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Las cataratas en España no derivan en ceguera, pues se pueden operar, pero en países del tercer mundo son el motivo de que una de cada tres personas pierda la vista, según el último Atlas de visión que realiza la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera.

Contra esta tesitura trata de luchar la ONG Ojos del mundo, fundada a principios de siglo en Barcelona por el actual Síndic de Greuges de Catalunya, Rafael Ribó, que en 2017 ha ayudado a que unas 3.000 personas puedan operarse de cataratas y evitar así la ceguera en los cuatro escenarios en los que trabaja -Mozambique, Mali, campos de refugiados y refugiadas saharauis de Argelia y Bolivia-.

Esta ONG ha realizado un estudio en Mozambique en el que han participado 3.000 personas de más de 50 años. El resultado muestra que en proporción hay 10 veces más de invidentes en este país africano que en España. Y en el 58% de los casos la ceguera se debe a unas cataratas que se podrían haber operado.

MUJERES 

Por otro lado, esta problemática afecta principalmente a las mujeres, que suelen tener menos posibilidades de desplazarse que los hombres o, en otros casos, porque se considera menos necesario que ellas sean intervenidas quirúrgicamente.

Un oftalmólogo revisa la vista de una mujer / OJOS DEL MUNDO
Un oftalmólogo revisa la vista de una mujer / OJOS DEL MUNDO

“Hemos constatado que los hombres se operan más que las mujeres y estamos trabajando para paliar esta situación”, relata Paco Sanz, jefe de Programas de Ojos del mundo y responsable del estudio. El experto subraya también que, en países como Mozambique, “envejecer con ceguera es considerado una cosa normal: mucha gente no sabe que se puede evitar, o desconoce dónde tratarse”, indica.

Además, aunque el sistema sanitario de este país es público, no prioriza las operaciones de cataratas ni el establecimiento de un sistema de atención ocular integrado e integral, en buena medida porque “se considera más necesario financiar tratamientos como los del VIH o la malaria”, destaca Sanz. Y, de nuevo, es habitual que las mujeres tengan menos acceso a los recursos financieros familiares para, por ejemplo, pagar el transporte a los centros de salud.

NIÑAS SIN ESTUDIOS

La ceguera de una persona de cincuenta años o más, sea hombre o mujer, es la más frecuente y suele implicar que alguien deba invertir horas en su cuidado. “Este alguien, o no trabajará o no estudiará, y si no estudia, normalmente será una niña”, indica Sanz. Así pues, la proporción de mujeres con ceguera es más elevada, y este problema tiene efectos colaterales para las otras personas de la familia, más frecuentemente para la población femenina.

Pero, a su vez, “que las mujeres sepan que la ceguera se puede evitar ayuda a toda la familia, ya que ellas son las cuidadoras y el eje”, afirma el jefe de Programas de Ojos del mundo. Una tarea que no es fácil, porque las mujeres acostumbran a estar menos alfabetizadas, especialmente las de edad avanzada.

Por este motivo, en Mozambique Ojos del mundo ha puesto el foco no sólo en conseguir que las mujeres y niñas –como los hombres y niños- no pierdan la visión, sino en formar a integrantes femeninas de asociaciones locales para que, mediante técnicas de sensibilización o representaciones teatrales, puedan aportar esta consciencia a sus comunidades.