de las Malvinas.

El 22 de junio de 1986, Argentina tumbó a Inglaterra con dos goles de Maradona. El primero, con la mano. "Con la mano de Dios", como reivindicó el mismo Diego. El segundo, tras una acción maravillosa. El suyo fue, posiblemente, el mejor gol de la historia de los Mundiales.

EL DIOS DE ARGENTINA

Terminado el partido, los ingleses clamaron contra el primer gol de Maradona. Todos menos su seleccionador, Bobby Robson. Con su flema habitual, dijo: "El primer gol de Maradona es ilegal, pero el segundo vale por dos". Ese día, Argentina ganó la batalla y poco después, la guerra. Maradona fue su líder. Su guía espiritual.

Ocho años después, Argentina se entregó otra vez a Maradona con muchos problemas físicos pero tremendamente competitivo. Ese Mundial será siempe recordado por la semifinal que disputaron Italia y la albiceleste en Nápoles. Argentina derrotó a los anfitriones en la tanda de penaltis el día que muchos aficionados tenían el corazón dividido. Días después, en la final de Roma, el himno nacional argentino fue pitado y en la memoria colectiva está la imagen del Diego y su "hijos de puta" dirigidos a la grada. Alemania, con un penalti injusto, derrotó a Argentina.

EL DOPAJE DE ESTADOS UNIDOS

Cuatro años después, destapada ya su adicción a la cocaína, Maradona disputó su último Mundial en Estados Unidos. No lo pudo completar. Su último gol a Grecia es eterno. Días después se supo que dio positivo en un control antidopaje. El Diego fue expulsado. "Me han roto las piernas", proclamó el astro argentino. Sin fútbol, su vida fue un calvario y en su despedida dejó otra frase célebre: "La pelota es la única que no se mancha".

Hoy todos llorarán su muerte. Incluso Messi, para muchos su sucesor. Pero en Argentina no hay comparación posibe. El Diego es Dios. Ha muerto la persona y ahora todos honran su legado. Descanse en paz.

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