Más de 6.200 viviendas visitadas con una media de 3 habitantes por vivienda. Éstas son las credenciales del programa de asistencia social A-Porta que lleva a cabo la Confederación de Asociaciones Vecinales de Catalunya (Confavc) en las actuaciones que lleva a cabo en barrios con graves problemas habitacionales. La principal zona de actuación es Ciutat Meridiana (ahí se inició la prueba piloto en otoño de 2016), un barrio donde el paro latente es del 49%, la tasa de paro oficial es la más alta de Barcelona, la media de ingresos por familia es de 600 euros y el 15 o 20% de la población vive del subsidio o de trabajos parciales.

“Es un proyecto innovador, donde el protagonismo lo tienen los vecinos y que tiene como base el problema de la pobreza energética”, explica a Metrópoli Abierta Jordi Giró, presidente de la Confavc. Asegura el dirigente social que este tema “siempre queda muy escondido. No se le ve. Pero es un tema perfecto para empezar un proyecto”. Para trabajar en él, hay un equipo de personas, dirigido por técnicos de la Confavc, en el que trabajan luego algunos vecinos del barrio. Para financiarlo, se cuenta con Partners (Ayuntamiento de Barcelona, Agbar y Obra Social de La Caixa) y subvenciones oficiales. En su última memoria, la Confavc recoge que tiene 3 responsables de equipos y 24 picapuertas o vecinos colaboradores.

“Hay tres tramos en el trabajo: uno, informamos del consumo responsable; dos, intentamos lograr la eficiencia en las facturas (o sea, que se pague por lo que se consume). Y tres, queremos educar al ciudadano y que éste incida en el lugar. Por ejemplo, si vemos que tiene las ventanas rotas, le hacemos comprender que pierde calor aunque tenga calefacción… En otras palabras, empleamos trucos para hacer más energética una vivienda”. Porque a lo largo de estos dos años quedó patente que muchos vecinos no tenían ni identificados sus problemas energéticos ni conocían siquiera las bonificaciones a las que tenían derecho.

El objetivo de este programa, que ya se lleva desarrollando desde hace dos años, es “trabajar en políticas sociales desde la perspectiva de los usuarios de esas políticas sociales. Y recuperar las redes de barrio, llegando a donde no llega la Administración. Para ello, hacemos que los propios vecinos nos ayuden, porque donde no llega un técnico sí puede llegar un vecino”.

VENCER LA RESISTENCIA DEL VECINO

Celso Pérez, coordinador del programa A-Porta, explica a este diario que “había una especie de barrera, de resistencia, hasta el punto de que pocos vecinos querían hablar contigo, porque no sabían si les ibas a vender una moto o a engañar. Pero poco a poco hemos ido venciendo esta resistencia y logramos entrar en sus hogares. Han visto que no veníamos a estafar o a vender un servicio, sino a darles una herramienta que les permita ahorrar. Todo ello crea un vínculo de acercamiento vecinal”.

Para ello, la Confavc se sirvió de una serie de voluntarios a los que se les da un sueldo casi simbólico. Esa tarea de búsqueda de gente que les ayude es una de las tareas más difíciles, porque quien les ayude han de ser vecinos carismáticos y conocidos en el barrio, ya que sólo así se les abrirán las puertas de las casas. Celso tiene un ejemplo típico de esa búsqueda de héroes anónimos que hacen posible que sus convecinos se beneficien: “Es una señora que llevaba dos años sin calefacción ni agua… ¡y tenía dos niños!. Se las apañaba calentando el agua al fuego en el quinto piso donde vivía. Llegó al proyecto porque estaba en el paro y más por necesidad de trabajar que por otra cosa. Pero también quería ser una persona útil, un vecino que ayuda a otro vecino”. Ahí es donde se aprecia en toda su magnitud la afirmación de que donde no llega un técnico llega un vecino.

“Es un trabajo de voluntariado y poco remunerado, pero hay gente que nos dice que quiere hacer algo con su vida. Suerte que los Partners premian el trabajo que se realiza”, arguye Jordi Giró. Y Celso Pérez recalca que tras dos años trabajando en el programa “ahora incluso nos llaman los vecinos cuando tienen algún problema. ¡Qué diferencia con la época en que no nos abrían ni la puerta!”.

MÍNIMO ÍNDICE DE FRACASO

Los colaboradores de la Confavc en este programa, esos héroes anónimos, llegan por tres vías: primero, el que ha vivido los problemas que A-Porta intenta solucionar y se engancha al carro; luego, los que trabajan el barrio desde una asociación de vecinos o entidad similar, como Cruz Roja, Voces para la Música, casales… es el vecino carismático. Y, en última instancia, “el vecino muy importante, difícil de localizar, pero que abre puertas. Es el que todos conocen en el barrio. Un gitano llamado Dani, por ejemplo, se ha sentido muy útil y nos ha ayudado mucho”, explica Celso Pérez.

Entre todos ellos, han dedicado unas 2.000 horas anuales a trabajar para solucionar los problemas de las viviendas de Ciutat Meridiana, aunque la Confavc también tiene este programa aplicándose ya en Can Peguera, cerca del Turó de la Peira, y en Camp Clar, Tarragona.

En cada visita a los barrios, los técnicos y sus colaboradores pueden realizar una media de 8 o 10 visitas por día y que el índice de fracaso no supera el 15 o el 20%. Ello da pie a magnificar el hecho de que los técnicos de la Confavc ya han hecho más de 1.000 visitas a viviendas del barrio. “Hay una sensación de precariedad y se aprecian las dificultades para llegar a fin de mes. No hay que olvidar que Ciutat Meridiana es el barrio con más desahucios de Barcelona, con menos esperanza de vida y con menos ingresos per cápita”.

Giró subraya que el trabajo de la plataforma vecinal no se queda ahí: “Lógicamente, el Ayuntamiento tiene que estar coordinado con el responsable del proyecto. Todo lo que detectamos se lo enviamos al Ayuntamiento. En este sentido, hemos realizado algunas comunicaciones sobre violencia de género. Pero periódicamente se envían informes internos a la jefa de servicios sociales del barrio, porque para nosotros es fundamental que la Administración local participe para que pueda resolver los problemas”.

Y Celso Pérez remarca que al solucionar los problemas de pobreza energética “identificamos otros problemas para futuras misiones”. Entre ellas, los problemas de soledad de las personas mayores. O los del civismo. O los de la salud… “Preguntamos a la gente qué le interesa para identificar sus problemas”, enfatiza el coordinador. Ése es el germen de futuras actuaciones y proyectos que aún no tienen forma ni nombre, pero que ya se comienzan a perfilar en la estrategia social de la organización vecinal.

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