Si hay un distrito de Barcelona en el que el asociacionismo es su seña de identidad ese es el de Sants-Montjuïc. Actualmente cuenta con más de 300 entidades de toda índole y con un marcado componente histórico. Hemos hablado con el presidente y el secretario de la Asociación de Vecinos de Badal, Brasil y La Bordeta, Alfredo Martínez y Josep Mediavilla, respectivamente. Un repaso a sus 40 años al frente de una asociación, sus problemas actuales y el futuro de la ciudad.

Si hay algo que define a Sants es su histórico tejido asociativo...
Alfredo Martínez: Sin duda. En Sants hay actualmente unas 350 asociaciones. Unas funcionamos más otras menos, pero es un pool de entidades y yo cuando voy a reuniones en otros barrios y digo que soy de Sants me contestan: “Ostras, es que vosotros sois número 1 en la liga de asociaciones”.

¿Cómo es el tejido asociativo en estos momentos en comparación con vuestros inicios?
AM: En nuestra asociación somos cada vez menos. Yo me acuerdo que cuando empecé, solo en la junta había 20 personas y ahora quedamos 5.

¿Por qué? ¿Se han ido del barrio, han dejado de participar…?
AM: No. Durante la dictadura, se hacía política desde las asociaciones de vecinos. Lo que pasa es que cuando llegó la democracia, la gente que hacía política dentro de las asociaciones se fueron a los partidos políticos y se vaciaron de activistas. Pero algunos han vuelto al ver que desde la política se podía hacer menos que desde las asociaciones. Ha habido una especia de trasvase primero hacia un lado y luego hacia el otro.

¿Cuál ha sido el mayor logro que han conseguido como asociación?
AM: El mayor, cuando en 1991 logramos cubrir el primer cinturón de ronda. Fue un momento estrella porque era una trinchera que dividía al barrio totalmente.

¿Y lo que lamentan no haber conseguido?
AM: El no poder soterrar las vías del tren. Han hecho el cajón pero las seis entidades que estábamos en las conversaciones con el Ayuntamiento aceptamos de mala gana que lo hicieran porque pensábamos que la solución definitiva sería el soterramiento.

En 2014, cuando se presentó el Plan General Metropolitano, ustedes se posicionaron en contra de mantener Can Vies en pie… ¿Cómo surgió el conflicto?
JM: Bueno, el Ayuntamiento nos dijo que podríamos utilizar el edificio para la asociación de vecinos, pero entonces entraron los okupas. Lo más significativo para mi fue que casualmente, llegué a la calle donde estaba el edificio y vi a unos compañeros que iban delante de la manifestación para ocupar el edificio y les comenté: “Oye, esto lo tenemos ya adjudicado para la asociación de vecinos” y me contestaron: “Es el primero que llega”. Derecho de conquista.

Entonces, ¿Can Vies iba a ser para su asociación?
AM: Era un traspaso entre administraciones dedicado a un fin social. En el Ayuntamiento nos reunimos el jefe de patrimonio de TMB, porque era de su propiedad, el jefe de patrimonio del Ayuntamiento, Pere Alcober, cuando era regidor del distrito y nosotros. Un arquitecto lo valoró en 50 millones de pesetas de la época pero al final se pactó un precio de 25 millones contando que había que hacerlo todo nuevo porque por dentro estaba en un estado muy calamitoso. Estábamos todos de acuerdo, pero al cabo de un mes fue cuando se metieron los okupas y hasta hoy.

¿Hablaron con ellos?
Les dijimos que el edificio sería para nosotros y otras asociaciones y ellos podían ser una entidad más. Pero las últimas palabras que dijeron fue que ellos necesitaban todo el edificio y al preguntarles para qué, nos dijeron que para hacer una universidad.

¿Cómo recuerdan las protestas y los altercados de aquellas tres noches?
JM: Muy mal. Realmente yo me quedé pasmado. No se ejecutó bien el desalojo, pero a mí lo que me rompió los esquemas es que hubiera tanta violencia en el barrio.

¿Y ante el plan actual de mantener Can Vies en pie?
JM: No, no. Can Vies se va. Este edificio está en mal estado. Reconstruirlo tampoco me parece bien.

Pero el Ayuntamiento se ha mostrado a favor de mantener Can Vies…
JM: Bueno, porque son los mismos. A ver si hablamos claro. Si a mi un conseller del distrito me dice que esto es un símbolo, uno piensa: “Bueno, es que sois los mismos”. Solo defienden una parte y eso es clientelismo.

A parte de Can Vies, ¿qué otros intereses vecinales defienden desde su asociación?
AM: Por ejemplo, hace muchos años que estamos pendientes de la remodelación de la plaza de Sants pero está sine die. El proyecto definitivo todavía no ha llegado ni sabemos cuándo se va a plantear.

¿Temen que el turismo y la gentrificación afecte a esta zona de Barcelona como pasa en otros barrios?
AM: Lógicamente esto se está extendiendo y no se va a parar. Barcelona, respecto al turismo, se está muriendo de éxito. El problema que hay son tremendos. Yo espero que esto pare en algún momento porque no es una ciudad grande. Piensa que tenemos 98 km cuadrados y, por ejemplo, Madrid tienen 266 km cuadrados. Llegará un momento en el que esto se desborde en muchos sitios.

Por último, ¿cuál es el futuro de esta asociación?
AM: Está claro que el mundo se mueve por dos cosas: las injusticias y las desigualdades. 
JM: Detrás tenemos una cierta juventud que cuando les llamamos vienen y nos apoyan en todo, planificamos juntos. Sabemos que podemos contar con ellos pero tienen su trabajo, sus hijos, poco tiempo. Los que estamos jubilados sí podemos hacerlo y nos movemos a otros niveles. Pero cuando los llamamos, ellos vienen. 

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